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Redescubrir sobre ruedas... y a cuatro patas
Guadalajara es quizá la única ciudad del país donde los carruajes aún son jalados por caballos, un atractivo para los visitantes a esta Perla
GUADALAJARA, JALISCO (03/AGO/2014).- A la derecha se encuentra el antiguo edificio de teléfonos. ¿Ven al hombre de la estatua?, es Jorge Matute Remus, el ingeniero que lo movió 12 metros para ampliar esta Avenida Juárez, con únicamente cuatro rieles de ferrocarril. Sin la hazaña, la ciudad hubiera quedado incomunicada por un mes, cuenta el calandriero Martín Rodríguez cuando pasa por el histórico inmueble.
Palabras más o menos, el hombre tiene que hablar fuerte para que la proeza la escuchen sus pasajeros en la ruidosa vía. Es antes del mediodía y aunque el tránsito está despejado, el alboroto sonoro ensordece: los camiones que pasan por un lado, la aceleración de los carros, el sonido de un desesperado claxon.
El carruaje avanza lento por el lado derecho de la vía hasta llegar frente al Parque Revolución o Parque Rojo. Martín vuelve a tomar la palabra: “Aquí era la Penitenciaría del Estado, ahora es una estación del Tren”.
En la siguiente cuadra habla del edificio de la Universidad de Guadalajara. “El inmueble que había antes lo derribaron en la noche porque la gente no estaba de acuerdo, y después construyeron éste”, dice el hombre al tiempo que su dedo apunta a los cristales.
El caballo que lleva la carroza se detiene en el cruce con Enrique Díaz de León. Aunque es común ver calandrias en este punto y en la Zona Centro de la ciudad, los transeúntes voltean hacia el vehículo cuando escuchan el golpeteo de los hierros contra el pavimento; ya identifican el sonido, pero no deja de llamarles la atención.
Martín mueve la soga para indicarle al equino que vire a la izquierda para pasar al lado del Templo Expiatorio. “El estilo es neogótico, ¿ven el reloj ? Abajo, sobre la repisa salen 12 apóstoles cuando son las nueve, las 12 y las seis”, explica el calandriero. Después hace un sonido con los labios para que el caballo apresure el paso.
Hasta la icónica iglesia llega el paseo corto de una calandria que inicia su trayecto afuera del Museo Regional, Jardín San Francisco, Mercado San Juan de Dios, Plaza de Armas o Plaza Guadalajara. Antes, los pasajeros ya recorrieron Plaza Liberación, el Teatro Degollado, Palacio Legislativo, Palacio de Gobierno, el hotel Francés, Plaza Universidad, la Biblioteca Iberoamericana de Octavio Paz y otros lugares conocidos por la mayoría de los jaliscienses, pero redescubiertos a través de datos históricos que aunque podían saber o no, suelen olvidar con el ajetreo de la cotidianidad.
***
“¿El Hidalgo nunca se cansa de estar parado?”, dice Martín Rodríguez que eso le preguntaron un día unos defeños a los que paseaba en Plaza Liberación.
“Algunos turistas a veces hacen chistes, otros son muy serios y van todo el camino callados, hay de todo”. Antes de la temporada vacacional, el líder de las 55 calandrias que trabajan en el Centro, asegura que ya casi no salían paseos.
“Hay días en que nos vamos sin nada”. Él y sus colegas consideran que los recorridos turísticos que ofertan los camiones han causado que les baje la clientela, algo que les parece raro porque las calandrias son más baratas. “Por 200 pesos se pueden subir hasta cinco personas”.
Rodríguez explica que otro factor es que, por ejemplo, hay paquetes del Distrito Federal que incluyen hotel y el paseo en camión por el Centro, lo que los pone en desventaja con el turismo nacional. Pero la gente de Guadalajara sigue disfrutando de este medio de transporte.¿Quiénes se suben más? “Parejas, familias, niños, de todo, les gusta y casi siempre vuelven”, asegura.
El trato hacia el cliente también es factor para que regresen. Martín dice que dos veces al año la Secretaría de Turismo les da capacitación sobre cómo tratar al pasaje y les brinda información sobre los edificios importantes de la ciudad.
“También entre compañeros nos damos tips o compartimos cosas que oímos para estar actualizados”.
Que se maltrate a los caballos es falso. El hombre señala que cada calandria tiene dos equinos, lo que significa que ningún animal trabaja dos días seguidos ni jornadas mayores a ocho horas.
“Nos preguntan que si ellos cargan toda la carroza. Las ruedas tienen sistemas de valeros para que se aligere el peso de la calandria”, señala.
Para cuidar la salud de los caballos, el Ayuntamiento tapatío —con apoyo de la UdeG— hace revisiones continuas, subraya el trabajador. “También mucha gente piensa que se cansan de estar parados, pero es así es su estado natural”.
***
Rebeca Zermeño y su familia vienen de Chihuahua. Hasta el Estado norteño les llegó el rumor de que en Guadalajara aún había calandrias y ahora que están de vacaciones decidieron tomar un paseo a bordo de una de ellas. Por obvias razones eligieron el trayecto largo de 300 pesos: “Venir de tan lejos para el cortito, ¡pues no!”.
Ella, su esposo, y sus tres hijos abordan un carruaje frente al Museo Regional. A su izquierda se encuentra la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, que es donde están los restos de algunos de los personajes más importantes del Estado, explica Juan de Dios.
Después del Expiatorio, van rumbo a la Colonia Americana. Los pasajeros son callados, escuchan las explicaciones de las casas residenciales sin hablar.
La Casa China (por Lerdo de Tejada) es el primer innmueble por el que Rebeca se atreve a preguntar: “¿Es un museo?”. “Lo usan para eventos”, le contesta Juan.
Ni la Casa de los Abanicos (en Avenida Libertad), ni las moradas de Luis Barragán suscitan alguna otra palabra de los paseantes. Tras una hora y 10 minutos, Juan de Dios ayuda a bajar a la familia en el mismo punto que los recogió.
“Nos gustaron las iglesias”, dice la mujer, “aunque nos hubiera gustado bajarnos a tomar fotos en cada lugar, cuando apenas ibas a disparar el flash ya habían quedado atrás los edificios”.
TOMA NOTA
Los precios del paseo
- El paseo corto en calandria (30 a 40 minutos) cuesta 200 pesos.
- Paseo largo (una hora diez minutos) cuesta 300 pesos.
- La ruta que sale de San Juan de Dios pasa por el Parque Morelos, la Plaza de los Mariachis, el monumento Ramón Corona, las Nueve Esquinas, el templo Aranzazú y San Francisco de Asís.
Palabras más o menos, el hombre tiene que hablar fuerte para que la proeza la escuchen sus pasajeros en la ruidosa vía. Es antes del mediodía y aunque el tránsito está despejado, el alboroto sonoro ensordece: los camiones que pasan por un lado, la aceleración de los carros, el sonido de un desesperado claxon.
El carruaje avanza lento por el lado derecho de la vía hasta llegar frente al Parque Revolución o Parque Rojo. Martín vuelve a tomar la palabra: “Aquí era la Penitenciaría del Estado, ahora es una estación del Tren”.
En la siguiente cuadra habla del edificio de la Universidad de Guadalajara. “El inmueble que había antes lo derribaron en la noche porque la gente no estaba de acuerdo, y después construyeron éste”, dice el hombre al tiempo que su dedo apunta a los cristales.
El caballo que lleva la carroza se detiene en el cruce con Enrique Díaz de León. Aunque es común ver calandrias en este punto y en la Zona Centro de la ciudad, los transeúntes voltean hacia el vehículo cuando escuchan el golpeteo de los hierros contra el pavimento; ya identifican el sonido, pero no deja de llamarles la atención.
Martín mueve la soga para indicarle al equino que vire a la izquierda para pasar al lado del Templo Expiatorio. “El estilo es neogótico, ¿ven el reloj ? Abajo, sobre la repisa salen 12 apóstoles cuando son las nueve, las 12 y las seis”, explica el calandriero. Después hace un sonido con los labios para que el caballo apresure el paso.
Hasta la icónica iglesia llega el paseo corto de una calandria que inicia su trayecto afuera del Museo Regional, Jardín San Francisco, Mercado San Juan de Dios, Plaza de Armas o Plaza Guadalajara. Antes, los pasajeros ya recorrieron Plaza Liberación, el Teatro Degollado, Palacio Legislativo, Palacio de Gobierno, el hotel Francés, Plaza Universidad, la Biblioteca Iberoamericana de Octavio Paz y otros lugares conocidos por la mayoría de los jaliscienses, pero redescubiertos a través de datos históricos que aunque podían saber o no, suelen olvidar con el ajetreo de la cotidianidad.
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“¿El Hidalgo nunca se cansa de estar parado?”, dice Martín Rodríguez que eso le preguntaron un día unos defeños a los que paseaba en Plaza Liberación.
“Algunos turistas a veces hacen chistes, otros son muy serios y van todo el camino callados, hay de todo”. Antes de la temporada vacacional, el líder de las 55 calandrias que trabajan en el Centro, asegura que ya casi no salían paseos.
“Hay días en que nos vamos sin nada”. Él y sus colegas consideran que los recorridos turísticos que ofertan los camiones han causado que les baje la clientela, algo que les parece raro porque las calandrias son más baratas. “Por 200 pesos se pueden subir hasta cinco personas”.
Rodríguez explica que otro factor es que, por ejemplo, hay paquetes del Distrito Federal que incluyen hotel y el paseo en camión por el Centro, lo que los pone en desventaja con el turismo nacional. Pero la gente de Guadalajara sigue disfrutando de este medio de transporte.¿Quiénes se suben más? “Parejas, familias, niños, de todo, les gusta y casi siempre vuelven”, asegura.
El trato hacia el cliente también es factor para que regresen. Martín dice que dos veces al año la Secretaría de Turismo les da capacitación sobre cómo tratar al pasaje y les brinda información sobre los edificios importantes de la ciudad.
“También entre compañeros nos damos tips o compartimos cosas que oímos para estar actualizados”.
Que se maltrate a los caballos es falso. El hombre señala que cada calandria tiene dos equinos, lo que significa que ningún animal trabaja dos días seguidos ni jornadas mayores a ocho horas.
“Nos preguntan que si ellos cargan toda la carroza. Las ruedas tienen sistemas de valeros para que se aligere el peso de la calandria”, señala.
Para cuidar la salud de los caballos, el Ayuntamiento tapatío —con apoyo de la UdeG— hace revisiones continuas, subraya el trabajador. “También mucha gente piensa que se cansan de estar parados, pero es así es su estado natural”.
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Rebeca Zermeño y su familia vienen de Chihuahua. Hasta el Estado norteño les llegó el rumor de que en Guadalajara aún había calandrias y ahora que están de vacaciones decidieron tomar un paseo a bordo de una de ellas. Por obvias razones eligieron el trayecto largo de 300 pesos: “Venir de tan lejos para el cortito, ¡pues no!”.
Ella, su esposo, y sus tres hijos abordan un carruaje frente al Museo Regional. A su izquierda se encuentra la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, que es donde están los restos de algunos de los personajes más importantes del Estado, explica Juan de Dios.
Después del Expiatorio, van rumbo a la Colonia Americana. Los pasajeros son callados, escuchan las explicaciones de las casas residenciales sin hablar.
La Casa China (por Lerdo de Tejada) es el primer innmueble por el que Rebeca se atreve a preguntar: “¿Es un museo?”. “Lo usan para eventos”, le contesta Juan.
Ni la Casa de los Abanicos (en Avenida Libertad), ni las moradas de Luis Barragán suscitan alguna otra palabra de los paseantes. Tras una hora y 10 minutos, Juan de Dios ayuda a bajar a la familia en el mismo punto que los recogió.
“Nos gustaron las iglesias”, dice la mujer, “aunque nos hubiera gustado bajarnos a tomar fotos en cada lugar, cuando apenas ibas a disparar el flash ya habían quedado atrás los edificios”.
TOMA NOTA
Los precios del paseo
- El paseo corto en calandria (30 a 40 minutos) cuesta 200 pesos.
- Paseo largo (una hora diez minutos) cuesta 300 pesos.
- La ruta que sale de San Juan de Dios pasa por el Parque Morelos, la Plaza de los Mariachis, el monumento Ramón Corona, las Nueve Esquinas, el templo Aranzazú y San Francisco de Asís.