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San Francisco de Asís

Estudios realizados en 1978 sobre su osamenta, indican que medía 1.60 metros de estatura exactamente

Segunda parte: una semblanza.

    No se tiene un registro de la fecha exacta del nacimiento de San Francisco, pero se cree que fue entre enero y junio de 1182, bajo el pontificado de Lucio III (1181-85), siendo emperador Federico I, el célebre Barbarroja. Hijo primogénito de messer Pietro Bernardone y madonna Pica, comerciantes de telas en Asís, recibió el nombre de Juan sin que su padre lo supiera, por encontrarse de viaje por tierras galas. Cuando regresó le cambió el nombre por el de Francesco, probablemente por su afición a la Francia.
    Estudios realizados en 1978 sobre su osamenta, indican que medía 1.60 metros de estatura exactamente; era de salud frágil, pero temperamento firme, de acero. Los cronistas de la época, entre ellos Tomás de Celano, aseguran que “tenía una voz vigorosa y dulce, clara y sonora, y estaba dotado de una inteligencia aguda y una memoria tenaz y muy rica”.
    Durante su juventud fue un adolescente alegre, casi podríamos decir que fue el precursor de nuestros jóvenes: gastaba sin medida, vestía las mejores telas, se esforzaba por ser el mejor y en divertir a los demás, y algo había en él, que, a diferencia de lo que ocurre hoy, estuvo lejos del disparate y de la envidia. Los historiadores, incluido san Buenaventura, no aclaran si la juventud de Francisco fue simplemente alegre o, además, licenciosa. La respuesta siempre será un misterio, pues Francisco se llevó ese y otros más, secretos a la tumba, por lo que toda afirmación o negación de pecados concretos será siempre mera especulación hipotética.
      Cuando Francisco tenía veinte años, estalló la guerra entre Asís y Perusa, y él, por su deber ciudadano, se alistó. En la batalla de Colestrada, librada en la llanura junto al puente de San Juan, en 1202, cayó prisionero junto con muchos asisienses. Comenzaba  su tiempo en prisión, y con ello, su conversión; dejaba en la cárcel su pasado. Después de ser liberado, cayó gravemente enfermo y durante los meses que tuvo que guardar cama, pudo reflexionar: sentía que Dios le llamaba. Al sanar se encontró con que las fiestas ya no le satisfacían, ni la vanidad le llenaba; pero se sobrepuso a la melancolía que eso le causaba y en 1204 nuevamente se llenó de osadía. En ese año, los ejércitos imperiales invadían Italia, por lo que Francisco se preparó para la guerra, pero el Señor tenía otros planes para él. Antes de llegar al lugar de la batalla, regresó a Asís.
    Comenzó su búsqueda; se hizo amigo de los pobres y desvalidos, rehuía la fiesta y el bullicio, y un día en que sus amigos lo pensaban coronar como rey de la juventud, Francisco rompió con ellos y declaró que se desposaría con la dama más bella de toda la creación: la Dama Pobreza. Corría el año de 1205 ó 1206, nacía el hermano Francisco.
     Pasaba largos ratos en una gruta y en una pequeña iglesia, la de San Damián, donde se entregaba a la oración. Un día, en presencia del Cristo de San Damián, le pareció que los divinos labios se abrían y creyó escuchar su voz que le decía: “Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala”. Es entonces cuando san Francisco da el gran paso. Rompe con el mundo, se separa de su padre terrenal en la terrible escena harto conocida, en la que se desnuda frente a la sociedad asisiense y frente al obispo Guido. Y reparó la Iglesia de Dios.
     Francisco tuvo momentos luminísimos en su vida, en los que dejó costumbres y tradiciones que perduran hasta nuestros días; por ejemplo, el rezo del Angelus a las doce del día, se le atribuye a él. Y el más significativo se dio en la Navidad de 1223: Francisco celebró solemnemente la natividad de Nuestro Señor en Greccio, y mandó preparar la ceremonia especial con estas palabras a un hombre del lugar, llamado Juan: “Prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre el heno entre el buey y el asno” (1Cel, 84). Con esta celebración dio inicio la tradición de los nacimientos en Navidad. Un año después, el Pobrecillo recibiría los estigmas y quedaría ciego.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara

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