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“Una de tapatíos”

''Si un árbol cae en medio del bosque, y no hay nadie cerca, ¿Hace ruido?'' George Berkeley

Vi mi espacio brillante
Por Edú (Eduardo Martínez)


GUADALAJARA, JALISCO (19/JUN/2010).- Siempre me ha gustado venir a ver lo que pinta mi amigo don Miguel Ángel Gutiérrez, dejarlo proseguir y revisar su colección de óleos que están sentados en la sala, huéspedes tan cómodos como distinguidos; pasear por el balcón panorámico de su casa del barrio viejo de San Andrés; y después girar mi vista como buscando la fachada del Centro Escolar Lázaro Cárdenas, para poder apreciar en todo su peso específico las siete notas que prodiga el campanario del antiguo templo de este pueblo cuetero, nuestro pueblo de indios, nuestra Perla del Oriente de la ciudad que le pertenece a la gente del Poniente.

Esta noche ya, para mi gusto, podría ser la ocasión protagónica de todos nosotros los lejanos pretendientes de la novia Guadalajara; pero me voy a quedar con las ganas de que los demás se enteren. Los de allá, los otros tapatíos... y por mis cálculos se han de advertir sólo cuando yo lo decida.

En la plaza, el kiosco y las demás texturas tienden a azularse; pero las luminarias de los establecimientos y los puestos pierden importancia porque tienen una novedad para envidiar; y lo sé porque además no soy el único que advierte la incandescencia fálica que brota de una empuñadura de hierro que no sugirió George Lucas; y que no verán los ojos nublados este don Mariano Escobedo de metal, ya que no alcanzaría a comprender qué es lo que pasa, ni aun volviendo su espalda petrificada hacia el centro de este gran espacio sobrevolado de luciérnagas brillantes de LED's, que son como los ojos del espectro radioeléctrico más rasante que tenemos.
Porque al intentar explicar el motivo de este homenaje tan prosódico, descarto hallarme con un minúsculo destello de interés; despierto hacia el caudillo y su fulgurante diestra poderosa; ni en la lengua que hablan los pulgares de estas decenas de metrofloggers sentados en las escaleras del kiosco que corona al ágora que el célebre militar comparte con la figura del apóstol y su cruz a cuestas.

Los chicos están ahí, codificando, enviando, recibiendo y decodificando una inmensidad de paquetes de información, que son fugaces atletas que se estafetan megabytes enteros de chismes, historias y hasta noticias que no juegan al agenda setting, pero anuncian otras aristas del presente. Un par de ellos hablan sin hablar con la suela derecha manchando la mitad del pedestal del héroe mexicano, inclinando sus cabezas 270° con la atención rumbo al display, y sin saber de reverencias a nada ni a nadie.

No hay un flash, un registro digital ni análogo, y no habrá tampoco grafías ni reflexiones en la edición del 11 de septiembre de La Mundial; y los párvulos y escolares dejarán pasar los días hasta el miércoles, cuando alguno de sus mayores quiera hacerles el señalamiento de apreciación a lo que sucede con esa espada...ante un marco pletórico de personas gritando lo tradicional.
Cinco chicos casi egresados del bachillerato tecnológico en sistemas computacionales del Conalep, serán ranqueados con excelencia. Esto tampoco lo saben la mayoría de los presentes o de los ajenos.

Bajo el cemento fresco, tres arterias metálicas reforzadas al resguardo de una instalación ejemplar, y discretísima, reforzaban el secreto de la empuñadura rota y vergonzosa de la estatua del general Mariano Escobedo. Desde 1981 el oprobio está allí en su brazo derecho, ostentando un poder de hierro invisible, una espada de aire, de sol y de lluvia. Como si fuera el nuevo traje del rey.

Una queja silenciosa una petición de piedra, cantera y metal que ha sido siempre ignorada.
Don Jesús el albañil, tenía sin embargo, un par de historias más para esconder bajo el asfalto de la calle San Andrés en su cruce con Chamizal.

Y sabía sin decirlo, de cómo no fueron unos “mocosos vagos”, sino un par de viejos borrachos, los que dejaron en vergüenza el coraje de Escobedo a principios de esa década de los ochentas. Y no dudaba en asegurar, que en un cuarto de cualquier casa de un vecindario contiguo, se hallaba el artefacto punzocortante, traicionando la empuñadura que lo reclamaba en silencio durante décadas enteras.

Que su empuñadura blanca sustituta era una mentira grosera, y que su nueva forma y posición pudieron haberla convertido en una mercancía ordinariamente manipulada por la ignorancia de los tianguistas de ocasión del Baratillo.

Y que enmudecería incluso más ahora, cuando sin poder expresar realmente qué sucedería con ese nicho con biombo de cristal y reja metalizada; y con esas terminales de cables que le fueron solicitados para emerger justo al borde superior del pedestal; este viejo mil usos pudiera saber que estaba convirtiendo el vacío del descuido y la irreverencia de un pueblo en una luz que será homenaje y será más valiosa y más útil incluso, que hasta las luminarias monumentales que lloran la muerte de las torres gemelas de Nueva York.

Exagero e insito -¡El barroquismo debería ser un delito!, son unos mocosos profanando la figura de un personaje histórico al que ni siquiera conocen, y puede ser un evento interesante para un sector de nuestra ciudad...para mí es una nota, es más nota que ponerle un brassiere a la Minerva, o hacer crónicas de la ruta 380 ¿Y me estás diciendo que no es nota porque no es un monumento de la Calzada para allá?

-Es que no es relevante, ¿Cuántos muertos hay?, ¿Dónde está pasando?, es más ¿Es jalisciense Mariano Escobedo? acuérdate que no porque cierta cosa te interese a ti ya va a resultar importante para todos los demás...yo lo que veo es que es un evento muy lejano y que no es nota; pero si quieres mándamela y la subimos al portal de Internet.
-¡Hum...!, no, pos entonces no estén pidiendo la participación de los lectores si no la van a respetar
-No es eso, entiéndeme por favor, es que no podemos arriesgarnos a escribir algo que no es nota, yo también tengo qué rendir cuentas de lo que autorizo a publicarse, y no puedo prometerte algo que no estoy convencida de que vaya a entrar; no vamos a quitar un evento de gobierno o un accidente por una nota de color; en serio, te agradezco tu trabajo y te reitero nuestra disposición para incluir tu nota en nuestra edición digital.

Los nobles organizadores no sabían que el Oriente no tiene chicle para la noticia; tampoco sabían que la tinta y el papel se secan entre estas calles ignotas y poco transitadas de la zona Tetlán.
En un destello que es descuido, el demeritado Oriente de la ciudad se colaba por el gigantescamente absurdo portal del rotativo La Mundial; y desde la primera semana del septiembre bicententario, una comunicación oficial del Ayuntamiento de Guadalajara y el Conalep de Tlaquepaque guerreaba entre la pizarra de la bandeja de entrada de todos los Outlooks de la redacción.

Su boletín de prensa se manchaba con el grasiento humor del spam cotidiano, y en un haz era derrocado por cualquier chuza de 10 correos nuevos sin leer, sentenciados por nuevas descargas de información irregistrablemente voluminosas.

El boletín invitaba formalmente a la develación al público del proyecto “IPLASA-200”; una obra gestada por la unidad administrativa de “Villa Mariano Escobedo”, el H. Ayuntamiento de Guadalajara y el Conalep de Tlaquepaque: “El primer servicio gratuito de Internet en una plaza pública de la ciudad de Guadalajara”.

El lanzamiento oficial del Internet Provider Lasser Sword Antenna, pactado para el día 10 de septiembre en punto de las 20:00 horas, se presumía como parte de los festejos por el Bicentenario y Centenario de las luchas revolucionarias más importantes de México. Bandas de rock y la proyección de varios cortometrajes y animaciones estaban previstas también para esa fecha.

La poca y nula campaña publicitaria del evento, se limitó a un centenar de afiches, apostados en distintas zonas de la plaza, y en algunos centros escolares del vecindario. Además de la promoción que pudieran hacer los chicos del “Cona”, presintiendo quizás que una golondrina no hace verano.

El editor de Comunidad se quedó casi a tres correos de apreciar el contenido de ese humilde boletín que lo conminaba a cubrir una nota “hasta allá...”, mientras iniciaba su jornada de trabajo revisando la correspondencia del día anterior; pero antes se llegó la hora de su reunión de las 10:30 con los dirigentes de una supuesta asociación civil que gozaba del espaldarazo de los regidores de la bancada mayoritaria del congreso jalisciense, quienes bogaban en contra de los últimos cambios en el gabinete del ejecutivo estatal.

Una petición y un convite de texto, imagen y enlaces a un sitio simplemente ignorados.
Vuelca troca grava sobre turibus
El título de la “nota de ocho” de Comunidad de La Mundial, del 11 de septiembre, se parecía más a un listado de respuestas de un crucigrama, que a un hecho reseñable; y después de haber leído varios centímetros cuadrados de publicidades, accidentes, notas rojas y un robusto publirreportaje; ya ni siquiera quise ahondar en la escala microgeográfica.

Esa tarde había intentado ponerme de acuerdo con mi amigo el pintor de arte para ver lo sucedido; pero lo que mi directorio telefónico no pudo atinar, el facebook  me lo ofreció en un instante; y curiosamente a los pies de la estatua de Mariano Escobedo y su espada láser.
A mi alrededor, se destacaban un trío de estudiantes que compartían la vista ante una notebook, la patrulla daba sus vueltas de cuando en vez, echándole un ojo al módem empotrado en su nicho; y en ese momento decreté que de haber sido uno de los tres chiquillos, en ese preciso instante hubiera preferido hacer mi noticia en mi blog, incluso en vez de subir al balcón de Félix Bernardelli y San Andrés para pensar qué será esto que le pasa a mi barrio.

Eduardo Martínez, el autor

Algunas personas creen que las grandes ideas dan vueltas y vueltas en la cabeza del ser humano hasta que pueden abrirse camino para darse a conocer. Este es el caso de Eduardo quien asegura que “Vi mi espacio brillante” surgió de la combinación de estas ideas.
“Desde chiquito me inculcaron mucho el tema de esa frase que dice que la ciudad se divide en ‘antes y después de la calzada’, y creo que es algo que perdura hasta la fecha en muchos tapatíos”.

Un personaje de plaza al que le roban su espada, el criterio de lo que es noticia y lo que no y “la falta de cariño de los tapatíos por su tierra, su cuadra o su barrio, que muchas veces se refleja en el descuido”, fueron los motivos que inspiraron a Eduardo en su trabajo literario.

“Tampoco quise dejar pasar la festividad del bicentenario, ni la visión de los medios de comunicación y su forma de trabajar, abordar esos temas era de relevancia para mí, así como qué pasaría si un programa de gobierno le brinda internet gratuito, en lugares públicos, a los ciudadanos y cómo reaccionarían ellos”.

Su punto de vista y su crítica en el cuento, reflejaron la necesidad de compartir creativamente sus vivencias y hasta aventuras, todo de un modo “aterrizado y realista”, como él lo describe.
Su objetivo final fue retratar un carácter de historia, valores y patrimonio de los tapatíos, muchos que con el tiempo se han ido olvidando, otros que todavía pueden rescatarse y algunos que se viven con los días.

Satisfecho con el resultado, Eduardo encuentra en las letras y las ideas una pasión y consciente de que participaba con un buen trabajo, esperaba obtener el reconocimiento, aunque asegura, su principal satisfacción es ir creando su propio acervo literario.

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