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Una historia que espera ser descrita
Difícilmente puede separarse el interés de una cultura por la Ciencia sin revelar con ello muchos de sus temores, intereses y esperanzas
Ciencia
“Tenemos a Gabriel Castaño, Carlos F. Landeros, que era su sobrino, José María Arreola Mendoza –aquí está su biblioteca en ciencias sociales-, Mariano Bárzena, Manuel García de Quevedo, si nos ponemos a enumerar, hay una cantidad inmensa. Muchos de esos personajes han sido relativamente ventilados por la crónica de Guadalajara y de Jalisco a lo largo de los siglos, pero otros han quedado como que enterrados, no sabemos mucho de ellos. Y sin embargo, nos hemos acercado a documentos que nos refieren la gran riqueza científica y tecnológica que tenemos”.
Lo dice el doctor Federico De la Torre, prominente historiador de la ciencia en Occidente.
Difícilmente puede separarse el interés de una cultura por la Ciencia sin revelar con ello muchos de sus temores, intereses y esperanzas. Consideremos la momifacción en el antiguo Egipto. Su fin era la preservación del cuerpo a su paso al más allá, pero su resultado práctico fue el estudio de muchos compuestos químicos. Se dice que la palabra química procede del bocablo “jem” o “khem”, que era la forma en la cual los antiguos egipcios se referían a su propio país. Especialmente interesante es el desenlace surgido de quemar estiércol de camello en los templos de Ammón como sustituto a otros combustibles extremadamente escasos en las cercanías del oasis de Siwa. Las cenizas quedando de remanente, contenían cristales salinos blancos. Los romanos la llamaron sal amoniaca o sal de Ammón. Es de estos cristales que puede obtenerse el gas de amoniaco.
“¿Quiénes fueron los inventores?” se pregunta De la Torre en el caso de nuestra región. “¿Cómo se dio la evolución tecnológica del Tequila, o de los ingenios azucareros, quiénes trajeron la tecnología, cómo la incorporaron cuando fueron inventos propiamente de la gente local? ¿Qué herramientas de tipo técnico, científico, se requirieron para las mejoras tecnológicas que posteriormente hicieron evolucionar a la industria tequilera, por ejemplo? Esos datos, esos detalles, normalmente no se llegan a expresar en las obras que hacemos nosotros pero no nos llegamos a meter en quiénes fueron los verdaderos forjadores de esta cuestión”.
Precisamente por este tipo de inquietudes es que los investigadores han organizado el II Encuentro de la Historia de la Ciencia y la Tecnología del Occidente Mexicano, que tuvo lugar el pasado 10, 11 y 12 de septiembre en las instalaciones del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y el Departamento de Ciencias Sociales y Jurídicas del Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara. El doctor De la Torre fue uno de sus organizadores, a través del Departamento de Historia del CUCSH.
“Estamos trabajando hace años, un pequeño grupo, en tratar de impulsar los estudios históricos de la ciencia y de la tecnología”, refiere el doctor De la Torre, quien cuando menos desde 1995 ha venido organizado una miríada de eventos: “pequeños seminarios”, como él los llama, hasta talleres. “A partir de ese antecedente se organizó aquí el primer encuentro de Historia de la Ciencia y la Tecnología en el Occidente mexicano, que se efectuó en mayo del 2006”. Ahora como entonces, la idea es reunir a cuantas personas sea posible convocar, trabajando en el Occidente mexicano sobre la historia de temas científicos, técnicos y tecnológicos “y que de repente no sabemos nada de ellos”.
El sondeo resulta mucho más vasto de lo que pudiera parecer en un principio. Es bien sabido cómo lo que hoy llamamos Jalisco no siempre estuvo delimitado tal y como lo conocemos en nuestros días, sino todo lo contario: ha abarcado una variada combinación de localidades, y en determinando momento ¡su regencia llegó hasta San Francisco en California! Es precisamente esta extensión espacial, temporal y temática la que fue inscrita en el Encuentro en el momento de repasar la historia técnica de la región, una extensión incluyendo la botánica, la medicina, la industrialización, la tecnología, etcétera.
Pero subsiste, también, algo más allá de lo meramente académico. Se trata de una importante tarea formativa:
“Aparte de desarrollar la investigación que hacemos, la idea es ir formando nuevos cuadros, nuevos alumnos que se interesen e involucren en la historia de la ciencia y la tecnología” explica, “que sigue siendo un campo virgen, casi inexplorado”.
Más allá de seminarios y talleres
“¿Qué otros proyectos se podrían también llevar a cabo?”, se pregunta el doctor colocando su mente en el gran número de inmuebles abandonados con su valor histórico particular. “Proyectos de tipo museográfico, el rescate de vestigios (pienso particularmente en los vestigios de la prepa de Jalisco que hay por ahí; instrumentos científicos sobre todo del lado de la física que tienen que ver con el antiguo Liceo de varones, etcétera, y no se si también tenga que ver con la antigua escuela de ingenieros de Jalisco y demás). Bueno, pues habría que montar una cultura museográfica en ese sentido. Llevar a la comunidad y al niño hacerlo partícipe de ese pasado que finalmente está forjando nuestra tradición. Habría que pensar en un museo de historia industrial”.
Perspectiva a través de la historia
El afamado historiador de la ciencia Benjamín Farrington sugiere que la tradición de la ciencia en la antigua Grecia fue causada por la cultura esclavista relacionando las labores prácticas con capas sociales vistas como inferiores. Cuánto tenemos que aprender de nuestras filias y fobias a través de los empeños científicos y tecnológicos que como tapatíos decidimos o no alentar. Esta es una de las grandes enseñanzas de la historia de la ciencia.
por: josé langarica
“Tenemos a Gabriel Castaño, Carlos F. Landeros, que era su sobrino, José María Arreola Mendoza –aquí está su biblioteca en ciencias sociales-, Mariano Bárzena, Manuel García de Quevedo, si nos ponemos a enumerar, hay una cantidad inmensa. Muchos de esos personajes han sido relativamente ventilados por la crónica de Guadalajara y de Jalisco a lo largo de los siglos, pero otros han quedado como que enterrados, no sabemos mucho de ellos. Y sin embargo, nos hemos acercado a documentos que nos refieren la gran riqueza científica y tecnológica que tenemos”.
Lo dice el doctor Federico De la Torre, prominente historiador de la ciencia en Occidente.
Difícilmente puede separarse el interés de una cultura por la Ciencia sin revelar con ello muchos de sus temores, intereses y esperanzas. Consideremos la momifacción en el antiguo Egipto. Su fin era la preservación del cuerpo a su paso al más allá, pero su resultado práctico fue el estudio de muchos compuestos químicos. Se dice que la palabra química procede del bocablo “jem” o “khem”, que era la forma en la cual los antiguos egipcios se referían a su propio país. Especialmente interesante es el desenlace surgido de quemar estiércol de camello en los templos de Ammón como sustituto a otros combustibles extremadamente escasos en las cercanías del oasis de Siwa. Las cenizas quedando de remanente, contenían cristales salinos blancos. Los romanos la llamaron sal amoniaca o sal de Ammón. Es de estos cristales que puede obtenerse el gas de amoniaco.
“¿Quiénes fueron los inventores?” se pregunta De la Torre en el caso de nuestra región. “¿Cómo se dio la evolución tecnológica del Tequila, o de los ingenios azucareros, quiénes trajeron la tecnología, cómo la incorporaron cuando fueron inventos propiamente de la gente local? ¿Qué herramientas de tipo técnico, científico, se requirieron para las mejoras tecnológicas que posteriormente hicieron evolucionar a la industria tequilera, por ejemplo? Esos datos, esos detalles, normalmente no se llegan a expresar en las obras que hacemos nosotros pero no nos llegamos a meter en quiénes fueron los verdaderos forjadores de esta cuestión”.
Precisamente por este tipo de inquietudes es que los investigadores han organizado el II Encuentro de la Historia de la Ciencia y la Tecnología del Occidente Mexicano, que tuvo lugar el pasado 10, 11 y 12 de septiembre en las instalaciones del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y el Departamento de Ciencias Sociales y Jurídicas del Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara. El doctor De la Torre fue uno de sus organizadores, a través del Departamento de Historia del CUCSH.
“Estamos trabajando hace años, un pequeño grupo, en tratar de impulsar los estudios históricos de la ciencia y de la tecnología”, refiere el doctor De la Torre, quien cuando menos desde 1995 ha venido organizado una miríada de eventos: “pequeños seminarios”, como él los llama, hasta talleres. “A partir de ese antecedente se organizó aquí el primer encuentro de Historia de la Ciencia y la Tecnología en el Occidente mexicano, que se efectuó en mayo del 2006”. Ahora como entonces, la idea es reunir a cuantas personas sea posible convocar, trabajando en el Occidente mexicano sobre la historia de temas científicos, técnicos y tecnológicos “y que de repente no sabemos nada de ellos”.
El sondeo resulta mucho más vasto de lo que pudiera parecer en un principio. Es bien sabido cómo lo que hoy llamamos Jalisco no siempre estuvo delimitado tal y como lo conocemos en nuestros días, sino todo lo contario: ha abarcado una variada combinación de localidades, y en determinando momento ¡su regencia llegó hasta San Francisco en California! Es precisamente esta extensión espacial, temporal y temática la que fue inscrita en el Encuentro en el momento de repasar la historia técnica de la región, una extensión incluyendo la botánica, la medicina, la industrialización, la tecnología, etcétera.
Pero subsiste, también, algo más allá de lo meramente académico. Se trata de una importante tarea formativa:
“Aparte de desarrollar la investigación que hacemos, la idea es ir formando nuevos cuadros, nuevos alumnos que se interesen e involucren en la historia de la ciencia y la tecnología” explica, “que sigue siendo un campo virgen, casi inexplorado”.
Más allá de seminarios y talleres
“¿Qué otros proyectos se podrían también llevar a cabo?”, se pregunta el doctor colocando su mente en el gran número de inmuebles abandonados con su valor histórico particular. “Proyectos de tipo museográfico, el rescate de vestigios (pienso particularmente en los vestigios de la prepa de Jalisco que hay por ahí; instrumentos científicos sobre todo del lado de la física que tienen que ver con el antiguo Liceo de varones, etcétera, y no se si también tenga que ver con la antigua escuela de ingenieros de Jalisco y demás). Bueno, pues habría que montar una cultura museográfica en ese sentido. Llevar a la comunidad y al niño hacerlo partícipe de ese pasado que finalmente está forjando nuestra tradición. Habría que pensar en un museo de historia industrial”.
Perspectiva a través de la historia
El afamado historiador de la ciencia Benjamín Farrington sugiere que la tradición de la ciencia en la antigua Grecia fue causada por la cultura esclavista relacionando las labores prácticas con capas sociales vistas como inferiores. Cuánto tenemos que aprender de nuestras filias y fobias a través de los empeños científicos y tecnológicos que como tapatíos decidimos o no alentar. Esta es una de las grandes enseñanzas de la historia de la ciencia.
por: josé langarica