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Un affaire de best-seller

Petraeus culpable: sus abusos como militar no acabaron con él, como sí lo hizo el amorío con su biógrafa

GUADALAJARA, JALISCO (18/NOV/2012).- La historia de esta trama de romances, complicidades, engaños y celos bien pueda ameritar una novela que se convierta en best-seller. A la vida de David Petraeus, un líder militar pragmático, “honesto e inquebrantable” como decía la prensa de Estados Unidos, hay que sumarle la estridencia del recién descubierto affaire Broadwell, que le ha costado su renuncia de la dirección de la Agencia Central de Investigación (CIA) y que sobre él recaigan acusaciones sobre una posible transmisión de información sensible para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Las tramas, conspiraciones y elucubraciones son el alma de la CIA. Miles de páginas se han escrito sobre ella a través de sus escándalos comprobados y sin comprobar. Petraeus, en la cima de su carrera alcanza la dirección de la CIA no sólo como un premio a su esfuerzo, sino también como una posibilidad de desenvolverse desde otra trinchera con mayor capital para su carrera en el servicio público. Ya acomodado en la CIA, Paula Broadwell, una exitosa egresada de West Point y de Harvard, le propone escribir una biografía que comente sus hazañas y aventuras a lo largo de más de tres décadas de trayectoria castrense. El libro llamado: All in: the education of general David Petraeus, se convierte en la coyuntura que marca el romance entre Broadwell y Petraeus. Un vínculo que, como apunta el Washington Post, es fruto de años de relación entre ambos y de admiración personal.

Broadwell conoce a Petraeus en una conferencia que dictó el general en 2006 cuando estudiaba su doctorado, que no concluyó, en la Universidad de Harvard. A partir de esos años, el vínculo entre ambos se vuelve más intenso y la relación comienza a tomar otro cariz que queda reflejado en los correos electrónicos que fueron interceptados por el FBI y que demuestran la intensidad del romance. Hay que decir que Petraeus está casado con Holly Petraeus, una mujer muy respetada en Washington como asesora en temas de consumo y mercado del presidente Obama.

La gota que derramó el vaso, y que demuestra el nivel de acceso de Broadwell a las herramientas de información de Petraeus, es que el FBI intercepta un correo electrónico enviado desde la cuenta de la dirección general de la CIA donde Broadwell le reclama a Jill Kelley, una ex prestadora de servicios social en cuarteles militares y destacada miembro de la alta sociedad de Florida, su coqueteo e interés en Petraeus. Un ataque de celos que ha desatado elementos insospechados: una posible relación amorosa del actual comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN y de Estados Unidos en Afganistán, John Allen, con la propia Kelley; la sospecha de que Broadwell ha estado haciendo uso de información reservada en conferencias y pláticas en universidades; la rivalidad tan marcada que existe entre la CIA y el FBI; una Casa Blanca desinformada de una investigación que comenzó el FBI desde mediados de septiembre; la reserva de esta información hasta la conclusión del proceso electoral y la reelección de Obama; un ajuste de cuentas a pocos días de que Petraeus comparezca en el contexto de las investigaciones sobre el ataque a la embajada de Estados Unidos en Libia.

¿Por qué mi esposo me engañó?

Sin embargo, detrás de todas estas teorías que coexisten y rivalizan unas con otras, la opinión pública americana ha volteado a ver la vida personal de los militares que pasan años e incluso décadas fuera de su país. La carrera militar en los Estados Unidos es socialmente apreciada y económicamente remunerada. A pesar de esto, los efectos de la profesión militar sobre las familias son dolorosos. Hace unos días, el Washington Post publicó un texto que ha generado mucha controversia en la Unión americana: ¿Por qué mi esposo me engañó? El texto escrito en primera persona por Rebecca Sinclair, esposa del general Jeffrey Sinclair, es revelador: el alejamiento daña severamente los lazos familiares. La soledad y la distancia con las familias, ha provocado que desde 2001 decenas de militares hayan estado envueltos en escándalos extramaritales que han conmocionado a una moralista sociedad americana. “Ojalá pudiera decir que mi esposo es el único que ha sido infiel, pero no es así. Desde 2001, la presión de la guerra ha llevado a muchos miembros (de la milicia) a comportamiento autodestructivos (…) abandonar a sus familias y comenzar nuevas vidas con otros hombres y mujeres. Muchas esposas saben de las infidelidades, pero prefieren mantenerse en silencio”.

Estados Unidos lleva más de una década en enfrentamientos militares múltiples. Nunca antes la fuerza militar norteamericana ha llevado tanto tiempo desplegada a nivel internacional y en tantos frentes. Miles y miles de soldados se enfrentan a una experiencia traumática que puede marcarlos de por vida.

Dejando de lado la evaluación de las labores de Petraeus en los distintos puestos que ha ocupado y el juicio sobre su vida personal, la profesionalización y solidez de los servicios de inteligencia en Estados Unidos no pueden borrar el componente humano. Los celos, engaños, luchas de poder y desconfianzas son a veces más poderosas que las instituciones, las leyes y los contrapesos. Seguramente Petraeus no será recordado por sus éxitos o abusos en guerras como las de Irak o Afganistán, sino por esa trama amorosa y de celos que apenas comienza a desplegarse.

PERFIL

Ejemplar


David Petraeus es el claro ejemplo de la independencia tan labrada de los órganos de inteligencia de los Estados Unidos. Petraeus, republicano y conservador, era visto en Estados Unidos como el comandante implacable que había logrado construir una salida legítima en Irak tras años de empantamiento. Un militar destacado, formado en escuelas castrenses y civiles, que entendió el valor de la política para resolver la crisis de seguridad que vivían tanto Irak como Afganistán.

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