Suplementos

Tres en el Exconvento del Carmen

Exposiciones en el Exconvento del Carmen

Perro Amarillo de José Luis Ramírez

Poco novedosa son las obras de este expositor duranguense que ocupan las Salas de honor del Exconvento, pues por años las hemos visto similares o mejores, gracias a la legión de cultivadores del arte local que se desenvuelven dentro de esa misma cuerda pictórica, encabezada verbigracia, por los Malo, los López Ramírez, los  Maldonado, los Vargas Pons y muchos más cuyos nombres sería engorroso enumerar.

Todos suelen manejar composiciones, generalmente de amplio formato, en las cuales  contraponen, por una parte, figuras del mundo real: rostros enormes, cuerpos y miembros humanos, animales, objetos, etcétera, trazados con suma precisión y detalle, haciendo gala de lo duchos dibujantes que son, y que luego proyectan sobre fondos elaborados a base de manchas abstractas, rugosas texturas, goteos, chorreaduras, signos, formas, textos esgrafiados y otros  recursos gráficos o plásticos,  todo ello con la pretensión de crear sugerentes atmósferas y alucinantes contrastes, supuestamente cargados de significados impactantes o de misteriosos simbolismos.

Esto es exactamente lo que ha traído a exhibir aquí José Luis Ramírez, aunque desde luego, al igual que los maestros de acá que manejan ese mismo lenguaje, merece todo mi respeto dada la solidez de su oficio técnico, particularmente, insisto, por ese preciosismo con que resuelve las representaciones realistas; por su robusta imaginación y por la destreza para el empleo de los elocuentes recursos y elementos con que las subraya, buscando, también lo reitero, imprimir a su imaginería un significado semántico de subjetivos valores expresivos y comunicativos que deja abiertos al juicio e interpretación de cada contemplador.  

Trilogía de la obscuridad a la luz de Luis Vargas

Barroca, fantasiosa; que va de lo primordial a lo profuso, multiplicando formas y replicando figuras; que no se dejan encerrar en una determinada frontera plástica, así es la variada y colorida pintura del jalisciense Vargas, que llena otra de las amplias salas del piso superior del Exconvento.

Abandonado a la marea de su imaginación, este pintor convoca sobre la tela o entre sus dedos, la presencia de formas a veces precisas, a veces indefinibles; en ocasiones delicadas, en otras, violentas; vuelca sobre las superficies o moldea sobre la materia sueños alambicados, invoca  fantasmas o deidades totémicas; recrea mitologías antiguas o contemporáneas, y acaba así, por consumar una colección de obras muy atrayentes y ricas, tanto en contenidos plásticos, como en significado, inventiva y sensibilidad.

Las cosas del cuerpo de Moisés Díaz Jiménez

Muy agradable ha sido la impresión que me ha causado recorrer la exposición de este joven hidrocálido cuyos trabajos sobre madera fueron remitidos al salón del fondo a la izquierda de esta vetusta edificación, puesto que en ellos, Díaz Jiménez hace gala de su sensibilidad táctil, de su imaginación y audacia para tratar de innovar ese antiquísimo procedimiento gráfico de la xilografía, abordando superficies de muy generosa amplitud de las cuales, mostrando sus conocimientos anatómicos y su meticulosa técnica, va extrayendo pacientemente con el filo de las gubias, figuras escorzadas o miembros del cuerpo humano, de una solidez casi tridimensional y escultórica, mas no con la intención de pasarlas por un descomunal tórculo para realizar una estampa, sino para añadirles, como fondo, obscuros pigmentos o enigmáticos mensajes, logrando así parcas composiciones que transmiten intensas vivencias, sugestivas propuestas  y desde luego, el logro de una aventura personal bien propuesta y mejor elaborada.

Temas

Sigue navegando