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San Francisco de Asís

El 17 de septiembre se celebró la fiesta de la impresión de las llagas de Jesucristo en nuestro padre san Francisco

Tercera parte: Al final de su vida

         El 17 de septiembre se celebró la fiesta de la impresión de las llagas de Jesucristo en nuestro padre san Francisco. Este hecho, consignado como una realidad histórica por cronistas y biógrafos de la época, marca un hito en la vida del Pobrecillo de Asís y en el devenir del desarrollo de la Iglesia Católica.
       Con la fiesta de la Asunción, el día 15 de septiembre de 1224, Francisco inició una de sus cuaresmas en el monte Alverna, una de las crestas de los Apeninos a 1,300 metros de altura. El monte se lo había regalado años antes el conde Orlando de Chiusi, quien se encargaba de que nada le faltara al santo y a sus hermanos cuando llegaban a retirarse en él. En los parajes apartados del monte, Francisco se entregaba a la oración y a la contemplación con gran fervor de espíritu. En aquella ocasión, le acompañaban seis de sus más allegados hermanos, entre ellos el hermano León, quien a pesar de profesarle gran admiración y respeto, no resistía la tentación de espiarle de vez en vez, oculto entre la maleza.
     Algunos días después de la llegada al monte sucedió la maravilla: el Señor, a quien Francisco contemplaba con los ojos de su espíritu, se le hizo visible. Tomás de Celano narra el milagro: “Vio, con visión mística, un hombre que a la par era un serafín; tenía seis alas; había descendido sobre él, con los brazos extendidos y los pies juntos, clavado a una cruz. Dos alas se alzaban verticales sobre su cabeza, otras dos se tendían horizontalmente en ademán de volar, las otras dos cubrían reverencialmente todo su cuerpo. Desaparecida la visión, se quedó muy pensativo y ansioso, dándole vueltas a la visión celestial, deseoso de comprender su significado. Y he aquí que, sin poder quitarse esa curiosidad de la mente, empezaron a abrirse en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, como los había visto en el hombre crucificado: en el centro de cada mano y de cada pie, emergiendo de la herida, una forma carnosa semejaba por un lado la cabeza de un clavo, y por el otro imitaba su punta. Las llagas de las manos eran redondas en la palma y alargadas en el dorso, y en cada dorso sobresalía la forma de un clavo retorcido y remachado; y de igual modo en el empeine y en la planta de cada pie. Y en su costado derecho se abrió otra llaga, como herida abierta por una lanza”. La estigmatización había tenido lugar, se había convertido en otro Cristo y, además, comenzó a gestarse su ceguera.
      El hermano Francisco permaneció en el Alverna dos semanas más, hasta concluir su cuaresma. Acabada, decidió regresar a Asís acompañado del hermano León. Le quedaban dos años más de vida, que los pasó atormentado por las enfermedades y por la ceguera; se transportaba a lomo de borrico, pues las llagas de los pies y su creciente debilidad le impedían caminar libremente. Y así, en 1226, a los cuarenta y cinco años, llegó el final del Pobrecillo; el 3 de octubre la hermana muerte llegó por él cuando también el día moría. El mundo entero se despedía del santo en aquella tarde otoñal; el hermano Francisco, con su muerte, con su vida, entraba a la inmortalidad.
     El legado de san Francisco de Asís es, a la vez, simple y complejo: vivir de acuerdo con el Evangelio de N. S. Jesucristo. El Pobrecillo llegó en un momento histórico preciso para, con el ejemplo, mostrar que las verdades evangélicas pueden vivirse de manera radical, cosa que en su época, muchos religiosos no creían que fuera posible. El santo de Asís mantiene entre nosotros un mensaje de esperanza y de optimismo, a la vez que de férreo mandato. Nos ha mostrado que el camino a la santidad puede seguirse a pesar de cualesquiera obstáculos que nos presente la vida; solamente es imprescindible la conversión real, el decir ¡sí! a Dios para poner en práctica el Evangelio de N. S. Jesucristo.
       Ojalá y podamos decir con Francisco: “¡Oh alto y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento”. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
     
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
“mailto:alara(arroba)up.edu.mx”

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