Suplementos
Una historia de ideas que nacen, crecen y mueren
Con la suma de talento internacional de distintas disciplinas, avanza el proyecto escénico “No se culpe a nadie”
GUADALAJARA, JALISCO (13/MAR/2016).- Iniciar es complicado. Las ideas van y vienen. Para lograr un buen comienzo se necesita arriesgar, decidir, reflexionar, proponer y seleccionar, por mencionar solo algunos elementos a los que un literato, diseñador, compositor, coreógrafo o director, se enfrenta cada vez que tiene frente a él una hoja en blanco.
Se trata de reinventar y crear algo sobresaliente, hasta que la idea es trabajada, desarrollada, imitada y desechada. Ante ello la única respuesta que se puede dar es: empezar de nuevo.
Bajo este hilo conductor nace la puesta en escena “No se culpe a nadie”, que tendrá como base la ópera, parte que correrá por cuenta de los compositores Ricardo Zohn y Carlos Sánchez —acompañados por su orquesta “Eastman Broad Band”—; además de la iniciativa de Antonio Camacho, director de la compañía de títeres “La Coperacha”; el trabajo escénico de “Push Physical Theatre” que dirigen Darren & Heather Stevenson, y las ideas gráficas de Jis. Todo un grupo de talentosos artistas trabajando por un proyecto donde la creatividad y la inspiración surgen como eje rector.
La cita para el estreno del montaje será el 16 de noviembre en la ciudad de Rochester —al noroeste del Estado de Nueva York— en el Kodak Hall at Eastman Theatre, pero “en México también habrá una función”, garantiza Carlos Sánchez, y añade que en estos momentos se están ajustando los últimos detalles con la Universidad de Guadalajara para confirmar alguna fecha disponible en Guadalajara.
El atractivo del proyecto, subraya Antonio Camacho, es que tanto la música, como la coreografía, aspectos gráficos, textos y la producción es inédita, hecha 100% para el montaje de “No se culpe a nadie”, título que está basado en un cuento de Julio Cortázar.
¿Cómo comenzó el proyecto?
Y aunque la propuesta inicial de fusionar música de ópera contemporánea con los títeres de “La Coperacha” se concibió a raíz de una plática entre Carlos y Antonio hace unos ocho años, el compositor mexicano, quien ahora radica en Nueva York, relata que el proyecto apenas se consolidó hace unos meses a través del presupuesto que se obtuvo del Conaculta —ahora Secretaría de Cultura—.
“Posteriormente invitamos a Ricardo y a la compañía Push, con quien Zohn ya había trabajado en una obra llamada ‘Comala’, presentada en el Teatro Degollado”.
Asimismo, comenta que la puesta en escena se ha ido armando —en muchos de los casos— a distancia. “Ricardo y Darren también viven Estados Unidos y ‘La Coperacha’ y Jis están aquí (en Guadalajara), así que ha sido una comunicación virtual por muchos meses”.
Primer día de encuentro
El día de ayer fue especial para la producción de “No se culpe a nadie”, pues fue el primer encuentro, en el que actores, director, compositores y demás equipo técnico se puso en contacto en un mismo lugar: el laboratorio de “La Coperacha”.
Así, Darren —con la mente y el corazón puesto en enseñar y recibir consejos— se dedicó a montar un fragmento de la coreografía. Mientras los actores y titiriteros permanecían atentos a las indicaciones, llevaban a cabo movimientos al ritmo de la música.
“Cualquier artista se enfrenta a una hoja en blanco y a partir de las escenas de la puesta artística se muestra el acto creativo como tal, desde su gestación, desarrollo y a su inevitable muerte, ya que todas las ideas nacen, crecen, y fallecen. Eso precisamente queremos mostrar, la evolución de un proceso creativo”, detalla Carlos.
Igualmente, advierte que el guion fue desarrollado por todo el equipo artístico y que el comienzo de la puesta en escena parte del personaje “Hoja en blanco” y “Las ideas”, mismas que danzarán alrededor del papel, intentando plasmarse en el impreso. “Es un terror, veneración, adoración que tienen las ideas a la hoja en blanco. He ahí el concepto general”.
En función a esta proposición, Darren se encuentra en la creación de varias escenas, divididas en dos actos —que en conjunto sumarán una duración de 90 minutos—, donde también salgan a escena las figuras de “El artista” y “El monstruo”; así como “El niño polilla”, que aparecerá en el escenario cuando se escuche una composición de Ricardo Zohn.
“Se trata de una ópera dentro de la misma ópera. Es un acto en que un infante que metafóricamente representa a las ideas del artista, se verá destruido poco a poco por sus padres; es decir los mismos (individuos) que generan al niño son quienes terminan por destruirlo mediante censura y prejuicios”.
Hasta el momento “No se culpe a nadie” está en una faceta en que aún le falta un 60% para culminar con el proceso creativo de la presentación: “Viene la parte más divertida; sin embargo aún seguimos desarrollando la música y coreografía”, enfatiza Sánchez.
Roles y participaciones
En cuanto a los roles, los compositores revelan que cada uno tendrá una participación propia; es decir, en la primera parte uno y en la segunda el otro, aunque también se prevé que haya algunos puntos de encuentro entre las piezas melódicas.
Antonio Camacho, quien está a la cabeza de la producción, administración y la construcción de los títeres, afirma que “el trabajo de laboratorio será muy al estilo tapatío”; mientras que Darren destaca que el idioma español no era lo suyo, por lo que quizá el mayor límite para llevar a cabo sus habilidades sería la comunicación oral.
“Lo que más me sorprende en este tipo de experiencias es cómo el lenguaje podría ser un gran problemática y resulta que finalmente no lo es. Es curioso entrar al espacio donde voy a trabajar y pensar que no voy a entender nada, pero inmediatamente, cuando comienza el trabajo artístico, el movimiento de repente es entendible”, comenta.
De esa forma, sin considerarse coreógrafo, sino más bien una especie de editor, Darren manifiesta que el proceso coreográfico predomina por la libertad que los bailarines tienen al conectarse con el concepto de la obra escénica.
“Me gusta ver a los artistas improvisar (…) El pavor es empezar de cero y con una hoja en blanco, por ello el proceso coreográfico es en sí la obra de arte, al tratar que las cosas sucedan y ver cuál es ese proceso, más que ver el arte como un resultado”.
Se trata de reinventar y crear algo sobresaliente, hasta que la idea es trabajada, desarrollada, imitada y desechada. Ante ello la única respuesta que se puede dar es: empezar de nuevo.
Bajo este hilo conductor nace la puesta en escena “No se culpe a nadie”, que tendrá como base la ópera, parte que correrá por cuenta de los compositores Ricardo Zohn y Carlos Sánchez —acompañados por su orquesta “Eastman Broad Band”—; además de la iniciativa de Antonio Camacho, director de la compañía de títeres “La Coperacha”; el trabajo escénico de “Push Physical Theatre” que dirigen Darren & Heather Stevenson, y las ideas gráficas de Jis. Todo un grupo de talentosos artistas trabajando por un proyecto donde la creatividad y la inspiración surgen como eje rector.
La cita para el estreno del montaje será el 16 de noviembre en la ciudad de Rochester —al noroeste del Estado de Nueva York— en el Kodak Hall at Eastman Theatre, pero “en México también habrá una función”, garantiza Carlos Sánchez, y añade que en estos momentos se están ajustando los últimos detalles con la Universidad de Guadalajara para confirmar alguna fecha disponible en Guadalajara.
El atractivo del proyecto, subraya Antonio Camacho, es que tanto la música, como la coreografía, aspectos gráficos, textos y la producción es inédita, hecha 100% para el montaje de “No se culpe a nadie”, título que está basado en un cuento de Julio Cortázar.
¿Cómo comenzó el proyecto?
Y aunque la propuesta inicial de fusionar música de ópera contemporánea con los títeres de “La Coperacha” se concibió a raíz de una plática entre Carlos y Antonio hace unos ocho años, el compositor mexicano, quien ahora radica en Nueva York, relata que el proyecto apenas se consolidó hace unos meses a través del presupuesto que se obtuvo del Conaculta —ahora Secretaría de Cultura—.
“Posteriormente invitamos a Ricardo y a la compañía Push, con quien Zohn ya había trabajado en una obra llamada ‘Comala’, presentada en el Teatro Degollado”.
Asimismo, comenta que la puesta en escena se ha ido armando —en muchos de los casos— a distancia. “Ricardo y Darren también viven Estados Unidos y ‘La Coperacha’ y Jis están aquí (en Guadalajara), así que ha sido una comunicación virtual por muchos meses”.
Primer día de encuentro
El día de ayer fue especial para la producción de “No se culpe a nadie”, pues fue el primer encuentro, en el que actores, director, compositores y demás equipo técnico se puso en contacto en un mismo lugar: el laboratorio de “La Coperacha”.
Así, Darren —con la mente y el corazón puesto en enseñar y recibir consejos— se dedicó a montar un fragmento de la coreografía. Mientras los actores y titiriteros permanecían atentos a las indicaciones, llevaban a cabo movimientos al ritmo de la música.
“Cualquier artista se enfrenta a una hoja en blanco y a partir de las escenas de la puesta artística se muestra el acto creativo como tal, desde su gestación, desarrollo y a su inevitable muerte, ya que todas las ideas nacen, crecen, y fallecen. Eso precisamente queremos mostrar, la evolución de un proceso creativo”, detalla Carlos.
Igualmente, advierte que el guion fue desarrollado por todo el equipo artístico y que el comienzo de la puesta en escena parte del personaje “Hoja en blanco” y “Las ideas”, mismas que danzarán alrededor del papel, intentando plasmarse en el impreso. “Es un terror, veneración, adoración que tienen las ideas a la hoja en blanco. He ahí el concepto general”.
En función a esta proposición, Darren se encuentra en la creación de varias escenas, divididas en dos actos —que en conjunto sumarán una duración de 90 minutos—, donde también salgan a escena las figuras de “El artista” y “El monstruo”; así como “El niño polilla”, que aparecerá en el escenario cuando se escuche una composición de Ricardo Zohn.
“Se trata de una ópera dentro de la misma ópera. Es un acto en que un infante que metafóricamente representa a las ideas del artista, se verá destruido poco a poco por sus padres; es decir los mismos (individuos) que generan al niño son quienes terminan por destruirlo mediante censura y prejuicios”.
Hasta el momento “No se culpe a nadie” está en una faceta en que aún le falta un 60% para culminar con el proceso creativo de la presentación: “Viene la parte más divertida; sin embargo aún seguimos desarrollando la música y coreografía”, enfatiza Sánchez.
Roles y participaciones
En cuanto a los roles, los compositores revelan que cada uno tendrá una participación propia; es decir, en la primera parte uno y en la segunda el otro, aunque también se prevé que haya algunos puntos de encuentro entre las piezas melódicas.
Antonio Camacho, quien está a la cabeza de la producción, administración y la construcción de los títeres, afirma que “el trabajo de laboratorio será muy al estilo tapatío”; mientras que Darren destaca que el idioma español no era lo suyo, por lo que quizá el mayor límite para llevar a cabo sus habilidades sería la comunicación oral.
“Lo que más me sorprende en este tipo de experiencias es cómo el lenguaje podría ser un gran problemática y resulta que finalmente no lo es. Es curioso entrar al espacio donde voy a trabajar y pensar que no voy a entender nada, pero inmediatamente, cuando comienza el trabajo artístico, el movimiento de repente es entendible”, comenta.
De esa forma, sin considerarse coreógrafo, sino más bien una especie de editor, Darren manifiesta que el proceso coreográfico predomina por la libertad que los bailarines tienen al conectarse con el concepto de la obra escénica.
“Me gusta ver a los artistas improvisar (…) El pavor es empezar de cero y con una hoja en blanco, por ello el proceso coreográfico es en sí la obra de arte, al tratar que las cosas sucedan y ver cuál es ese proceso, más que ver el arte como un resultado”.