Suplementos
Tánger: memoria, comunidad y celuloide
Amenazado con ser demolido, el glorioso Cinéma Rif de los años 30, en el puerto marroquí, fue convertido en una viva Cinemateca
GUADALAJARA, JALISCO (07/ABR/2013).- Ya lo decía la crítica de arte Gertrude Stein en 1930: “Todos pueden ir a la Riviera Francesa, pero se puede ir a un lugar mejor” refiriéndose a Tánger, en el norte de Marruecos.
Imán de artistas como Eugene Delacroix, desde sus acantilados se pueden apreciar los 16 kilómetros del estrecho de Gibraltar que conducen a las montañas andaluzas. Su situación geográfica, la belleza de su clima, lo barato de la vida y su neutralidad política durante la segunda guerra mundial, atrajo a un sin fin de forasteros de todas clases y profesiones a instalarse, abrir negocios y edificar mansiones, lo que hizo de Tánger una ciudad cosmopolita llena de contrastes y harto libertinaje.
Autores como Tennessee Williams, Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, llegaron en la década de 1940, deslumbrados por el exotismo de la ciudad, acudiendo al café Hafa a fumar achís y tomar té de menta a la puesta de sol. Muchos hicieron de Tánger la musa de sus novelas como William Burroughs en Almuerzo al desnudo, Tánger era así el cómodo balcón para contemplar la Segunda Guerra Mundial desde África.
Fue sin duda, el poeta vagabundo de la generación Beat, Paul Bowles uno de los pocos occidentales que superó el deslumbramiento de Tánger y contribuyó a difundir la visión de artistas locales, como el escritor Mohammed Chukri, autor del El pan desnudo y quien expone como en ese exotismo hay desgarradores contrastes, pobreza extrema, analfabetismo y desigualdad.
El trayecto del aeropuerto hasta el centro se asemeja hoy en día al de muchas ciudades latinoamericanas. Niños desaliñados jugando a la pelota en paisajes terregosos. Zonas de alta plusvalía colindantes con áreas pobres, y cuando se llega al centro, caótico, con avenidas y comercio informal, se avistan espectaculares con la foto de la familia rubia promoviendo cotos residenciales.
De la época dorada de permisividad, sólo quedan restos en las noches. No queda más que dejarse llevar por la extraños contrastes de ese puerto lleno de gatos, mezquinamente seductores, como sus habitantes. Por la mañana, los cafés están llenos de hombres permitiéndose minutos de privacidad, bebiendo, silenciosos, el vaso de café con leche dulce. Por la noche, en los bares, las mujeres lentamente, con toda naturalidad, se quitan sus túnicas luciendo poco a poco sus escotes.
Como diría Juan Goytisolo, las huellas que dejaron esos artistas extranjeros, “se reducen a un puñado de fotografías”. Los magníficos edificios que se construyeron en la gran época de Tánger, se vieron destinados a la demolición sistemática. Sin embargo en las últimas décadas, una generación de artistas árabes ha comenzado a jugar con los conceptos de “hogar” y los residuos de la “otredad” entre ellos, la artista franco-marroquí, residente en Tánger, Yto Barrada (1971), internacionalmente conocida por su trabajo relacionado con lo que ella llama “ away and home”.
Al ver que el glorioso Cinéma Rif, abierto en 1938,donde se proyectaban películas estadounidenses, españolas e indias estaba destinada a la demolición, Barrada y el productor francés Cyriac Auriol, respaldados por otros artistas y profesionales del cine, tuvieron la idea de crear una cinemateca.
Después de largos combates, años de búsqueda de financiamiento, la Cinemateca de Tánger (CDT) abrió en 2007. Casi inmediatamente, se convirtió en una institución cultural indiscutible para los Tangerinos, un lugar para encontrarse, descubrir nuevas películas y festivales. Entrar ahí, da la sensación de estar en un oasis cultural donde todos son bienvenidos: adolescentes marroquíes con cabellos pintados de colores y vestimentas punks, un extranjero tomando un jugo de jengibre hasta un tangerino bebiendo un té de menta en la terraza.
Yto Barrada, quien es esposa del actor Sean Gullete, conocido como el reservado matemático neurótico en película Pi, el orden del caos, de Darren Aronofsky, combina sus proyectos artísticos relacionados con su ciudad, con otro tipo de creatividad que le exige ser la directora artística de la CDT.
Léa Morin, directora administrativa de CDT explica los desafíos de dirigir un centro cultural en Marruecos, como los problemas de financiamiento y poca profesionalización de su equipo, así como a lo complicado de la distribución cinematográfica de películas extranjeras.
Recientemente se publicó un libro sobre la historia de la creación de la Cinemateca en 7 idiomas, el Album Cinemathèque de Tanger. Para más información consultar la página http://www.cinemathequedetanger.com.
—¿Cuál es el rol de la cinemateca en la vida cultural actual de esta ciudad?
—La cinemateca nació del deseo de un grupo de artistas de mostrar películas poco difundidas en Marruecos, producidas con horizontes estéticos y geográficos lejanos; también de conservarlas y de perpetuar estas creaciones para el público.
Queríamos que la cinemateca fuera un centro cultural en donde cada uno pudiera encontrar su interés o su idioma. Es una plataforma de diálogo y de reencuentro. Para dar gusto a los más pequeños como a los grandes, escogimos poner atención en los detalles, proponiendo más que una simple sala de cine, un lugar donde convivir, que gustara tanto a los nostálgicos del cine de antaño así como a los más jóvenes.
—¿Cuál es el programa de creación de públicos que llevan a cabo con los habitantes de Tánger?
—Con nuestra programación, buscamos llegar a audiencias distintas para sensibilizar a los Tangerinos a la cultura del cine. Visitamos cada semana diferentes asociaciones, universidades y/o escuelas en la ciudad. Nuestro objetivo es desarrollar el gusto por el cine, por eso la mediación cultural es primordial en las escuelas primarias, en los colegios, en los liceos: es nuestro futuro público.
—¿Cuáles son los criterios de programación?
—La programación busca ser amigable y vanguardista. Los espectadores pueden así cada mes descubrir o redescubrir clásicos del cine (Fassbinder, Godard, Wajda, Lloyd, Jean Vigo, De Seta...), retomamos lo mejor del cine contemporáneo en ciclos o programaciones temáticas: (Jia Zhang Ke, José Luis Guerin, Bahman Ghobadi, Youssef Chahine, Miyazaki, Tarantino...) , así como películas nacionales.
Privilegiamos los filmes que tienen dificultades para salir en la cartelera convencional de Marruecos, buscamos que se queden mucho tiempo en nuestra programación para que encuentren su público (Mujeres del Cairo de Yousry Nasrallah). Acordamos un lugar importante al documental, así como a sesiones especiales (video arte europeo, cinema experimental mexicano) al igual que talleres y performances.
—¿Qué estrategias de difusión se han desarrollado al interior del país?
—Nuestra implicación a nivel nacional es muy importante, participamos en eventos culturales nacionales, apoyo a artistas, reuniones profesionales, ciclos de cine en homenaje al cine marroquí. Esto hizo igualmente a la CDT un lugar de referencia en Marruecos en lo que refiere a cultura, cine y arte contemporáneo.
Imán de artistas como Eugene Delacroix, desde sus acantilados se pueden apreciar los 16 kilómetros del estrecho de Gibraltar que conducen a las montañas andaluzas. Su situación geográfica, la belleza de su clima, lo barato de la vida y su neutralidad política durante la segunda guerra mundial, atrajo a un sin fin de forasteros de todas clases y profesiones a instalarse, abrir negocios y edificar mansiones, lo que hizo de Tánger una ciudad cosmopolita llena de contrastes y harto libertinaje.
Autores como Tennessee Williams, Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, llegaron en la década de 1940, deslumbrados por el exotismo de la ciudad, acudiendo al café Hafa a fumar achís y tomar té de menta a la puesta de sol. Muchos hicieron de Tánger la musa de sus novelas como William Burroughs en Almuerzo al desnudo, Tánger era así el cómodo balcón para contemplar la Segunda Guerra Mundial desde África.
Fue sin duda, el poeta vagabundo de la generación Beat, Paul Bowles uno de los pocos occidentales que superó el deslumbramiento de Tánger y contribuyó a difundir la visión de artistas locales, como el escritor Mohammed Chukri, autor del El pan desnudo y quien expone como en ese exotismo hay desgarradores contrastes, pobreza extrema, analfabetismo y desigualdad.
El trayecto del aeropuerto hasta el centro se asemeja hoy en día al de muchas ciudades latinoamericanas. Niños desaliñados jugando a la pelota en paisajes terregosos. Zonas de alta plusvalía colindantes con áreas pobres, y cuando se llega al centro, caótico, con avenidas y comercio informal, se avistan espectaculares con la foto de la familia rubia promoviendo cotos residenciales.
De la época dorada de permisividad, sólo quedan restos en las noches. No queda más que dejarse llevar por la extraños contrastes de ese puerto lleno de gatos, mezquinamente seductores, como sus habitantes. Por la mañana, los cafés están llenos de hombres permitiéndose minutos de privacidad, bebiendo, silenciosos, el vaso de café con leche dulce. Por la noche, en los bares, las mujeres lentamente, con toda naturalidad, se quitan sus túnicas luciendo poco a poco sus escotes.
Como diría Juan Goytisolo, las huellas que dejaron esos artistas extranjeros, “se reducen a un puñado de fotografías”. Los magníficos edificios que se construyeron en la gran época de Tánger, se vieron destinados a la demolición sistemática. Sin embargo en las últimas décadas, una generación de artistas árabes ha comenzado a jugar con los conceptos de “hogar” y los residuos de la “otredad” entre ellos, la artista franco-marroquí, residente en Tánger, Yto Barrada (1971), internacionalmente conocida por su trabajo relacionado con lo que ella llama “ away and home”.
Al ver que el glorioso Cinéma Rif, abierto en 1938,donde se proyectaban películas estadounidenses, españolas e indias estaba destinada a la demolición, Barrada y el productor francés Cyriac Auriol, respaldados por otros artistas y profesionales del cine, tuvieron la idea de crear una cinemateca.
Después de largos combates, años de búsqueda de financiamiento, la Cinemateca de Tánger (CDT) abrió en 2007. Casi inmediatamente, se convirtió en una institución cultural indiscutible para los Tangerinos, un lugar para encontrarse, descubrir nuevas películas y festivales. Entrar ahí, da la sensación de estar en un oasis cultural donde todos son bienvenidos: adolescentes marroquíes con cabellos pintados de colores y vestimentas punks, un extranjero tomando un jugo de jengibre hasta un tangerino bebiendo un té de menta en la terraza.
Yto Barrada, quien es esposa del actor Sean Gullete, conocido como el reservado matemático neurótico en película Pi, el orden del caos, de Darren Aronofsky, combina sus proyectos artísticos relacionados con su ciudad, con otro tipo de creatividad que le exige ser la directora artística de la CDT.
Léa Morin, directora administrativa de CDT explica los desafíos de dirigir un centro cultural en Marruecos, como los problemas de financiamiento y poca profesionalización de su equipo, así como a lo complicado de la distribución cinematográfica de películas extranjeras.
Recientemente se publicó un libro sobre la historia de la creación de la Cinemateca en 7 idiomas, el Album Cinemathèque de Tanger. Para más información consultar la página http://www.cinemathequedetanger.com.
—¿Cuál es el rol de la cinemateca en la vida cultural actual de esta ciudad?
—La cinemateca nació del deseo de un grupo de artistas de mostrar películas poco difundidas en Marruecos, producidas con horizontes estéticos y geográficos lejanos; también de conservarlas y de perpetuar estas creaciones para el público.
Queríamos que la cinemateca fuera un centro cultural en donde cada uno pudiera encontrar su interés o su idioma. Es una plataforma de diálogo y de reencuentro. Para dar gusto a los más pequeños como a los grandes, escogimos poner atención en los detalles, proponiendo más que una simple sala de cine, un lugar donde convivir, que gustara tanto a los nostálgicos del cine de antaño así como a los más jóvenes.
—¿Cuál es el programa de creación de públicos que llevan a cabo con los habitantes de Tánger?
—Con nuestra programación, buscamos llegar a audiencias distintas para sensibilizar a los Tangerinos a la cultura del cine. Visitamos cada semana diferentes asociaciones, universidades y/o escuelas en la ciudad. Nuestro objetivo es desarrollar el gusto por el cine, por eso la mediación cultural es primordial en las escuelas primarias, en los colegios, en los liceos: es nuestro futuro público.
—¿Cuáles son los criterios de programación?
—La programación busca ser amigable y vanguardista. Los espectadores pueden así cada mes descubrir o redescubrir clásicos del cine (Fassbinder, Godard, Wajda, Lloyd, Jean Vigo, De Seta...), retomamos lo mejor del cine contemporáneo en ciclos o programaciones temáticas: (Jia Zhang Ke, José Luis Guerin, Bahman Ghobadi, Youssef Chahine, Miyazaki, Tarantino...) , así como películas nacionales.
Privilegiamos los filmes que tienen dificultades para salir en la cartelera convencional de Marruecos, buscamos que se queden mucho tiempo en nuestra programación para que encuentren su público (Mujeres del Cairo de Yousry Nasrallah). Acordamos un lugar importante al documental, así como a sesiones especiales (video arte europeo, cinema experimental mexicano) al igual que talleres y performances.
—¿Qué estrategias de difusión se han desarrollado al interior del país?
—Nuestra implicación a nivel nacional es muy importante, participamos en eventos culturales nacionales, apoyo a artistas, reuniones profesionales, ciclos de cine en homenaje al cine marroquí. Esto hizo igualmente a la CDT un lugar de referencia en Marruecos en lo que refiere a cultura, cine y arte contemporáneo.