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Un refugio bajo la piedra

El Centro Cultural El Refugio guarda muchas más historias de las que se perciben a simple vista

GUADALAJARA, JALISCO (01/JUN/2014).- Planteada inicialmente como un hallazgo arqueológico, la excavación que actualmente se lleva a cabo en uno de los patios del Centro Cultural El Refugio, en Tlaquepaque, es el resultado de un proceso que ha desembocado en la recuperación de un espacio subterráneo que, se presume, fue utilizado como contenedor para captar agua pluvial y corresponde al periodo inicial de construcción de la finca —esto es, de 1850 a 1885— que, como se sabe, por mucho tiempo fue un hospital. La importancia de este descubrimiento radica en sus características constructivas y los datos que puede ofrecer para posteriores investigaciones, dado el excelente estado de conservación de las bóvedas, rasgo que las hace únicas en el país.

Mariana Toledo, arqueóloga titular en la excavación, explica que en 2010 el ahora centro cultural solicitó permiso —ante la Delegación Jalisco del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)— para “reparar las afectaciones y desniveles que presentaba uno de los patios de la finca”; así, se contrató “a una empresa especialista en restauración patrimonial para que se cambiaran los mosaicos del piso, al hacerlo, encontraron un hundimiento que se estaba colapsando; a la hora de limpiar, bajo el relleno se encontró un sistema constructivo subterráneo y se dio parte a la oficina de monumentos históricos del INAH”.

Eso correspondió a la “primera etapa” del descubrimiento; para la segunda, se previó continuar con los trabajos pues la petición debió pasar “a la sección de arqueología de la dependencia, porque se encontró en el subsuelo”, detalla la arqueóloga, “y se trata de la excavación e interpretación o reinterpretación de espacios que alguna vez cayeron en desuso y pueden estar afectados por derrumbes, por ello ahora el INAH colabora con la empresa constructora y la Secretaría de Cultura de Jalisco (SC) en esta labor”.

De acuerdo con la normatividad, una vez concluida la excavación se emitirá un dictamen por parte de la sección de arqueología del INAH, comenta Toledo, “aunque la SC tiene contratada a la empresa especialista —de carácter privado, así se trabaja en el área de monumentos históricos, donde la autoridad encargada de la obra solicita la licencia y presenta un proyecto cuya viabilidad debe aprobarse antes de actuar— en restauración patrimonial para que, en un futuro, se pueda que estos espacios se integren al recorrido turístico de las instalaciones para que la gente pueda bajar y conocer el espacio”.

Lo fortuito fue “descubrir” el espacio subterráneo bajo el piso pero, con posterioridad, se planteó el proyecto subsecuente de excavación; ahora, el proceso se encuentra en una “tercera etapa” que, de acuerdo con los trámites ante el consejo de arqueología del INAH, inició en noviembre de 2013 y la excavación en forma comenzó en enero de este año, cuando el banderazo para las obras lo autorizó la SC.

Especulación y evidencia

Relata Mariana Toledo que, previamente se sostuvieron reuniones entre las autoridades —SC, INAH y Cultura de Tlaquepaque— con cronistas e historiadores del lugar para revisar las hipótesis sobre el uso que pudo tener el sitio sacado a la luz (especulaciones que iban desde celdas de castigo hasta espacio de bodega o cocina); la cuestión fue, entonces, hacer un análisis que partiera de los restos y la arquitectura, sus etapas constructivas y materiales, con lo que se buscó esclarecer su función.

De este modo, lo que se determinó es que corresponde a un espacio de seis por ocho metros, creado así desde el inicio, y son tres bóvedas de cañón corrido que se dividen por dos secciones de tres arcos de ladrillo; “una obra intencional y muy bien hecha y elaborada”, refiere la arqueóloga, “que se halla en excelente estado de conservación, a pesar de la parcial destrucción que sufrió durante las obras de remodelación que se hicieron en este espacio durante los años ochenta” (estos trabajos estuvieron entonces a cargo del arquitecto Alejandro Zohn, quien “reutilizó” una de las tres bóvedas —bajo un espacio que se utiliza para oficinas— y clausuró las dos restantes).

En esas obras se clausuró parte de una bóveda, y (otras) dos al quedar en desuso para convertir estas instalaciones en centro cultural; con todo, aclara Toledo, “no hay afectaciones serias porque los cimientos, los arcos y arranques de las bóvedas están en un estado de conservación excelente”.

Estructura avanzada


De este modo, las excavaciones se prolongarán por espacio de un mes y medio más, a lo que seguirán los trabajos de restauración, por ello —dice la arqueóloga— “en este momento puede ser aventurado señalar conclusiones de cualquier tipo, pero lo cierto, lo que indica la evidencia, es que se trata de un sistema hidráulico de captación de agua, que para la época resulta muy avanzado, pues implicaba recuperación, almacenamiento y uso en labores sanitarias”.

Sin embargo, las diversas etapas constructivas que presenta la obra permiten especular que pudo tener más usos y “también se han hallado materiales históricos que van desde 1885 hasta muy modernos (de los cuarenta), que hablan de la vida cotidiana del hospital”.

Lo anterior, es evidencia que —lo que sea que arroje la investigación cuando concluya— a este espacio se le dio uso por espacio de casi 100 años, desde la construcción inicial del edificio hasta que dejó de ser un hospital psiquiátrico. “Como fuera, es claro que hubo obras de intervención durante todo ese tiempo, pero se utilizó con diferentes propósitos”, comenta Toledo.

Única en Jalisco

En palabras de la arqueóloga —especializada en construcciones históricas—, esta obra corresponde a los inicios de la construcción de la finca y, además, “en cuanto a estructuras hidráulicas de la época, me atrevo a decir que son muy pocas las que se han hallado en México, y ésta sería la única excavada en Jalisco. Lo que sorprende es su estado de conservación; puedo aventurarme y decir que es un sistema muy avanzado y que fue pensado para un sitio donde se esperaba albergar a un gran número de personas. Es un espacio muy grande, y eso indica que se pensó a futuro al construirla (los materiales son, además, muy buenos y su realización exhibe cuidado)”.

Parte de lo que contribuyó a la buena conservación del espacio, asegura Toledo, fue que se clausuró y selló, “y para su relleno se utilizaron limos y arcillas, esto es, materiales no contaminantes ni dañinos; asimismo, al remover estos elementos, la estructura probó ser muy fuerte y mantenerse sólidamente en pie”.

Explorar lo cotidiano

A nivel arqueológico, agrega la encargada de la excavación, “es importante tener el registro de estos sistemas hidráulicos del siglo XIX, porque no existen; por otra parte, es esencial para la comunidad tener bajo cuidado un espacio como éste, uno de los que tienen mejor estado de conservación, entre aquellos del contexto histórico, en toda la república porque no se había descubierto uno así; asimismo, debe integrarse al recorrido del edificio porque forma parte de lo que fue la vida cotidiana del lugar, a veces se suele admirar un vestigio arqueológico como una pirámide o un templo y se piensa en cosas grandiosas, pero también es importante el contexto de la vida diaria, creo que el verdadero tesoro de la historia está en la cotidianidad, por eso es importante que la gente vea estos aljibes y valore cómo se conseguía y conservaba el agua en tiempos pasados”.

Toledo destaca que no debe olvidarse que este edificio “fue un hospital de asistencia pública” y en él, por un tiempo, se atendió a quienes tenían padecimientos psiquiátricos y, acostumbrados a “resaltar” descubrimientos relacionados con otro tipo de construcciones (como iglesias, casa habitación o recintos políticos), “esto forma parte, también, de esos espacios que han sido un poco relegados en la historia, porque implican explorar temas que a la sociedad no le gustan mucho; es otra razón por la que creo que esto es importante”.

FRASE

"Es esencial para la comunidad tener bajo cuidado un espacio como éste, uno de los que tienen mejor estado de conservación".

Mariana Toledo, arqueóloga.

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