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Todo invierno pasará
Mundo de letras
La tristeza no es un don, y colocar los hechos de los que se deriva tal cualidad (¿o defecto?), en la debida distancia, lejos del cerrado círculo donde dolor y doliente no dejan de mirarse a los ojos con fijeza, es ciertamente una virtud. Esa virtud la pone de manifiesto en sus páginas el narrador que nos va contando varias vidas en El libro perdido de Heinrich Böll, el cual ejerce de maestro de ceremonias y sólo nos muestra las “fotos”, ya nosotros diremos si estamos ante obras de arte minimalista o ante imágenes dotadas de una rara densidad en la narrativa mexicana actual.
Liliana V. Blum, con este sobrio ejercicio novelístico nos lleva a resignificar, a ampliar nuestra visión de las cosas, y lo hace con una actitud de fotógrafo de guerra, quien a distancia peligrosa nos advierte sobre lo que todos podemos saber y de hecho sabemos, pero preferimos mirar el calendario de flores, el silencioso vagabundear de los bichos en torno al foco, o cosas así que también son terapéuticas, pero otorgan sólo un muy breve consuelo, en cambio, si como lectores le tomamos la palabra a Liliana V. Blum y vamos de la mano de sus personajes, advertiremos muy pronto que el ser humano, la condición con que se deposita en el mundo, una vez parido, no es cosa de temer, sino de observar sin lágrimas, objetivamente, porque sólo así es posible desprenderse de todo aquello que nos hace ser los observadores que se niegan a ver, los necios también mortales inmovilizados en la indiferencia, ¿o no hacemos eso todos los días al ver las noticias en la televisión, al pasar de largo cuando alguien pide limosna? Liliana no nos pide tanto, sólo nos invita a compartir la realidad de esa galería de personajes más o menos sufrientes, definitivamente humanos y diafanamente trazados en este breve libro publicado por la casa editora Jus al permitirnos conocer el trabajo de esta escritora mexicana, quien, no obstante su juventud, y al igual que otros escritores menores de cuarenta años (léase también “Virtus” de Eve Gil también publicada por Jus) se muestran maduros y correctos, es decir, escritores de los que vale la pena leerse, es mi opinión, pero la delicada sensación que aún permea en mí tras la lectura de “El libro perdido de Heinrich Böll”, es buena compañera, me recuerda que soy todavía un ser humano, aunque la indiferencia circundante (y la mía propia) a veces me haga olvidarlo.
La dinámica de la narración que recorre estas páginas, a veces, si se tratase de una pieza musical, se escucharía como una ópera trágica, o a momentos como un dulce pasaje invernal, y no importa el tono, sino lo vivos que están todos los personajes, entrañables, dolorosos, limpiamente descritos, no exentos, en instantes, de un muy oscuro humor.
La autora, en la presentación de este libro, como dando una clave para comprenderlo, dijo que le hubiera gustado titularlo: “El honor recuperado de Katharina Blum”, sea pues el lector quien devele el significado de tal frase, invitado aquí y ahora a penetrar en esas páginas breves, espléndidas, sencillamente conmovedoras.
Liliana V. Blum, con este sobrio ejercicio novelístico nos lleva a resignificar, a ampliar nuestra visión de las cosas, y lo hace con una actitud de fotógrafo de guerra, quien a distancia peligrosa nos advierte sobre lo que todos podemos saber y de hecho sabemos, pero preferimos mirar el calendario de flores, el silencioso vagabundear de los bichos en torno al foco, o cosas así que también son terapéuticas, pero otorgan sólo un muy breve consuelo, en cambio, si como lectores le tomamos la palabra a Liliana V. Blum y vamos de la mano de sus personajes, advertiremos muy pronto que el ser humano, la condición con que se deposita en el mundo, una vez parido, no es cosa de temer, sino de observar sin lágrimas, objetivamente, porque sólo así es posible desprenderse de todo aquello que nos hace ser los observadores que se niegan a ver, los necios también mortales inmovilizados en la indiferencia, ¿o no hacemos eso todos los días al ver las noticias en la televisión, al pasar de largo cuando alguien pide limosna? Liliana no nos pide tanto, sólo nos invita a compartir la realidad de esa galería de personajes más o menos sufrientes, definitivamente humanos y diafanamente trazados en este breve libro publicado por la casa editora Jus al permitirnos conocer el trabajo de esta escritora mexicana, quien, no obstante su juventud, y al igual que otros escritores menores de cuarenta años (léase también “Virtus” de Eve Gil también publicada por Jus) se muestran maduros y correctos, es decir, escritores de los que vale la pena leerse, es mi opinión, pero la delicada sensación que aún permea en mí tras la lectura de “El libro perdido de Heinrich Böll”, es buena compañera, me recuerda que soy todavía un ser humano, aunque la indiferencia circundante (y la mía propia) a veces me haga olvidarlo.
La dinámica de la narración que recorre estas páginas, a veces, si se tratase de una pieza musical, se escucharía como una ópera trágica, o a momentos como un dulce pasaje invernal, y no importa el tono, sino lo vivos que están todos los personajes, entrañables, dolorosos, limpiamente descritos, no exentos, en instantes, de un muy oscuro humor.
La autora, en la presentación de este libro, como dando una clave para comprenderlo, dijo que le hubiera gustado titularlo: “El honor recuperado de Katharina Blum”, sea pues el lector quien devele el significado de tal frase, invitado aquí y ahora a penetrar en esas páginas breves, espléndidas, sencillamente conmovedoras.