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Sofía Olmos. De lo excepcional

Perfil

GUADALAJARA, JALISCO (15/MAY/2010).- Cualquier experiencia de vida, puede resultar como el concurso de Chabelo. Se mete la mano, se saca una bolita que es… ¡eureka! Así pasó con Sofía Olmos. Sofi para muchos, porque es pequeña, aunque tiene 27 años.

Esta chica iba a ser comunicóloga, se lo dijo varias veces, de hecho eso fue lo que estudió. El teatro llegó a su vida de forma paralela, como no queriendo, fue el galán que no era tomado en serio y terminó siendo el gran amor. Olmos sorprende. Siempre se está riendo. Pero cuando habla, todo se lo toma muy en serio. Para ella la gente que vale la pena, es la que tiene un compromiso real. En este momento laboral, forma parte del elenco de Adiós, querido Cuco obra dirigida por Susana Romo. Un trabajo que le ha dejado claro que “todo montaje teatral que uno hace, no es tanto el montaje en sí, si no tu mismo  en ese montaje”, dicho esto,  se ataca de risa.

Ligera y contenta. Esta virgo tapatía encontró-se arriba de los escenarios. Nació en septiembre de 1982. Según ella, lo que la define es “sentir” y entre tocar y dejarse tocar prefiere lo primero. Adora el color rojo. Forma parte del grupo de jóvenes actores (Mariana Villalpando, Gabriela Escatell y Manuel Parra) que conforman Inverso Teatro, un conjunto creativo, pujante y talentoso que ha logrado en poco tiempo hacerse incluso de su propio espacio escénico. Sofía actúa los fines de semana en el teatrito Diana, tiene varios proyectos pendientes. Arrancó su carrera artística en la preparatoria, prosiguió en la universidad y de ahí surgió un proyecto de nombre Musas, que la llevó a Barcelona y Venezuela, luego participó en un proyecto de beca del artista Alberto Stanley para después ser asistente de dirección de Fausto Ramírez. Al mismo tiempo actuaba en la obra Dakota por allá del 2007.

-    ¿Actuar? ¿para qué?

-    “Actuar para vivir, para entender, para dudar, para ir descubriendo y descubriéndome” dice.  Para ella, lo más divertido de todo esto ha sido subirse a un escenario y “uuuu…. Así (risas) el problema es poner el primer pie en el escenario, ahí ya sabes que tu vida se desbarata, que no será la misma, si estás en el escenario y sientes el acá ya valió gorro todo lo demás, que si estudiaste, que qué estudiaste, qué hiciste, qué no hiciste”.

-    Pero para llegar ahí ¿qué buscabas? –
-    “Híjole (suelta una carcajada), más bien fue un momento en el grupo, tomábamos clases con Carlos Vázquez (maestro de teatro), me metí a un seminario de dirección stanisvlaskiana con él y ya vi el mundo del método y las acciones físicas y bla, bla, bla… y ahí estábamos todos bien clavados, pero de repente… pues uno se preguntaba… ¿y el cuerpo? “. 

Sofía y sus compañeros comenzaron a tomar clases de danza y de entrenamiento corporal. Se puso orgánica y trabajó. Vino Dakota,  luego Marco Vieyra la dirigió en El Matadero. Obra que la llevó a cuestionarse sobre su lugar en la vida, decidió entonces que ese lugar era el teatro “que es  incómodo, pero es un motor que te ayuda a levantarte en las mañanas” destaca.

Sofía forma parte de la Asociación de Gente Pequeña que es, según sus palabras “como una familia”. Esta agrupación, ofrece, entre otras cosas, ayuda sicológica. Pero… cómo ayuda psicológica si Sofía parece tan resuelta. “Claro” dice, ríe, ´creo que ahí tiene que ver mucho mi familia, nunca me hicieron sentir diferente” señala, además destacó cómo el trabajo corporal en ballet, en danza, en butoh, etc., ha sido decisivo para su desarrollo personal y actoral. “Nada de dependencia ni autocompasión”, destaca la actriz que reconoce en Fausto Ramírez, a un provocador y como maestros a Diego Piñón, a Gabriela Cuevas y a Eleno Guzmán, entre otros más. Por lo pronto.

A Sofi se le puede encontrar, los fines de semana en el pequeño teatro Diana, en la obra Adiós, querido Cuco. Los domingos a las 13:00 horas.

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