Suplementos
Santa Clara de Asís
Segunda parte: Su primer milagro y su legado
Dos semanas después de la fuga de Clara, Catalina siguió los pasos de su hermana; sin embargo, el tío de ambas, Monaldo, llegó por ella y, ayudado por algunos de sus hombres, la sacaron por la fuerza ante la impotencia de Clara. Ésta nada podía hacer, salvo orar a Jesús. Se arrodilló y rezó con fervor, pidiendo ayuda.
Pocos pasos después, los hombres de Monaldo se detuvieron. No conseguían cargar más el cuerpo de la jovencita, pues parecía pesar más que el plomo. Pidieron ayuda a unos labradores que se encontraban trabajando ahí cerca, pero ni aún así lograron moverla, hasta que desistieron. Le habían avisado ya a Francisco, quien llegó corriendo y abrazó a las dos hermanas, sus primeras hijas en el movimiento franciscano. Cautivado por la mansedumbre de Catalina, le cambió el nombre por el de Inés, que significa corderillo.
La iglesia de San Damián, cerca de Asís, fue la primera de las iglesias que San Francisco de Asís reparó después de que recibiera la visión del crucifijo que en ese mismo lugar se encontraba. Además de la visión del crucifijo pidiéndole que reparara Su Iglesia, a Francisco se le reveló que allí mismo habrían de morar unas mujeres de vida muy santa, que serían un ejemplo y una transformación para toda la Iglesia de Dios. Casi ochocientos años después, se descubrió que Francisco y sus frailes hicieron una reforma enorme del lugar, convirtiéndolo en un pequeño monasterio.
Allí fue donde llevaron a Clara e Inés y de donde nacería la Segunda Orden de San Francisco: las Clarisas o Damas Pobres. Poco a poco las Damas Pobres aumentaban en número y en San Damián vivían todas ellas como hermanas. Algunas pasaban todo el tiempo en oración y en el trabajo, mientras otras se dedicaban a socorrer a los necesitados. En 1215, tres años después de que Clara comenzara la nueva vida, llegó la orden de que debían seguir la regla de san Benito. A pesar de que la regla invitaba a una vida my santa de acuerdo con la época, Clara tenía sus dudas y fue a hablar con el Papa Inocencio III, a quien pidió la gracia de que nadie pudiese obligar a las Damas Pobres a tener propiedad alguna. El Papa concedió a Clara lo que pedía, por medio de un documento oficial. Comenzaba a gestarse la forma de vida de Clara y sus hermanas. Francisco y Clara habían comprendido que los problemas de las personas comenzaban cuando querían ser dueñas de las cosas, una de las razones por las que abrazaron la vida de pobreza extrema.
Clara había salido de su casa para formar parte del mismo grupo de Francisco y sus frailes menores; pero Francisco quiso recibirla a ella y sus primeras Hermanas con el escrito conocido actualmente como “Forma de Vida para Santa Clara”, en el que las comparaba con Nuestra Señora, porque comenzaban una nueva vida como hijas y siervas de Dios Padre, Esposas del Espíritu Santo y verdaderas madres de N.S. Jesucristo. En 1219, el cardenal Hugolino escribió una regla para Clara y sus hermanas, que no fructificó, pues ignoraba la esencia del franciscanismo, ya que no consideraba la vocación a la pobreza ni la fraternidad, pues mencionaba dos clases de hermanas: las señoras (que venían de la nobleza) y las siervas (de las clases más pobres). Además, tampoco podían aceptar el silencio perpetuo, pues como hermanas necesitaban conversar y alegrarse. Clara nunca se rebeló contra Hugolino, mucho menos cuando llegó a ser Papa; sin embargo, con toda ternura y el más impresionante respeto, mostró todo su vigor y su fuerza interior para mostrar la más firme obediencia a lo que consideraba que era voluntad de Dios, aunque no fuera voluntad de los hombres.
En 1252, Clara consiguió que el cardenal Reinaldo aprobase una regla nueva que ella escribió, completamente franciscana y clariana, que el Papa Inocencio IV aprobó el 9 de agosto de 1253, poco después de la muerte de Clara. El documento original se conserva, y es una de las mayores contribuciones de Santa Clara a la Iglesia: fue la primera regla escrita por una mujer. Clara, canonizada el 15 de agosto de 1255, fue una mujer modelo de carácter, fuerza y entereza, y vivió cuarenta y dos años dedicada a la oración contemplativa llevando a Jesucristo en el corazón, dando fuerza a toda la Iglesia como lámpara encendida eternamente delante del Señor.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx
Pocos pasos después, los hombres de Monaldo se detuvieron. No conseguían cargar más el cuerpo de la jovencita, pues parecía pesar más que el plomo. Pidieron ayuda a unos labradores que se encontraban trabajando ahí cerca, pero ni aún así lograron moverla, hasta que desistieron. Le habían avisado ya a Francisco, quien llegó corriendo y abrazó a las dos hermanas, sus primeras hijas en el movimiento franciscano. Cautivado por la mansedumbre de Catalina, le cambió el nombre por el de Inés, que significa corderillo.
La iglesia de San Damián, cerca de Asís, fue la primera de las iglesias que San Francisco de Asís reparó después de que recibiera la visión del crucifijo que en ese mismo lugar se encontraba. Además de la visión del crucifijo pidiéndole que reparara Su Iglesia, a Francisco se le reveló que allí mismo habrían de morar unas mujeres de vida muy santa, que serían un ejemplo y una transformación para toda la Iglesia de Dios. Casi ochocientos años después, se descubrió que Francisco y sus frailes hicieron una reforma enorme del lugar, convirtiéndolo en un pequeño monasterio.
Allí fue donde llevaron a Clara e Inés y de donde nacería la Segunda Orden de San Francisco: las Clarisas o Damas Pobres. Poco a poco las Damas Pobres aumentaban en número y en San Damián vivían todas ellas como hermanas. Algunas pasaban todo el tiempo en oración y en el trabajo, mientras otras se dedicaban a socorrer a los necesitados. En 1215, tres años después de que Clara comenzara la nueva vida, llegó la orden de que debían seguir la regla de san Benito. A pesar de que la regla invitaba a una vida my santa de acuerdo con la época, Clara tenía sus dudas y fue a hablar con el Papa Inocencio III, a quien pidió la gracia de que nadie pudiese obligar a las Damas Pobres a tener propiedad alguna. El Papa concedió a Clara lo que pedía, por medio de un documento oficial. Comenzaba a gestarse la forma de vida de Clara y sus hermanas. Francisco y Clara habían comprendido que los problemas de las personas comenzaban cuando querían ser dueñas de las cosas, una de las razones por las que abrazaron la vida de pobreza extrema.
Clara había salido de su casa para formar parte del mismo grupo de Francisco y sus frailes menores; pero Francisco quiso recibirla a ella y sus primeras Hermanas con el escrito conocido actualmente como “Forma de Vida para Santa Clara”, en el que las comparaba con Nuestra Señora, porque comenzaban una nueva vida como hijas y siervas de Dios Padre, Esposas del Espíritu Santo y verdaderas madres de N.S. Jesucristo. En 1219, el cardenal Hugolino escribió una regla para Clara y sus hermanas, que no fructificó, pues ignoraba la esencia del franciscanismo, ya que no consideraba la vocación a la pobreza ni la fraternidad, pues mencionaba dos clases de hermanas: las señoras (que venían de la nobleza) y las siervas (de las clases más pobres). Además, tampoco podían aceptar el silencio perpetuo, pues como hermanas necesitaban conversar y alegrarse. Clara nunca se rebeló contra Hugolino, mucho menos cuando llegó a ser Papa; sin embargo, con toda ternura y el más impresionante respeto, mostró todo su vigor y su fuerza interior para mostrar la más firme obediencia a lo que consideraba que era voluntad de Dios, aunque no fuera voluntad de los hombres.
En 1252, Clara consiguió que el cardenal Reinaldo aprobase una regla nueva que ella escribió, completamente franciscana y clariana, que el Papa Inocencio IV aprobó el 9 de agosto de 1253, poco después de la muerte de Clara. El documento original se conserva, y es una de las mayores contribuciones de Santa Clara a la Iglesia: fue la primera regla escrita por una mujer. Clara, canonizada el 15 de agosto de 1255, fue una mujer modelo de carácter, fuerza y entereza, y vivió cuarenta y dos años dedicada a la oración contemplativa llevando a Jesucristo en el corazón, dando fuerza a toda la Iglesia como lámpara encendida eternamente delante del Señor.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx