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Un espejo sonoro
Arturo Arvizu, joven compositor tapatío, presentará en breve un disco compacto con cuatro de sus obras
GUADALAJARA, JALISCO (15/OCT/2011).- Un punto recurrente cuando se aborda la apreciación de la música nueva es el de la honestidad del compositor, que debería sustentar su trabajo con los recursos de una buena preparación para evitar que términos como experimentación, vanguardia, disonancia o atonalidad no sean sino meros pretextos para exponer ante el público obras huecas, áridas, carentes inclusive de una finalidad. Por eso resulta interesante conocer la labor de jóvenes talentos locales que se encuentran iniciando sus carreras, conscientes de los obstáculos que habrán de enfrentar para darse a la búsqueda de sus objetivos artísticos. Tal es el caso de Arturo Arvizu (Guadalajara, 1985).
En su caso, su primer contacto con la música lo tiene en casa. “Mi papá es músico de folclor y por eso la música siempre ha estado ahí. Más de uno en la familia tocaba, componía canciones; yo de niño jugaba con mi hermana a improvisar, a los 15 años aprendí a tocar la guitarra y empecé a buscar música que me llenara, algo diferente que no encontraba y me nació la idea de crearla yo”. Fue así como ingresó a la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde tras concluir los estudios de grado medio sólo le falta un año para acabar la licenciatura en composición.
Los estudios que realiza le permiten darse cuenta de las verdaderas implicaciones del acto de la creación musical. Señala en este sentido que “la gente y hasta los músicos suelen tratar a los compositores no como a profesionales, sino como a personas que hacen una actividad porque tienen una facilidad, porque se les ocurre”. Esto, aunado al uso que en el medio de la música comercial se hace de este término, ha terminado por volver vano su significado.
Para Arvizu, el trabajo de los compositores mexicanos ha resultado una gran influencia. Tal es el caso de Mario Lavista o del jalisciense Manuel Cerda, entre otros. “Los admiro muchísimo –señala–, tienen obras llenas de técnica pero que cantan porque tienen espíritu”. Este punto resulta importante, sobre todo hablando de la música nueva, donde parece olvidarse en ocasiones la prioridad que debería tener este hecho en el fenómeno estético, porque la técnica se puede adquirir, pero hay que saber emplearla para infundir vida a una obra musical.
Todos estos elementos tienen a este joven compositor “en una búsqueda”. Y agrega: “Quiero encontrar el qué, el cómo y el para qué de lo que quiero decir; sigo estudiándome a mí mismo para conocer el porqué de lo que he hecho, y lo más interesante es que ese proceso nunca se termina. Mi búsqueda se basa en la actitud, es algo constante”
Arturo Arvizu recibió una beca del Programa de Estímulos a Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en su última edición para grabar un disco compacto con algunas de sus obras, así como para trabajar en su difusión. De esta forma nace Kuneen (El espejo, en maya), CD que estará listo en unas semanas. El nombre del proyecto viene precisamente del proceso de búsqueda que refiere el músico: “Ahí es donde me reflejo sonoramente”.
En Kuneen se incluyen un trío para dos flautas y guitarra, una sonata para flauta y piano, un ciclo conformado por siete miniaturas para soprano, mezzosoprano, percusiones y contrabajo realizadas con un carácter totalmente experimental, así como el cuarteto para cuerdas titulado Manchas acústicas.
Esta última composición fue estrenada recientemente por el cuarteto Cuerdas Revueltas en el cuarto Ciclo de Compositores Jaliscienses. Se trata de una obra de cuatro movimientos con un lenguaje muy rico, casi sinfónico por momentos, y en el que no faltan las referencias a las rítmicas autóctonas tan admiradas por el autor. Presentada como un homenaje a las técnicas de los compositores de principios del siglo XX, nace de la exploración del trabajo de autores como Debussy, Ravel, Stravinsky, Revueltas y Fauré.
Por ahora, Arvizu trabaja como maestro de piano, teoría y ensamble en una academia particular y se ocupa de las que serán sus próximas composiciones: El origen del son y una obra orquestal. También forma parte del grupo Niérika, dedicado a la música del mundo.
“No trabajo para trascender ni para innovar, no quiero ser el sucesor de nadie. La música formal es para mí el medio para realizar una búsqueda profunda de donde saco cosas que quiero comunicar. Me interesa sembrar una idea que provoque un cambio, que el escucha quiera ser mejor; eso es una meta para mí”.
Este objetivo es más que posible, sobre todo si se recuerda la afirmación que hiciera León Tolstoi en el sentido de que cuando alguien sin ningún esfuerzo recibe en presencia de la obra de otra persona una emoción que le une con aquella y con otros que han recibido la misma impresión, es porque se está ante una obra de arte. Por lo tanto, el canal sí existe.
En su caso, su primer contacto con la música lo tiene en casa. “Mi papá es músico de folclor y por eso la música siempre ha estado ahí. Más de uno en la familia tocaba, componía canciones; yo de niño jugaba con mi hermana a improvisar, a los 15 años aprendí a tocar la guitarra y empecé a buscar música que me llenara, algo diferente que no encontraba y me nació la idea de crearla yo”. Fue así como ingresó a la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde tras concluir los estudios de grado medio sólo le falta un año para acabar la licenciatura en composición.
Los estudios que realiza le permiten darse cuenta de las verdaderas implicaciones del acto de la creación musical. Señala en este sentido que “la gente y hasta los músicos suelen tratar a los compositores no como a profesionales, sino como a personas que hacen una actividad porque tienen una facilidad, porque se les ocurre”. Esto, aunado al uso que en el medio de la música comercial se hace de este término, ha terminado por volver vano su significado.
Para Arvizu, el trabajo de los compositores mexicanos ha resultado una gran influencia. Tal es el caso de Mario Lavista o del jalisciense Manuel Cerda, entre otros. “Los admiro muchísimo –señala–, tienen obras llenas de técnica pero que cantan porque tienen espíritu”. Este punto resulta importante, sobre todo hablando de la música nueva, donde parece olvidarse en ocasiones la prioridad que debería tener este hecho en el fenómeno estético, porque la técnica se puede adquirir, pero hay que saber emplearla para infundir vida a una obra musical.
Todos estos elementos tienen a este joven compositor “en una búsqueda”. Y agrega: “Quiero encontrar el qué, el cómo y el para qué de lo que quiero decir; sigo estudiándome a mí mismo para conocer el porqué de lo que he hecho, y lo más interesante es que ese proceso nunca se termina. Mi búsqueda se basa en la actitud, es algo constante”
Arturo Arvizu recibió una beca del Programa de Estímulos a Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en su última edición para grabar un disco compacto con algunas de sus obras, así como para trabajar en su difusión. De esta forma nace Kuneen (El espejo, en maya), CD que estará listo en unas semanas. El nombre del proyecto viene precisamente del proceso de búsqueda que refiere el músico: “Ahí es donde me reflejo sonoramente”.
En Kuneen se incluyen un trío para dos flautas y guitarra, una sonata para flauta y piano, un ciclo conformado por siete miniaturas para soprano, mezzosoprano, percusiones y contrabajo realizadas con un carácter totalmente experimental, así como el cuarteto para cuerdas titulado Manchas acústicas.
Esta última composición fue estrenada recientemente por el cuarteto Cuerdas Revueltas en el cuarto Ciclo de Compositores Jaliscienses. Se trata de una obra de cuatro movimientos con un lenguaje muy rico, casi sinfónico por momentos, y en el que no faltan las referencias a las rítmicas autóctonas tan admiradas por el autor. Presentada como un homenaje a las técnicas de los compositores de principios del siglo XX, nace de la exploración del trabajo de autores como Debussy, Ravel, Stravinsky, Revueltas y Fauré.
Por ahora, Arvizu trabaja como maestro de piano, teoría y ensamble en una academia particular y se ocupa de las que serán sus próximas composiciones: El origen del son y una obra orquestal. También forma parte del grupo Niérika, dedicado a la música del mundo.
“No trabajo para trascender ni para innovar, no quiero ser el sucesor de nadie. La música formal es para mí el medio para realizar una búsqueda profunda de donde saco cosas que quiero comunicar. Me interesa sembrar una idea que provoque un cambio, que el escucha quiera ser mejor; eso es una meta para mí”.
Este objetivo es más que posible, sobre todo si se recuerda la afirmación que hiciera León Tolstoi en el sentido de que cuando alguien sin ningún esfuerzo recibe en presencia de la obra de otra persona una emoción que le une con aquella y con otros que han recibido la misma impresión, es porque se está ante una obra de arte. Por lo tanto, el canal sí existe.