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Un pastel en zona de guerra

''Señor gerente, llegó una mujer. Señor, la mujer muestra las fotos que aparecen hoy en la prensa''

GUADALAJARA, JALISCO (24/JUN/2012).- La orden “¡Desmonten la cafetería!” sólo es posible en tiempos de guerra. El viernes, a la una-cuarenta-y-cuatro de la tarde, alguien dio la orden, y seis meseros de “la principal cadena mexicana de restaurantes con bar, pastelería y tienda” de México siguieron el mandato. Un inconveniente, mi general: el pastel falso que adorna la cafetería tiene cuatro pisos y es de buena suerte.

El toque de zafarrancho fue tardío. El ejército de reporteros había llegado hacía tres horas. Y cómo no; la invitación a la conferencia de prensa, justo en esa cafetería, salió del correo electrónico de Jesús Alfredo Guzmán, el mismo nombre con el que bautizaron al hijo de “El Chapo” Guzmán, al que la SIEDO aseguraba haber aprehendido el jueves. ¿Los presos tienen internet? “Señores comunicadores (…) a las once de la mañana esperamos contar con su presencia (…). Atentamente, abogados y miembros de la familia Guzmán Salazar”: se lee en la convocatoria.

Coincidencias de la vida, la familia del mexicano que es uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes, invitaba el café en el restaurante del más rico del planeta según la misma revista. Un detalle: éste último no estaba enterado. Sus empleados, menos.

Así, durante tres horas, entre las diez y media y la una y media, los empleados atendieron gustosos café, jugos, chilaquiles, huevos y enchiladas para varios reporteros, que nunca aparecerán en Forbes y por eso aprovecharon el amable anuncio de que la cuenta estaba abierta. Pidan lo que quieran. No se manden con el pastel. Es de mentiras.

Señor gerente. ¿Puedo quitar un mantel para evitar la contraluz en mi cámara? Y unos segundos después un mantel salmón servía de mampara para las 17 cámaras de televisión y 25 de fotografía.  

Acá los manteles son salmón. El forro de las sillas, de un textil salmón con tejidos ocre. El linóleo de las mesas, salmón. Los pisos de cerámica, salmón ahumado y fresco. El plástico de los sillones booth es salmón claro. Los manteles, servilletas y algunas molduras también son color salmón. El único objeto que se impone sobre la decoración y escapa de la pesadilla es el pastel del cuatro pisos, que es de un albeo excepcional. Como ocurre con los objetos de buena suerte, el pastel es falso y lo único sospechoso es que tiene rosas salmón y, en la segunda planta, aloja una muñeca Barbie vestida con un pomposo capullo salmón de tono subido.

13:00 horas. Señor gerente: tráigame un salmón, porque hoy no pago yo. 13:30. Señor gerente, es su día de suerte. Señor gerente, apure a sus soldados, queremos jugo. Señor gerente ¿quiénes son esos hombres con pinta de policías encubiertos que toman nota? Señor gerente, ¿quiénes son esos dos jóvenes con cadenas de oro que recién entraron, miran a todos y se van? ¿Señor gerente, ya vio a ese muchacho con pantalones viejos y bolsas de la tienda de lujo, sentado en una de las mesas de la periferia? Señor gerente, ¿por qué parece que al país se lo lleva el demonio?

Otro café, otro jugo, más chilaquiles. Señor gerente, llegó una mujer. Señor, la mujer muestra las fotos que aparecen hoy en la prensa.

13:57. Señor gerente: es momento de desmontar la cafetería, ahora que los reporteros sabe por qué, corren por la salida de emergencia en tropel, persiguiendo a la abogada...

“¡Ahorita! ¡Yaaa!”, gritó gerente, la nariz sudorosa y el cabello hecho púas. En un minuto, las paredes quedaron pelonas de letreros que invitan a usar el internet. En un minuto, las fotografías antiguas de la cadena de restaurantes más grande de México desaparecieron de las paredes. En un minuto, los manteles se fueron a una bodega salmón. ¿A qué le teme, señor gerente?

Sólo el pastel albeo reinaba en el escenario, con untadas de un betún falso que todos los días parecen a punto de caer al vacío, pero nunca caen y el viernes detenían la tensión de medio centenar de personas, que estaban a punto de descubrir que el mundo puede ser engañoso.

Mientras la verdad salía, un superior del señor gerente, con cara redonda y labios apenas visibles emitía un parte de guerra cortado, a través del teléfono: “Ya se salieron. Dice que es abogada. Son reporteros. 50 señor. No, ya no estamos sirviéndoles nada. Una mujer, le digo. Sí, un muchacho; unos 22 años. Ya no. Otra vez. Ahí vienen”.

14:05. “¡Retiren el pastel!”, gritó el gerente, y los meseros salieron corriendo de la cocina, justo cuando la abogada se paró al lado de la a tarta, rodeada de cámaras y flashes.

El pastel era el equilibrio, daba la impresión. Si el pastel se iba algo muy malo ocurriría. Por eso, en el primer intento, el pastel se quedó y todo siguió en tensa calma.

14:12. Los reporteros y las abogadas se movieron de lugar. “¡El pasteeel!”, volvió a escucharse. Y los meseros lo intentaron y los reporteros volvieron a rodear a la abogada que rondaba al pastel. Pero esta vez falló, la gran tarta se hizo campo con sus cuatro pisos, hasta que desapareció entre empujones.

Sin el amuleto, el ambiente se volvió absolutamente salmón. No había qué hacer. El equilibrio estaba roto. En una cafetería desnuda de adornos y letreros de emergencia, dos mujeres dijeron que la SIEDO se equivocó otra vez y el hijo del “Chapo” Guzmán está suelto, como una liebre en las ilustraciones de Caperucita.

Señor gerente, regrese el falso pastel a su sitio, porque esto huele a guerra. Señor gerente ¿quién demonios pagó la cuenta?

PARA SABER
No es el que se pensaba


En un comunicado, la Procuraduría General de la República (PGR) informó el viernes que la persona detenida la víspera en Zapopan, Jalisco, no es hijo de Joaquín Guzmán Loera alias “El Chapo”, líder del Cártel de Sinaloa.

Precisó que tras realizarse las pruebas necesarias para conocer la identidad se ha llegado a determinar que los presentados son Félix Beltrán León y Kevin Daniel Beltrán Ríos, de 23 y 19 años de edad, respectivamente.

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