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Teatro bajo el cobijo de la luna

Por: Aimeé Muñiz

Hace seis años el teatro llegó a Tapalpa como una oportunidad de expresión, pero al paso del tiempo se ha convertido en un ritual que se practica casi a diario -al menos mentalmente-, esperando durante 365 o quizá poco menos, se llegue el día de reunirse otra vez en torno a un nuevo escenario, ya sea arriba o abajo de éste, para explorar en el fondo de un personaje que casi siempre empata con quien lo mira.

Y es que ésa ha sido una característica de los montajes que se han trabajado desde El juguetero y La Pequeña Compañía a partir de 2004, salvo quizá una excepción en la pasada edición del Festival de la Luna, festejo que anualmente cobija el acto teatral, aunque sólo sea durante tres días.

Se podría decir que Dolores Tapia ha sido artífice de todo esto, pero no es así. Que el teatro se desarrolle cada año en Tapalpa, tiene más que ver con la dinámica que se ha generado entre los propios habitantes del pueblo mágico y ése no sé qué, que permite que el hechizo se repita y se viva cada vez con mayor intensidad. Porque lo que ocurre en Tapalpa, pocas veces sucede en otros sitios.

“Me invitan a ver si en Tapalpa hay posibilidades escénicas, para ver si la comunidad está interesada en algo que no había hecho antes, que es el teatro. Se arma una primera convocatoria donde se ofertan talleres para chicos, grandes, adultos, niños. Llegaron 40 personas, desde chicos de seis años hasta chavas que rondaban los 30. Ahí nace el proyecto; empezamos a tallerear, con bailarines y actores profesionales para generar un proyecto”, cuenta Tapia.

Así se formó La Pequeña Compañía, agrupación tapalpense que sigue año con año agrupando a jóvenes talentos, algunos de los cuales seguramente seguirán su camino por el teatro, mientras que otros sólo se dejarán envolver por la magia de este acto por un momento.

“El proyecto nace en 2004 como piloto, durante ese año  2005 es su etapa naciente, empieza mover cosas, y en el 2006 el proyecto pasa a una etapa de identificación: ‘Esto soy, ésta es mi esencia, éstos son mis brazos, mis manos, mi hacer en la vida’, y empieza a crecer hacia adentro, como entendiéndose. Al inicio vas con valentía, pruebas, te equivocas, experimentas, te arrojas, y en el 2006 empezamos a saber quiénes somos, como la propia personalidad del proyecto; no madurez, sino conciencia”, detalla Tapia, quien hasta cierto punto ha dejado de lado a la actriz que vive dentro de ella, para explotar al máximo las capacidades de ser creadora, directora y productora.

Con El juguetero, Dolores Tapia sigue ahí. Decidió quedarse, aunque desde el principio tenía a opción de no hacerlo. “Es como explotar e implotar al mismo tiempo” y eso lo vio tras la presentación incluso del primer proyecto escénico que se trabajó: Yerma, de Federico García Lorca.

“Después nos dimos cuenta que los espectros poéticos del realismo mágico son los que se familiarizan más con la población; entonces para el mismo 2004, pero ya para la celebración del Festival de la Luna en octubre, el segundo, lanzamos un segundo proyecto que se llamó En busca de la luna, que hacía alusión al festival, esencialmente era realismo mágico, a la gente le resultaba muy familiar; funcionó. Parece que se tocaron algunas fibras que se tenían que tocar, que creo que es lo que algunos llaman ‘la magia’; si me preguntas bien a bien qué pasó, no se decir; recuerdo una cosa muy emotiva con el teatro lleno, una cosa extrañísima, que no esperaba que pasara en mi vida”, detalla.

Desde entonces, el teatro no deja de vibrar en Tapalpa; transitando de un lado a otro del pueblo mágico: sumergiéndose en el bosque, coqueteando con el agua, cabalgando en el lienzo y tocando las fibras más sensibles del corazón.

De aquello que surgiera como un simple proyecto, con un claro “a ver si pega” en la mente, se ha desarrollado ya una tradición que la gente espera; pero lo más importante es que La Pequeña Compañía sigue creciendo y en la actualidad ya ha sido capaz de generar vida propia con la creación de Arlequín de la Luna, grupo de teatro callejero que acoge a algunos de esos chicos que hace seis años tuvieron su primer encuentro con esta disciplina.

Un breve recorrido

En 2005 llegó El bosque sumergido o Una infame historia de amor, obra basada en los cuentos de los hermanos Grimm; en 2006, Teje mi corazón, “fue una obra que nos rompió” como agrupación, aunque al mismo tiempo ha sido para Tapia un símbolo que la identifica y la marca en su andar; para 2007, con mayor conciencia, El juguetero y La Pequeña Compañía presentan El rojo y la tinta, “la obra que nos permite vernos de lejos y decir ‘qué bonitos somos’”; con Una de rancheras o Sola sin tu cariño llega en 2008 un descanso para el teatro en Tapalpa y un gran aprendizaje en materia de producción, con el propósito de aterrizar en 2009 con La esquina de Estropicia o Soñar como que nunca.

“La obra es un sueño e incluso hay personajes que dentro de la obra son un sueño, porque estamos jugando con los metasueños. Estropicia es una palabra inventada, puede ser la unión de estropear algo frágil o hacer frágil lo posible”, cuenta.
La esquina de Estropicia ha sido también para Tapia, la posibilidad de sumar al espectáculo otra de sus pasiones: el baile flamenco, situándose incluso en el que bien podría ser uno de sus rincones favoritos: Madrid, en la calle Amor de Dios y Amparo.

La obra se estrena el próximo jueves 29 de octubre, a las 20:30 horas, en el corazón de Tapalpa, en el marco del Festival de la Luna.

 
Fiesta visual
Este año el Festival de la Luna tendrá lugar en Tapalpa del 29 al 31 de octubre con una explosión visual.

Dolores Tapia se ha lanzado este 2009 asumiendo un doble papel (triple o cuádruple, para ser precisos), como directora, dramaturga y productora de La esquina de Estropicia, y en la titularidad del festival, con especial énfasis en el arte visual, desde la presentación de cortometrajes y el largometraje documental Bajo Juárez, dirigido por Alejandra Suárez.

A continuación, un poco de lo que podrá vivirse día a día bajo e cobijo de la luna: El jueves, desde las 12:00 horas comienza la fiesta con una proyección de cortometrajes mexicanos de animación y una retrospectiva de Vanessa Bauche, con la presentación de la película Al otro lado, dirigida por Gustavo Loza, en el Templo Antiguo. Además, a las 16:00 horas, el público podrá conocer los cortos participantes en el certamen “Tapalpa Explota”; por la noche, se estrena La esquina de Estropicia.

El viernes 30, la actividad comienza desde las 11:00 horas con proyecciones de video, teatro callejero a cargo de Arlequín de la Luna, la presentación del coro infantil Voces de la montaña, la apertura de un par de exposiciones y música con Los Bomberos.

Al día siguiente se recordará la trayectoria del artista audiovisual tapatío Rigo Mora, a partir de las 11:00 horas en el Templo Antiguo, para continuar con la proyección de diversos cortometrajes en horario matutino; y por la tarde se presentará el grupo escénico y musical Makemba, así como la Banda Corazón Alegre, Giancarlo Fragoso (Telefunka) y el proyecto Calor (Robocumbia).

En medio de todo eso, el teatro con La esquina de Estropicia hará su aparición enmarcando también la premiación de Tapalpa Explota.

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