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Una pregunta

“...se cierra al diálogo con el exterior; en una muestra a la vez de miedo y arrogancia...” H.Y.

Desde hace unos días me viene preocupando que se habla en ciertas páginas de la prensa sobre lo que sucede en nuestra ciudad. Con diferentes registros muy diversos escritores tratan en sus artículos sobre personajes y personas, sobre lugares y eventos, sin embargo, creo no haber encontrado en ninguno de ellos una mirada que no sea amable, y me incomoda cierto aire de irrealidad (pretendida o no), pero ello no se debe sólo a lo que leo, sino a lo que vi; me explico: era una tarde casi noche cuando caminaba por cierto espacio al que han dado en llamar zona peatonal de una calle céntrica, precisamente a espaldas de la biblioteca Octavio Paz en el centro de Guadalajara, y de repente me sentí como un fotógrafo de guerra ante una imagen, supe que tenía la responsabilidad de reproducirla de algún modo: era un hombre ovillado en el quicio de una puerta antigua, se encontraba envuelto en sucios trapos que mal lo cubrían del frío, el cabello revuelto, de más está decir que no era posible definir el tono de su piel, pues mostraba un aspecto cenizo más allá de toda suciedad, no pude precisar a donde miraban sus ojos, sólo advertí que una línea de líquido se dibujaba desde debajo de su cuerpo hasta mitad de la calle por la que transitaban tantos ciudadanos como yo, de entre los cuales pocos nos atrevíamos a mirarlo, pues en medio de la indiferencia social que caracteriza a muchos miembros de la sociedad que todos formamos, era quizá sólo esto lo que podíamos darle, ¿la mirada de un ser humano nos devuelve a la condición de ser humano? No lo sé, como tampoco entiendo porque nadie ha registrado en las páginas de los diarios cuál pudiera ser la manera de dar algo más que una mirada a personas que como este hombre, también habitan nuestras ciudades y para los cuales tal vez la palabra solidaridad, su significado, sólo sea un mal chiste.

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