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Texto invitado: Fiesta en San Andrés Cohamiata
La comunidad Huichola está de fiesta: se graduó la tercera generación del bachillerato intercultural en el que colabora el ITESO
Texto y Fotos:Patricia Karenina Casarín
A mil 400 metros sobre el nivel del mar, colindando con Nayarit y Zacatecas, en el norte de Jalisco se encuentra la comunidad huichola San Andrés Cohamiata donde viven menos de 300 familias herederas de un importante legado de conocimientos naturales y espirituales. La lejanía de la capital del Estado y de cualquier poblado con alta densidad poblacional, es motivo para que San Andrés permanezca en el olvido del desarrollo social del país. Para llegar en menos de una hora hay que volar en una avioneta, pero la mayoría de los habitantes en la sierra caminan varias horas y si tienen suerte una troca les dará un “aventón”.
Los vivos colores amarillos, naranjas, rosas, rojos, verdes y azules de las faldas y los morrales; de los cinturones, pantalones y las artesanías de chaquira contrastan con el cálido color café-verdoso de la sierra, lugar donde el tiempo de lluvia pasa de largo con una tierra lista para sembrar. Con el sol al lado oeste de la comunidad, a veces, se pueden ver pequeñas nubes que descargan abruptamente litros de agua, pero su duración de no más de 10 minutos causa que la arcilla seca y ávida de agua chupe toda la humedad, hasta no recordar que el líquido había tocado su seco color rojizo.
La crisis del alimento por efectos naturales y económicos ha provocado que varios habitantes de la comunidad, en la desesperación y fatiga del diario vivir, emigren a las ciudades postergando sus sueños como pueblo indígena. Pero algunos otros se empeñan en fortalecer su cultura según las necesidades por atender para un mejor futuro. También lejos de sus tierras hay esperanzas provenientes de ciudades del país y del mundo que se acercan para aprender de sus conocimientos y apoyar el esfuerzo por una vida digna con derechos básicos de vida.
Un ejemplo de esfuerzo entre el pueblo wixárika e instituciones nacionales e internacionales es el proyecto de educación intercultural, que desde hace nueve años siembra nuevos conocimientos en jóvenes de la comunidad. El bachillerato Tatei Yurienaka Irarieya es el “corazón de nuestra madre Tierra”, traducido al castellano, donde se aprende y refuerza el conocimiento de su cultura y el universal, mediante módulos que integran la visión de la ciencias, la cual se aterriza en talleres adecuados a las necesidades de la comunidad.
La noche antes de la fiesta de graduación, el pasado 27 de junio, una ligera llovizna vino de paso llevándose consigo la electricidad de la comunidad pero sin ninguna sospecha de cancelar el evento ya que dos camionetas prestaron sus baterías para los micrófonos y las bocinas. Con la tercera generación finalizando sus estudios, el bachillerato se preparó para recibir a invitados especiales, familiares y estudiantes en la fiesta de graduación de diez chicos y una joven. Entre las personalidades del presidium se encontraban miembros del Consejo de Ancianos de la comunidad, autoridades agrarias y de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, el padrino de generación, un representante del proyecto filantrópico de Hewlett-Packard que apoya al bachillerato y el coordinador del proyecto wixárika en el ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara.
El proyecto de este bachillerato de educación intercultural surgió para fortalecer la identidad de la comunidad y el desarrollo local, y para descubrir la riqueza de otros conocimientos que brinda la educación formal, con el fin de que los pobladores tengan herramientas para resolver sus propias necesidades. El Centro de Investigación y Formación Social del ITESO apoya el proyecto desde que inició dicha experiencia con la secundaria intercultural en San Miguel Huaixtita –comunidad huichola en la misma Sierra Occidental- junto con el Departamento de Educación y Valores de esta misma Casa de Estudios.
Guirnaldas hechas de pino, techos de ramas para la mesa del presidium, distintivos de colores con un dibujo del peyote para los asistentes y una manta representativa de la generación fueron parte de la decoración de tan importante día en la comunidad. La celebración formal duró más allá del medio día con el cambio de escolta de la Tatei, danzas de otras comunidades wixaritari y de otros estados del país; presentación del grupo estudiantil de música regional MAE, reconocimientos a los mejores promedios del semestre y una poesía de un graduado recordando a “su querida escuela”.
Roberto Bonilla, director de la preparatoria, comentó que está satisfecho con los resultados alcanzados con esta tercera generación del bachillerato. En total con la primera de 17 graduados, y la segunda de nueve, ya son 37 los wixaritari que pasan por la Tatei: “El conocimiento en el bachillerato va encaminado a que se hagan gestores de la comunidad, (de modo) que si se van a estudiar a otro lado, regresen con el sentimiento de fortalecer su identidad en San Andrés y su gente”, dijo.
Ya pasada la noche, después de recargar la pila con una rica comida de arroz, frijoles y tortilla de maíz azul, la fiesta al ritmo del grupo Los robles –por primera vez en San Andrés-, duró hasta que el sol se asomó de nuevo en el horizonte. El tejuino y la cerveza nunca faltaron al igual que las risas y los movimientos en pareja en la pista de baile, ubicada a un lado de la Telesecundaria de la comunidad.
El trabajo en el bachillerato Tatei continúa con muchos retos. El conocimiento necesario para el desarrollo de la comunidad debe equilibrarse con los requisitos que señala el COBAEJ (Colegio de Bachilleres del Estado de Jalisco) y la construcción de otro edificio de adobe es indispensable para cubrir las necesidades del equipo docente y administrativo, además de completar las áreas de talleres para carpintería, panadería, corte y confección.
Óscar Hernández, coordinador del proyecto desde el Centro de Investigación y Formación Social del ITESO, concibe las experiencias educativas en San Andrés Cohamiata y en San Miguel Huaixtita como la oportunidad para construir junto con las comunidades wixaritari una política de educación indígena adecuada a su cultura y necesidades como pueblo, y como una base sólida de sus proyectos de futuro integrados a un imaginario de país fundado en la diversidad cultural.
Terminando la fiesta al ritmo del sol matutino partimos de regreso a la ciudad de Guadalajara cargando invitaciones de los habitantes de San Andrés y guardando en el recuerdo las diversas sonrisas que conocimos en el camino. En mi antebrazo resguardaba un Ojo de Dios con su base de madera, obsequio de uno de los graduados que me entregó inesperadamente al final de su celebración. La alegría que me dejo haber participado en este festejo es el mayor beneficio del viaje que sostendré hasta mi regreso a la comunidad, para así recargarme aun más de ella.
A mil 400 metros sobre el nivel del mar, colindando con Nayarit y Zacatecas, en el norte de Jalisco se encuentra la comunidad huichola San Andrés Cohamiata donde viven menos de 300 familias herederas de un importante legado de conocimientos naturales y espirituales. La lejanía de la capital del Estado y de cualquier poblado con alta densidad poblacional, es motivo para que San Andrés permanezca en el olvido del desarrollo social del país. Para llegar en menos de una hora hay que volar en una avioneta, pero la mayoría de los habitantes en la sierra caminan varias horas y si tienen suerte una troca les dará un “aventón”.
Los vivos colores amarillos, naranjas, rosas, rojos, verdes y azules de las faldas y los morrales; de los cinturones, pantalones y las artesanías de chaquira contrastan con el cálido color café-verdoso de la sierra, lugar donde el tiempo de lluvia pasa de largo con una tierra lista para sembrar. Con el sol al lado oeste de la comunidad, a veces, se pueden ver pequeñas nubes que descargan abruptamente litros de agua, pero su duración de no más de 10 minutos causa que la arcilla seca y ávida de agua chupe toda la humedad, hasta no recordar que el líquido había tocado su seco color rojizo.
La crisis del alimento por efectos naturales y económicos ha provocado que varios habitantes de la comunidad, en la desesperación y fatiga del diario vivir, emigren a las ciudades postergando sus sueños como pueblo indígena. Pero algunos otros se empeñan en fortalecer su cultura según las necesidades por atender para un mejor futuro. También lejos de sus tierras hay esperanzas provenientes de ciudades del país y del mundo que se acercan para aprender de sus conocimientos y apoyar el esfuerzo por una vida digna con derechos básicos de vida.
Un ejemplo de esfuerzo entre el pueblo wixárika e instituciones nacionales e internacionales es el proyecto de educación intercultural, que desde hace nueve años siembra nuevos conocimientos en jóvenes de la comunidad. El bachillerato Tatei Yurienaka Irarieya es el “corazón de nuestra madre Tierra”, traducido al castellano, donde se aprende y refuerza el conocimiento de su cultura y el universal, mediante módulos que integran la visión de la ciencias, la cual se aterriza en talleres adecuados a las necesidades de la comunidad.
La noche antes de la fiesta de graduación, el pasado 27 de junio, una ligera llovizna vino de paso llevándose consigo la electricidad de la comunidad pero sin ninguna sospecha de cancelar el evento ya que dos camionetas prestaron sus baterías para los micrófonos y las bocinas. Con la tercera generación finalizando sus estudios, el bachillerato se preparó para recibir a invitados especiales, familiares y estudiantes en la fiesta de graduación de diez chicos y una joven. Entre las personalidades del presidium se encontraban miembros del Consejo de Ancianos de la comunidad, autoridades agrarias y de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, el padrino de generación, un representante del proyecto filantrópico de Hewlett-Packard que apoya al bachillerato y el coordinador del proyecto wixárika en el ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara.
El proyecto de este bachillerato de educación intercultural surgió para fortalecer la identidad de la comunidad y el desarrollo local, y para descubrir la riqueza de otros conocimientos que brinda la educación formal, con el fin de que los pobladores tengan herramientas para resolver sus propias necesidades. El Centro de Investigación y Formación Social del ITESO apoya el proyecto desde que inició dicha experiencia con la secundaria intercultural en San Miguel Huaixtita –comunidad huichola en la misma Sierra Occidental- junto con el Departamento de Educación y Valores de esta misma Casa de Estudios.
Guirnaldas hechas de pino, techos de ramas para la mesa del presidium, distintivos de colores con un dibujo del peyote para los asistentes y una manta representativa de la generación fueron parte de la decoración de tan importante día en la comunidad. La celebración formal duró más allá del medio día con el cambio de escolta de la Tatei, danzas de otras comunidades wixaritari y de otros estados del país; presentación del grupo estudiantil de música regional MAE, reconocimientos a los mejores promedios del semestre y una poesía de un graduado recordando a “su querida escuela”.
Roberto Bonilla, director de la preparatoria, comentó que está satisfecho con los resultados alcanzados con esta tercera generación del bachillerato. En total con la primera de 17 graduados, y la segunda de nueve, ya son 37 los wixaritari que pasan por la Tatei: “El conocimiento en el bachillerato va encaminado a que se hagan gestores de la comunidad, (de modo) que si se van a estudiar a otro lado, regresen con el sentimiento de fortalecer su identidad en San Andrés y su gente”, dijo.
Ya pasada la noche, después de recargar la pila con una rica comida de arroz, frijoles y tortilla de maíz azul, la fiesta al ritmo del grupo Los robles –por primera vez en San Andrés-, duró hasta que el sol se asomó de nuevo en el horizonte. El tejuino y la cerveza nunca faltaron al igual que las risas y los movimientos en pareja en la pista de baile, ubicada a un lado de la Telesecundaria de la comunidad.
El trabajo en el bachillerato Tatei continúa con muchos retos. El conocimiento necesario para el desarrollo de la comunidad debe equilibrarse con los requisitos que señala el COBAEJ (Colegio de Bachilleres del Estado de Jalisco) y la construcción de otro edificio de adobe es indispensable para cubrir las necesidades del equipo docente y administrativo, además de completar las áreas de talleres para carpintería, panadería, corte y confección.
Óscar Hernández, coordinador del proyecto desde el Centro de Investigación y Formación Social del ITESO, concibe las experiencias educativas en San Andrés Cohamiata y en San Miguel Huaixtita como la oportunidad para construir junto con las comunidades wixaritari una política de educación indígena adecuada a su cultura y necesidades como pueblo, y como una base sólida de sus proyectos de futuro integrados a un imaginario de país fundado en la diversidad cultural.
Terminando la fiesta al ritmo del sol matutino partimos de regreso a la ciudad de Guadalajara cargando invitaciones de los habitantes de San Andrés y guardando en el recuerdo las diversas sonrisas que conocimos en el camino. En mi antebrazo resguardaba un Ojo de Dios con su base de madera, obsequio de uno de los graduados que me entregó inesperadamente al final de su celebración. La alegría que me dejo haber participado en este festejo es el mayor beneficio del viaje que sostendré hasta mi regreso a la comunidad, para así recargarme aun más de ella.