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Un centenario más para conmemorar
Clásica
Una vez más, el mes de febrero trae una fecha digna de conmemoración dentro de la historia musical de México. Si hace varios días se hacía referencia en este espacio a los 100 años del natalicio del compositor Blas Galindo, en esta ocasión no se puede dejar de mencionar el centenario del nacimiento del maestro michoacano Miguel Bernal Jiménez.
Bernal Jiménez nació el 16 de febrero de 1910 en la ciudad de Morelia. Su formación musical comenzó cuando ingresó al Orfeón Pío X, agrupación coral infantil donde recibió clases de Ignacio Mier Arriaga y del padre José María Villaseñor, entre otros. Esta agrupación pasó a convertirse con el tiempo en la Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia, en la cual se titularía Bernal Jiménez en 1927.
Aquella nueva escuela necesitaba un maestro de órgano, por lo que el padre Villaseñor decide enviar al joven Miguel Bernal Jiménez -como alumno aventajado que era- a perfeccionarse en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra en Roma, donde recibió los diplomas de Canto Gegoriano, Órgano y Composición Sacra. Regresó a México en 1933, ocupó la dirección de la Escuela de Música de Morelia y comenzó una fructífera carrera como organista, compositor, investigador, docente y director tanto de coros como de orquesta..
Realizó en 1939 un valioso trabajo de investigación que permitió rescatar y dar a conocer el archivo de música del Colegio de Santa Rosa de Santa María de Valladolid que data del siglo XVII y fundó la publicación Schola Cantorum, dedicada a la difusión musical.
Entre sus composiciones más relevantes se incluyen las piezas sinfónicas Noche en Morelia, Tres cartas de México y Sinfonía-Poema México, el ballet El chueco, la ópera Tata Vasco, el Cuarteto Virreinal, la obra para piano Carteles y el destacado Concertino para órgano y orquesta. Bernal Jiménez cuenta también con una gran producción de música religiosa que incluye misas, piezas para órgano, motetes y villancicos.
Su trabajo le llevó a radicar con frecuencia en los años 50 en los Estados Unidos, donde trabajó en el Colegio de Música de la Universidad de Loyola, en Nueva Orleans. Lamentablemente, su notable labor terminó pronto, pues en 1956 moría sorpresivamente de un ataque al corazón en la ciudad de León, Guanajuato.
Su figura no ha gozado del reconocimiento que cabría en su caso, debido sobre todo a sus creencias religiosas y a no haber abrazado el nacionalismo oficial. Sin embargo, en los últimos años se ha podido ver revalorizado su trabajo. Desde 1989 se lleva a cabo en la capital de Michoacán el Festival Internacional de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez, haciendo realidad el proyecto esbozado por el propio músico antes de su muerte y en cuyo patronato están involucrados familiares del mismo.
La relevancia de Miguel Bernal Jiménez trascendió por mucho -como se ha visto- desde su ciudad natal. De hecho, el maestro tiene una conexión especial con Jalisco y en particular con Guadalajara, precisamente a través de uno de sus discípulos en la Escuela de Música Sacra de Morelia, Domingo Lobato, originario también de la antigua Valladolid, donde nació en 1920.
Lobato llegó a la capital jalisciense en 1946 recomendado por Bernal Jiménez para ocupar la cátedra de composición en la incipiente Escuela de Música Sacra de Guadalajara, fundada una década antes por el presbítero Manuel de Jesús Aréchiga.
El maestro recuerda las diferencias que encontró en lo referente a la actividad musical cuando arribó a Guadalajara, en comparación con la capital michoacana: "No había escuela oficial de música, las academias privadas eran la base de la enseñanza, como la Academia Serratos y la Academia Rolón". Y mientras que la Escuela de Música Sacra de Guadalajara no encontraba aún una sede definitiva, el centro educativo de Morelia contaba con amplias instalaciones en las que se disponía de dos órganos, 20 pianos y una imprenta.
Además, en lo referente a agrupaciones musicales, Guadalajara tenía sólo la Orquesta Sinfónica que acababa de ser reorganizada por el maestro estadounidense Leslie Hodge y que no podía ser considerada aún una institución cultural sólida.
La llegada a la ciudad de Domingo Lobato influye en el crecimiento definitivo de la Escuela de Música Sacra, que terminó por consolidarse para que de sus aulas comenzaran a egresar músicos como Hermilio Hernández, Víctor Manuel Amaral, Francisco Javier Hernández y posteriormente Clemente Quezada, Aurelio Martínez, Jesús Muñoz Díaz, José Guadalupe Flores y muchos más, varios de los cuales se incorporarían después a la docencia en su alma mater.
Lobato recuerda que, por aquellos años, el maestro Bernal Jiménez era invitado con frecuencia a Guadalajara, contribuyendo así a enriquecer la vida cultural de la ciudad. "Realizaba presentaciones de sus obras, como su ópera Tata Vasco, en el Teatro Degollado" e incluso los coros de mujeres que se formaron aquí para esas representaciones participaron en algunas puestas en escena que tuvo esa obra en la Ciudad de México.
Como compositor, Lobato ha creado poemas sinfónicos, conciertos y piezas para órgano, entre muchas otras obras como Cantata Morelos, el ballet In Xóchitl in Cuícatl, Los árboles muertos y Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz.
Domingo Lobato Baña ocupó también la dirección de la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara desde 1955 y por espacio de 18 años, tiempo en el que transformó los planes de estudio y su estructura pedagógica, acciones que marcarían una etapa decisiva en el desarrollo de dicha institución.
El maestro Domingo Lobato es un referente indiscutible en la historia de la música de México. Su labor como pedagogo destaca tanto como su faceta de compositor y Guadalajara le debe a Miguel Bernal Jiménez que lo haya recomendado para venir a trabajar aquí, donde finalmente decidió quedarse a radicar.
Bernal Jiménez nació el 16 de febrero de 1910 en la ciudad de Morelia. Su formación musical comenzó cuando ingresó al Orfeón Pío X, agrupación coral infantil donde recibió clases de Ignacio Mier Arriaga y del padre José María Villaseñor, entre otros. Esta agrupación pasó a convertirse con el tiempo en la Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia, en la cual se titularía Bernal Jiménez en 1927.
Aquella nueva escuela necesitaba un maestro de órgano, por lo que el padre Villaseñor decide enviar al joven Miguel Bernal Jiménez -como alumno aventajado que era- a perfeccionarse en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra en Roma, donde recibió los diplomas de Canto Gegoriano, Órgano y Composición Sacra. Regresó a México en 1933, ocupó la dirección de la Escuela de Música de Morelia y comenzó una fructífera carrera como organista, compositor, investigador, docente y director tanto de coros como de orquesta..
Realizó en 1939 un valioso trabajo de investigación que permitió rescatar y dar a conocer el archivo de música del Colegio de Santa Rosa de Santa María de Valladolid que data del siglo XVII y fundó la publicación Schola Cantorum, dedicada a la difusión musical.
Entre sus composiciones más relevantes se incluyen las piezas sinfónicas Noche en Morelia, Tres cartas de México y Sinfonía-Poema México, el ballet El chueco, la ópera Tata Vasco, el Cuarteto Virreinal, la obra para piano Carteles y el destacado Concertino para órgano y orquesta. Bernal Jiménez cuenta también con una gran producción de música religiosa que incluye misas, piezas para órgano, motetes y villancicos.
Su trabajo le llevó a radicar con frecuencia en los años 50 en los Estados Unidos, donde trabajó en el Colegio de Música de la Universidad de Loyola, en Nueva Orleans. Lamentablemente, su notable labor terminó pronto, pues en 1956 moría sorpresivamente de un ataque al corazón en la ciudad de León, Guanajuato.
Su figura no ha gozado del reconocimiento que cabría en su caso, debido sobre todo a sus creencias religiosas y a no haber abrazado el nacionalismo oficial. Sin embargo, en los últimos años se ha podido ver revalorizado su trabajo. Desde 1989 se lleva a cabo en la capital de Michoacán el Festival Internacional de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez, haciendo realidad el proyecto esbozado por el propio músico antes de su muerte y en cuyo patronato están involucrados familiares del mismo.
La relevancia de Miguel Bernal Jiménez trascendió por mucho -como se ha visto- desde su ciudad natal. De hecho, el maestro tiene una conexión especial con Jalisco y en particular con Guadalajara, precisamente a través de uno de sus discípulos en la Escuela de Música Sacra de Morelia, Domingo Lobato, originario también de la antigua Valladolid, donde nació en 1920.
Lobato llegó a la capital jalisciense en 1946 recomendado por Bernal Jiménez para ocupar la cátedra de composición en la incipiente Escuela de Música Sacra de Guadalajara, fundada una década antes por el presbítero Manuel de Jesús Aréchiga.
El maestro recuerda las diferencias que encontró en lo referente a la actividad musical cuando arribó a Guadalajara, en comparación con la capital michoacana: "No había escuela oficial de música, las academias privadas eran la base de la enseñanza, como la Academia Serratos y la Academia Rolón". Y mientras que la Escuela de Música Sacra de Guadalajara no encontraba aún una sede definitiva, el centro educativo de Morelia contaba con amplias instalaciones en las que se disponía de dos órganos, 20 pianos y una imprenta.
Además, en lo referente a agrupaciones musicales, Guadalajara tenía sólo la Orquesta Sinfónica que acababa de ser reorganizada por el maestro estadounidense Leslie Hodge y que no podía ser considerada aún una institución cultural sólida.
La llegada a la ciudad de Domingo Lobato influye en el crecimiento definitivo de la Escuela de Música Sacra, que terminó por consolidarse para que de sus aulas comenzaran a egresar músicos como Hermilio Hernández, Víctor Manuel Amaral, Francisco Javier Hernández y posteriormente Clemente Quezada, Aurelio Martínez, Jesús Muñoz Díaz, José Guadalupe Flores y muchos más, varios de los cuales se incorporarían después a la docencia en su alma mater.
Lobato recuerda que, por aquellos años, el maestro Bernal Jiménez era invitado con frecuencia a Guadalajara, contribuyendo así a enriquecer la vida cultural de la ciudad. "Realizaba presentaciones de sus obras, como su ópera Tata Vasco, en el Teatro Degollado" e incluso los coros de mujeres que se formaron aquí para esas representaciones participaron en algunas puestas en escena que tuvo esa obra en la Ciudad de México.
Como compositor, Lobato ha creado poemas sinfónicos, conciertos y piezas para órgano, entre muchas otras obras como Cantata Morelos, el ballet In Xóchitl in Cuícatl, Los árboles muertos y Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz.
Domingo Lobato Baña ocupó también la dirección de la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara desde 1955 y por espacio de 18 años, tiempo en el que transformó los planes de estudio y su estructura pedagógica, acciones que marcarían una etapa decisiva en el desarrollo de dicha institución.
El maestro Domingo Lobato es un referente indiscutible en la historia de la música de México. Su labor como pedagogo destaca tanto como su faceta de compositor y Guadalajara le debe a Miguel Bernal Jiménez que lo haya recomendado para venir a trabajar aquí, donde finalmente decidió quedarse a radicar.