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Patogénesis poética
El poeta tapatío Luis Vicente de Aguinaga presenta este miércoles su más reciente libro en el Centro Cultural Casa Vallarta; aquí una selección hecha por él mismo
GUADALAJARA, JALISCO (28/OCT/2012).- El miércoles 31 de octubre, Luis Vicente de Aguinaga presentará en el Centro Cultural Casa Vallarta a las 20:00 horas su más reciente libro de poemas, "Séptico" (Ediciones Simiente, 2012), un largo poema en 12 apartados.
Otras publicaciones del jalisciense son: Adolescencia y otras cuentas pendientes (Conaculta, 2011), Fractura expuesta (2008), Trece (2007), Por una vez contra el otoño (2004), Reducido a Polvo (2004), Cien tus ojos (2003), El agua circular, el fuego (1995), Piedras hundidas en la piedra (1992), Nombre (1990) y Noctambulario (1989).
Además de sus libros de poemas, Luis Vicente es autor de otras publicaciones de ensayo, crítica e investigación literaria, y también ha hecho traducciones de poesía.
Es profesor de literatura e historia de la cultura en la Universidad de Guadalajara, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha sido becario del Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Jalisco (1992), del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Programa de Jóvenes Creadores, 1995-1996 y 2002-2003. Ha ganado el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
1
Cómo voy a dormir
si el cortaúñas está solo.
Con qué voy a soñar
si no encuentro mi almohada
ni entiendo qué cosa sean las tres, las ocho y cuarto, el mes
que viene.
A ver quién me lo explica.
Esta cuchara estaba en su lugar;
ahora resulta
que la cuchara sigue donde mismo
pero ya no hay lugar en torno a ella
ni arriba, ni debajo, ni en mi boca.
Ya no quiero fideos. Ya no quiero frijoles. Ya no quiero
tortillas.
Le regalo mi postre al que me cuente
qué opinan de la vida los difuntos,
del día las estrellas,
la nuca de la frente.
Cada sombra es un foco atrás de un cuerpo.
Cada grano de azúcar
trae debajo una hormiga.
6
Porque al morir el perro
debió morir dos veces
la pulga en concordancia:
una
de pasmo, de tristeza, de abandono
y otra de muerte natural,
sin patetismo ni agonía,
de pura negación;
muerte de ser aniquilada,
no de morirse poco a poco.
Pero no se murió
ni mucho menos. Ni a melón
le supo.
Se quedó abajo de la cama
con su pepsi de un litro y sus galletas,
tarareando una cumbia indestructible.
Sin el perro está sola como un perro.
Santo remedio, porque busca otro perro.
9
Everything grows
Under the skin
Bajo la piel
crece de todo.
Uñas por dentro de las uñas. Lunares invisibles.
Bajo la piel renacen lenguas muertas.
Bajo la piel
todo se mueve.
Si algo murmura.
Si algo late o respira.
Si algo murmura
y es como un jadeo que alcanzamos a oír a las tres de la mañana.
Si algo late
y es como si al entrar al baño comprendiéramos que hay alguien
tras la cortina de la regadera.
Si una sombra pasa por el espejo
mientras nos tocamos un pómulo con tres dedos, como buscando
algo.
Y sé que si me agacho
fingiendo que debo recoger cosas del piso,
algo estará moviéndose adentro de mis pies,
trepando por mis piernas,
anidando con tímidos latidos en mi vientre, mis costillas, mis brazos.
Otras publicaciones del jalisciense son: Adolescencia y otras cuentas pendientes (Conaculta, 2011), Fractura expuesta (2008), Trece (2007), Por una vez contra el otoño (2004), Reducido a Polvo (2004), Cien tus ojos (2003), El agua circular, el fuego (1995), Piedras hundidas en la piedra (1992), Nombre (1990) y Noctambulario (1989).
Además de sus libros de poemas, Luis Vicente es autor de otras publicaciones de ensayo, crítica e investigación literaria, y también ha hecho traducciones de poesía.
Es profesor de literatura e historia de la cultura en la Universidad de Guadalajara, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha sido becario del Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Jalisco (1992), del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Programa de Jóvenes Creadores, 1995-1996 y 2002-2003. Ha ganado el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
1
Cómo voy a dormir
si el cortaúñas está solo.
Con qué voy a soñar
si no encuentro mi almohada
ni entiendo qué cosa sean las tres, las ocho y cuarto, el mes
que viene.
A ver quién me lo explica.
Esta cuchara estaba en su lugar;
ahora resulta
que la cuchara sigue donde mismo
pero ya no hay lugar en torno a ella
ni arriba, ni debajo, ni en mi boca.
Ya no quiero fideos. Ya no quiero frijoles. Ya no quiero
tortillas.
Le regalo mi postre al que me cuente
qué opinan de la vida los difuntos,
del día las estrellas,
la nuca de la frente.
Cada sombra es un foco atrás de un cuerpo.
Cada grano de azúcar
trae debajo una hormiga.
6
Porque al morir el perro
debió morir dos veces
la pulga en concordancia:
una
de pasmo, de tristeza, de abandono
y otra de muerte natural,
sin patetismo ni agonía,
de pura negación;
muerte de ser aniquilada,
no de morirse poco a poco.
Pero no se murió
ni mucho menos. Ni a melón
le supo.
Se quedó abajo de la cama
con su pepsi de un litro y sus galletas,
tarareando una cumbia indestructible.
Sin el perro está sola como un perro.
Santo remedio, porque busca otro perro.
9
Everything grows
Under the skin
Bajo la piel
crece de todo.
Uñas por dentro de las uñas. Lunares invisibles.
Bajo la piel renacen lenguas muertas.
Bajo la piel
todo se mueve.
Si algo murmura.
Si algo late o respira.
Si algo murmura
y es como un jadeo que alcanzamos a oír a las tres de la mañana.
Si algo late
y es como si al entrar al baño comprendiéramos que hay alguien
tras la cortina de la regadera.
Si una sombra pasa por el espejo
mientras nos tocamos un pómulo con tres dedos, como buscando
algo.
Y sé que si me agacho
fingiendo que debo recoger cosas del piso,
algo estará moviéndose adentro de mis pies,
trepando por mis piernas,
anidando con tímidos latidos en mi vientre, mis costillas, mis brazos.