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Oaxaca y sus mil colores
El estado del sur tiene una larga tradición textil en el que cada pieza es única
GUADALAJARA, JALISCO (03/ABR/2016).- En
Oaxaca el cielo es una cobija azul que se desdobla suavemente en diversos tonos hasta besar la tierra. Es donde las montañas tienen verdes de mil matices, encimados unos sobre otros, revueltos en un crisol que se funde eternamente. Es donde los colores se ven, se tocan y se respiran.
La entidad del Sur del país ya tenía una larga tradición textil antes de que México fuera nación e incluso antes de que este Estado fuera conocido por su actual nombre. Los pueblos prehispánicos de sus valles, mesetas y montañas eran consumados artistas en la elaboración de telas, de las que se desprendían mil colores.
Dos son las ciudades que mantienen vivas las milenarias tradiciones de los tejidos más finos en esta entidad: Teotitlán del Valle y Santa María del Valle. Ambas urbes de tamaño mediano le presumen al mundo la maestría que tienen sus artesanos en las manos y los ojos.
Espíritu zapoteca
Caminar por Santa Ana del Valle (a 39 kilómetros de la capital) es como dar una vuelta por otro mundo. Aquí se escucha zapoteca, se vive como ellos y se rigen por tradiciones que son centenarias. Sus habitantes han sido por generaciones maestros tejedores, y el límite solamente se encuentra en su imaginación.
Tapetes, jorongos, morrales y gabanes son algunas de las piezas que han hecho popular a esta comunidad a nivel mundial, por su buena hechura, sus colores y los patrones que forman.
El arte de tejer es su orgullo, pero no necesariamente un secreto. Aquí los talleres de los grandes maestros están abiertos, para que cuando vayas admires la forma en que trabajan con cada hilo. Verlo es cosa de deleite, porque más allá de la destreza, lo que ellos imprimen en cada una de las piezas que crean es talento en su estado más puro, espíritu impregnado en la artesanía. Si tienes tiempo en tu visita, también es recomendable visitar el Museo Comunitario, que se encuentra en el corazón de la ciudad.
El lugar de los dioses
En lengua náhuatl, Teotitlán significa “lugar de los dioses”. Y al ver el trabajo que desempeñan sus habitantes en los telares, queda claro el por qué del nombre. Al igual que en Santa Ana, aquí son famosos los productos tejidos.
Tapetes, chamarras, bolsas, sarapes, tapices, “pasillos”, alfombras, cortinas y vestidos son elaborados en grandes telares de madera y decorados con tintes naturales, cuyos diseños van desde los tradicionales de grecas y glifos zapotecos y mixtecos, hasta reproducciones de pintores contemporáneos.
Lo que se aprecia de su producción es que al ser artesanal, cada pieza es única. No habrá dos tapetes, chamarras o sarapes iguales en el planeta entero. Cada pieza es un tesoro creado con la experiencia acumulada de los maestros zapotecos.
La coloración de la lana se obtiene con tintas naturales. ¿Y de dónde se obtienen? De plantas e insectos, como: huizache, añil, cochinilla, índigo, musgo de roca, flor de cempasúchil, entre otros. También aquí las casas de los artesanos se encuentran abiertas, para disfrute de las almas aventureras que desean ver el proceso de primera mano.
Oaxaca no se parece a ningún otro lugar. Sus comunidades conservan el aire señorial de épocas legendarias. Su comida es la combinación de todos los sabores de la tierra y sus colores vibran con la fuerza de mil soles.
La entidad del Sur del país ya tenía una larga tradición textil antes de que México fuera nación e incluso antes de que este Estado fuera conocido por su actual nombre. Los pueblos prehispánicos de sus valles, mesetas y montañas eran consumados artistas en la elaboración de telas, de las que se desprendían mil colores.
Dos son las ciudades que mantienen vivas las milenarias tradiciones de los tejidos más finos en esta entidad: Teotitlán del Valle y Santa María del Valle. Ambas urbes de tamaño mediano le presumen al mundo la maestría que tienen sus artesanos en las manos y los ojos.
Espíritu zapoteca
Caminar por Santa Ana del Valle (a 39 kilómetros de la capital) es como dar una vuelta por otro mundo. Aquí se escucha zapoteca, se vive como ellos y se rigen por tradiciones que son centenarias. Sus habitantes han sido por generaciones maestros tejedores, y el límite solamente se encuentra en su imaginación.
Tapetes, jorongos, morrales y gabanes son algunas de las piezas que han hecho popular a esta comunidad a nivel mundial, por su buena hechura, sus colores y los patrones que forman.
El arte de tejer es su orgullo, pero no necesariamente un secreto. Aquí los talleres de los grandes maestros están abiertos, para que cuando vayas admires la forma en que trabajan con cada hilo. Verlo es cosa de deleite, porque más allá de la destreza, lo que ellos imprimen en cada una de las piezas que crean es talento en su estado más puro, espíritu impregnado en la artesanía. Si tienes tiempo en tu visita, también es recomendable visitar el Museo Comunitario, que se encuentra en el corazón de la ciudad.
El lugar de los dioses
En lengua náhuatl, Teotitlán significa “lugar de los dioses”. Y al ver el trabajo que desempeñan sus habitantes en los telares, queda claro el por qué del nombre. Al igual que en Santa Ana, aquí son famosos los productos tejidos.
Tapetes, chamarras, bolsas, sarapes, tapices, “pasillos”, alfombras, cortinas y vestidos son elaborados en grandes telares de madera y decorados con tintes naturales, cuyos diseños van desde los tradicionales de grecas y glifos zapotecos y mixtecos, hasta reproducciones de pintores contemporáneos.
Lo que se aprecia de su producción es que al ser artesanal, cada pieza es única. No habrá dos tapetes, chamarras o sarapes iguales en el planeta entero. Cada pieza es un tesoro creado con la experiencia acumulada de los maestros zapotecos.
La coloración de la lana se obtiene con tintas naturales. ¿Y de dónde se obtienen? De plantas e insectos, como: huizache, añil, cochinilla, índigo, musgo de roca, flor de cempasúchil, entre otros. También aquí las casas de los artesanos se encuentran abiertas, para disfrute de las almas aventureras que desean ver el proceso de primera mano.
Oaxaca no se parece a ningún otro lugar. Sus comunidades conservan el aire señorial de épocas legendarias. Su comida es la combinación de todos los sabores de la tierra y sus colores vibran con la fuerza de mil soles.