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Tradición y modernidad en busca del bien común

La masonería en el Occidente del país es muy prolija, hay desde los que siguen el Rito Escocés o el Yorquino hasta el Nacional Mexicano o el Primitivo

GUADALAJARA, JALISCO (06/ABR/2014).- Plagada de disidencias, la historia de las sociedades o agrupaciones que se identifican bajo el nombre de masonería (o francmasonería, para algunos) se remonta a un pasado remoto que se extiende aún más hacia atrás si se consideran sus orígenes míticos.
Con todo, a pesar de los matices y derivaciones, en general se le define como una institución de carácter iniciático que persigue la discreción, además de ser no religiosa, filantrópica, simbólica y filosófica, siempre fundada en torno a la idea de fraternidad y cuyos objetivos son la búsqueda de la verdad y el fomento del desarrollo social y moral del ser humano, además del progreso social.

Orígenes, leyendas, estructura

Así, aunque no hay una fecha precisa para su aparición formal, surge en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII; en su variante moderna (también llamada “especulativa”), la masonería suele describirse como un sistema de carácter moral, definido por medio de alegorías y cuya transmisión o enseñanza se verifica a través de símbolos. De este modo, se define a sí misma como una “herramienta de formación” de métodos particulares que se basa en el simbolismo de la construcción y persigue que sus miembros desarrollen su capacidad de escucha, reflexión y diálogo, para compartir estos valores.

La masonería se organiza en estructuras de base a las que se denomina “logias”, las cuales pueden agruparse en organismos más amplios, de ámbito superior, llamados normalmente “Gran Logia”, seguido de una delimitación territorial; además, se establecen en ella jerarquías que se fundan en “grados” formativos.

Ahora, a pesar de ello y de que actualmente muchos de sus miembros participan en el ámbito público, la masonería continúa padeciendo —al menos en nuestro país— de cierto estigma social, para lo cual hay razones históricas y de orden cultural; además, hay numerosos puntos de vista en el seno de sus organizaciones que se relacionan con cuestiones de género (por no admitir mujeres), creencias religiosas o metafísicas, así como la naturaleza de los temas tratados o la forma de trabajar de las logias, una diversidad de puntos de vista que da lugar a distintas ramas o corrientes masónicas, que con frecuencia no se reconocen entre ellas.

Desde el mítico arquitecto del templo de Salomón en Jerusalén hasta personajes bíblicos o de mayor antigüedad son citados como fundadores de la masonería, pero la más aceptada versión es que la forma moderna de la institución procede de los gremios de constructores medievales (lo que se conoce como “masonería operativa”), que se transformaron en comunidades de tipo especulativo e intelectual, conservando antiguos ritos y símbolos (y el nombre, puesto que la palabra maçon significa “albañil”); estos constructores medievales, tenían lugares de reunión y cobijo (de ahí el término “logia”) en las inmediaciones de las obras y era común que los gremios de la época tuvieran reglamentos y normas de conducta a su interior, con un modelo ritualizado para dar acceso a sus miembros a ciertos conocimientos o funciones.

El caso mexicano

Por lo que toca a nuestro país, la masonería es un tema poco estudiado por la historiografía pero, a pesar de eso, desde la perspectiva de algunos especialistas —como la doctora María Eugenia Vázquez Semadeni— fue motivo de discusiones al respecto en la tribuna pública a principios del siglo XIX que relacionan a la institución con la formación inicial del Estado mexicano.

La llegada de la masonería al México colonial, se dice, ocurrió en la segunda mitad del siglo XVIII con emigrantes franceses que se asentaron en la capital; ahora bien, no hay pruebas documentales pero es “probable” que hubiera logias itinerantes al interior del ejército realista español en la Nueva España y muy posible que en el movimiento criollo que desembocó en la independencia del país, existieran masones vinculados a la Orden a través de las ideas de la Ilustración. Además, por semejanzas en sus estructuras, las “sociedades patrióticas latinoamericanas” podrían confundirse con logias masónicas, aunque nada prueba que lo fueran.

Panorama en Jalisco

En este sentido, para el maestro Francisco Aguilera —masón grado 33, con equivalencia a grado noveno del Rito Nacional Independiente— “la llegada de la institución masónica a Guadalajara empieza con la participación de emisarios del centro de la república, en el siglo XIX, que buscaban un acercamiento con los locales para la defensa de los intereses de la patria. Durante el periodo en que Juárez gobernó, se instalaron algunos capítulos de masones y permanecieron en el anonimato porque había un cerco o campaña de desprestigio hacia la institución”.

En opinión del maestro, esto propició que hubiera logias “de todos los ritos; la masonería en el Occidente el país, de este modo, es muy prolija, hay desde los que siguen el Rito Escocés o el Yorquino hasta el Nacional Mexicano o el Primitivo”; además, refiere, hubo entonces “muchos políticos que se acercaron a la institución masónica y hubo una efervescencia durante la época en que fue gobernador José Guadalupe Zuno”.

Esta vinculación de la masonería con el ejercicio del poder, de influencias y de “lo político”, dice Aguilera, “prevaleció hasta hace cerca de 15 años; pero la verdadera institución seguía trabajando sin aspiración de llegar a esos niveles de poder. La verdad, la masonería nunca ha manejado ser fuente de trabajo o requisito para un puesto administrativo; la institución ha seguido siempre sus principios, como la búsqueda de la superación del individuo y no lo que tradicionalmente se cree”.

Después de todo, los ritos masónicos de carácter nacionalista, tienen en sus principios “la defensa de la patria, el respeto por la libertad de pensamiento y de culto”, así como la superación del individuo; de ahí que, desde el siglo antepasado, se ligue a la masonería con movimientos de orden liberal, opuestos a los conservadores (uno de los motivos por los que se les trató de “ateos” y opuestos a la religión católica, que todavía les juzga con severidad por su laicismo).

Contra el prejuicio

Para Aguilera, las aseveraciones que vinculan a la masonería con ocultismo y magia son “intentos de buscar algo que denigre a la institución masónica. Cuando se dice, incluso, que en las reuniones se practica magia negra o se comen niños, lo que se busca es desacreditar; lo mismo cuando se dice que somos ateos, cuando la institución no te acepta si no tienes algo o alguien en quien creer. Además, se nos acusa de anticlericales y nuestros principios se basan en hacer el bien sin esperar nada a cambio, una premisa que también persigue la tradición católica. Decir que estamos contra la religión no es más que un intento de socavar la institución”.

En estos términos, los diferentes ritos y logias conviven y “la mayoría lo hacen sin buscar publicidad y siguiendo el principio del secreto masónico, que consiste en no hablar, simplemente, cuando existen antecedentes de apatía, de menoscabo ante la institución. De lo que trata es de hablar con cuidado y buena razón, para evitar que algunas palabras puedan utilizarse en contra de la institución”.

Justo por lo anterior, por mucho tiempo se juzgó a la masonería como “conspiradora”, pero en la actualidad, “con las redes sociales y los avances comunicativos”, asegura Aguilera, la institución queda al descubierto y “el secreto masónico está superado, porque de hecho no se trata de algo misterioso o que deba ocultarse”.

Finalmente, en la actualidad no es raro que ciertas reuniones o celebraciones de masones alcancen la esfera pública; entre los múltiples grupos de variados ritos que conviven en Jalisco, apunta Aguilera, “mantenemos contacto y nos reunimos, especialmente para asumir una postura conjunta o tomar acuerdos. O cuando coincidimos en algunas celebraciones”.

SOBRE RITOS

Según José A. Ferrer Benimeli, “la palabra rito en masonería tiene dos sentidos diferentes, según se escriba con mayúscula o minúscula. Se designa Rito a una rama particular de la Francmasonería, de la misma forma que dentro de la Iglesia hay diversos Ritos, como el Rito Maronita, el Rito Copto, el Rito Latino..., etcétera. De esta forma se podría definir el Rito como una presentación particular de la Francmasonería cuyo carácter se distingue del de los otros Ritos por la forma. Entre los muchos Ritos que existen en Masonería se pueden señalar el Rito Escocés Rectificado, el Rito de Emulación, el Rito de Perfección, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el Rito de Misraim, el Rito de York, el Rito Francés, el Rito Sueco, etc., etc. Tagón ha recopilado hasta 52 Ritos diferentes. Sin embargo, el número de Ritos es mucho mayor, ya que solamente en el Diccionario Universal de la Francmasonería, de Daniel Ligou, hay recogidos nada menos que 154 Ritos masónicos”.

Ferrer Benimeli es autor de “La masonería”, de Alianza Editorial.

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