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Nuevo canon, la misma pregunta
''Vértigo'', es la mejor película de todos los tiempos según la reciente encuesta de la revista ''Sight & Sound''
GUADALAJARA, JALISCO (19/AGO/2012).- ¿Para qué sirve hacer listas? Además de que mantienen entretenidos a los expertos, las listas de “lo mejor de” pretenden servir como guías del gusto de una época. Y por eso el revuelo que levantó a principios de agosto la publicación "Sight & Sound" del Instituto Británico del Cine (British Film Institute, BFI), cuando emitió su más reciente edición de la dorada lista que hace cada década sobre las mejores películas de todos los tiempos. Participaron esta vez 846 invitados y el resultado fue un divertido escándalo: ya no ganó, como desde hace 50 años, "El ciudadano Kane" de Orson Welles, sino que se aupó, respetada y sólidamente, "Vértigo" de Alfred Hitchcock.
El espectador interesado puede meterse a internet y “guglear” listas similares; las hallará prestigiosas y prestigiadas o ridículas e insostenibles, pero por cientos, al punto de que cabría organizar un top ten del top ten del cine para divertirse un poco. La lista del BFI está allí, sin embargo, como un recordatorio de que espectadores muy inspirados pretenden cada tanto establecer cánones de lo que hay de memorable en este arte: un recorrido por piezas notables que pueden ser entretenidas pero que también pueden ampliar sus perspectivas sobre lo que es el cine y lo que puede decirle hoy al público. Hay algo imperecedero en ciertas películas, algo que sobrevive a los gustos de una década o a las expectativas intelectuales de una época en concreto. Hay ciertas razones, mandan decir los críticos, por las cuales "El ciudadano Kane" y "Vértigo", así como el cine de Bergman, de Godard, de Murnau o de Wilder siguen teniendo vigencia. En ellas seguimos viendo reflejadas las preocupaciones de los seres humanos en general, o esbozadas algunas respuestas sobre dilemas perpetuos, más allá de la tecnología que se pone de moda con el estreno del verano pasado, del héroe de acción que salta a la fama para placer de las revistas de espectáculos o de la pareja romántica que nos roba la atención y los suspiros desde la butaca.
"Vértigo", en concreto, la nueva reina de la lista del BFI, siempre ha gozado del favor de los críticos. La mayoría de las plumas “serias” la consideran la mejor entre las cintas de Hitchcock, que a su vez está identificado desde hace décadas —sobre todo después de su muerte en 1982, apuntan algunos— como uno de los grandes inventores del lenguaje cinematográfico que hoy reconocemos. El cliché lo bautiza “mago del suspense” y su cine más conocido es un conjunto de cintas que son principalmente entretenidas, historias con un misterio que adivinar y un protagonista que esperamos que se salve.
"Vértigo" va más allá en sus pretensiones narrativas y sigue teniendo el poder de mantener al filo del sillón al público: sigue a un hombre —interpretado por el añorado James Stewart— que se ha obsesionado con una suicida —la hermosa Kim Novak— y años más adelante vuelve a encontrarla en otra. Las vueltas que da el guión sobre la obsesión del personaje encantan a los estudiosos de cine, pero en 1953, cuando la cinta se estrenó, fue uno de los grandes fracasos de Hitchcock. Medio siglo después, una respetada comunidad de profesionales la califica “superior” a aquélla otra, "Kane", la película que siempre nos dicen que es la mejor de todos los tiempos.
"Vértigo" es una cinta sobre la fascinación, ha escrito, por ejemplo, José de la Colina: la que padece el protagonista por la mujer a la que persigue y la que la historia de Hitchcock produce sobre el espectador. Habla de un hombre perdido en sus alucinaciones y su sospecha de que el mundo le oculta algo, convencido de que el mundo en el que vivimos escamotea a los individuos las verdades completas, pero decidido a desenterrarlas aunque se pierda en ellas. ¿Nos reconocemos en una historia así? Nuestra época ¿encuentra un eco de entender nuestras preocupaciones, nuestros intereses y nuestros dilemas en aquella vieja cinta de Hitchcock?
Un poco más, pero no mucho menos
Las preguntas quedan abiertas con el nuevo canon propuesto por "Sight & Sound", que cambia, sin embargo, en muy pocos detalles salvo por la medalla de oro para "Vértigo". Sigue incluyendo a "Kane", en el honroso segundo lugar, seguido por "Historia de Tokio" de Yasujiro Ozu, "La regla del juego" de Jean Renoir y "Amanecer", de Murnau. Notablemente, "Vértigo" es la más “joven” de este top cinco, y fue hecha en 1958. De hecho hay pocas cintas contemporáneas entre las 50 del BFI y no son precisamente comerciales; las más jóvenes son "Deseando amar", de Wong Kar Wai y "Mullholand" Dr. de David Lynch. Pero, por ejemplo: ¿cuántos espectadores tapatíos habrán visto la película que, de acuerdo con Sight & Sound, es la 35 mejor de todos los tiempos y fue terminada apenas en 1994: Sátántangó, de Béla Tarr? Como pistas, es húngara, está filmada en blanco y negro y dura poco más de siete horas.
Y luego podría oponerse este canon a otros, igualmente vigentes y modernos: el sitio web "They shoot pictures, don’t they?", por ejemplo, que reúne opiniones de críticos, artistas y profesionales de cine de todo el mundo, afirma que la mejor sigue siendo "Kane", que "Vértigo" es la segunda… y todo en adelante es distinto, porque en su top ten sí están por ejemplo 2001 de Kubrick y "El padrino" de Coppola. "They shoot pictures" actualiza constantemente su lista y ofrece una enorme variedad de recursos para analizarla. Por supuesto, ninguna de estas dos listas tiene nada que ver con el "ranking" de popularidad de la conocida web Internet "Movie Database" (Imdb.com), en la que participa cualquier usuario que lo desee, con sus votos: "Sueños de fuga" (The Shawshank redemption, 1994) es, en este particular canon, la mera mera.
También queda abierta la opción de no preocuparse demasiado por las listas y, a cambio, irse a las tiendas donde venden películas y atreverse a descubrir qué hay en la mencionada "Sátántangó" o en las otras 49 obras de la lista del BFI. Porque, ¿de verdad el genio, la precisión narrativa, la temeridad innovadora de Welles en Kane son un poquito inferiores a las virtudes de "Vértigo"? ¿Vale la pena compararlos entre sí? ¿Y en qué posición, entre ellos, hay que acomodar a Kurosawa, a Ford, a Renoir, a Tarkovsky…? En la lista hay una película de Martin Scorsese, pero ninguna, por ejemplo, de Woody Allen; ¿quiere decir que este segundo vale menos la pena o que los críticos, como decimos de los meteorólogos, siempre se equivocan?
El espectador interesado puede meterse a internet y “guglear” listas similares; las hallará prestigiosas y prestigiadas o ridículas e insostenibles, pero por cientos, al punto de que cabría organizar un top ten del top ten del cine para divertirse un poco. La lista del BFI está allí, sin embargo, como un recordatorio de que espectadores muy inspirados pretenden cada tanto establecer cánones de lo que hay de memorable en este arte: un recorrido por piezas notables que pueden ser entretenidas pero que también pueden ampliar sus perspectivas sobre lo que es el cine y lo que puede decirle hoy al público. Hay algo imperecedero en ciertas películas, algo que sobrevive a los gustos de una década o a las expectativas intelectuales de una época en concreto. Hay ciertas razones, mandan decir los críticos, por las cuales "El ciudadano Kane" y "Vértigo", así como el cine de Bergman, de Godard, de Murnau o de Wilder siguen teniendo vigencia. En ellas seguimos viendo reflejadas las preocupaciones de los seres humanos en general, o esbozadas algunas respuestas sobre dilemas perpetuos, más allá de la tecnología que se pone de moda con el estreno del verano pasado, del héroe de acción que salta a la fama para placer de las revistas de espectáculos o de la pareja romántica que nos roba la atención y los suspiros desde la butaca.
"Vértigo", en concreto, la nueva reina de la lista del BFI, siempre ha gozado del favor de los críticos. La mayoría de las plumas “serias” la consideran la mejor entre las cintas de Hitchcock, que a su vez está identificado desde hace décadas —sobre todo después de su muerte en 1982, apuntan algunos— como uno de los grandes inventores del lenguaje cinematográfico que hoy reconocemos. El cliché lo bautiza “mago del suspense” y su cine más conocido es un conjunto de cintas que son principalmente entretenidas, historias con un misterio que adivinar y un protagonista que esperamos que se salve.
"Vértigo" va más allá en sus pretensiones narrativas y sigue teniendo el poder de mantener al filo del sillón al público: sigue a un hombre —interpretado por el añorado James Stewart— que se ha obsesionado con una suicida —la hermosa Kim Novak— y años más adelante vuelve a encontrarla en otra. Las vueltas que da el guión sobre la obsesión del personaje encantan a los estudiosos de cine, pero en 1953, cuando la cinta se estrenó, fue uno de los grandes fracasos de Hitchcock. Medio siglo después, una respetada comunidad de profesionales la califica “superior” a aquélla otra, "Kane", la película que siempre nos dicen que es la mejor de todos los tiempos.
"Vértigo" es una cinta sobre la fascinación, ha escrito, por ejemplo, José de la Colina: la que padece el protagonista por la mujer a la que persigue y la que la historia de Hitchcock produce sobre el espectador. Habla de un hombre perdido en sus alucinaciones y su sospecha de que el mundo le oculta algo, convencido de que el mundo en el que vivimos escamotea a los individuos las verdades completas, pero decidido a desenterrarlas aunque se pierda en ellas. ¿Nos reconocemos en una historia así? Nuestra época ¿encuentra un eco de entender nuestras preocupaciones, nuestros intereses y nuestros dilemas en aquella vieja cinta de Hitchcock?
Un poco más, pero no mucho menos
Las preguntas quedan abiertas con el nuevo canon propuesto por "Sight & Sound", que cambia, sin embargo, en muy pocos detalles salvo por la medalla de oro para "Vértigo". Sigue incluyendo a "Kane", en el honroso segundo lugar, seguido por "Historia de Tokio" de Yasujiro Ozu, "La regla del juego" de Jean Renoir y "Amanecer", de Murnau. Notablemente, "Vértigo" es la más “joven” de este top cinco, y fue hecha en 1958. De hecho hay pocas cintas contemporáneas entre las 50 del BFI y no son precisamente comerciales; las más jóvenes son "Deseando amar", de Wong Kar Wai y "Mullholand" Dr. de David Lynch. Pero, por ejemplo: ¿cuántos espectadores tapatíos habrán visto la película que, de acuerdo con Sight & Sound, es la 35 mejor de todos los tiempos y fue terminada apenas en 1994: Sátántangó, de Béla Tarr? Como pistas, es húngara, está filmada en blanco y negro y dura poco más de siete horas.
Y luego podría oponerse este canon a otros, igualmente vigentes y modernos: el sitio web "They shoot pictures, don’t they?", por ejemplo, que reúne opiniones de críticos, artistas y profesionales de cine de todo el mundo, afirma que la mejor sigue siendo "Kane", que "Vértigo" es la segunda… y todo en adelante es distinto, porque en su top ten sí están por ejemplo 2001 de Kubrick y "El padrino" de Coppola. "They shoot pictures" actualiza constantemente su lista y ofrece una enorme variedad de recursos para analizarla. Por supuesto, ninguna de estas dos listas tiene nada que ver con el "ranking" de popularidad de la conocida web Internet "Movie Database" (Imdb.com), en la que participa cualquier usuario que lo desee, con sus votos: "Sueños de fuga" (The Shawshank redemption, 1994) es, en este particular canon, la mera mera.
También queda abierta la opción de no preocuparse demasiado por las listas y, a cambio, irse a las tiendas donde venden películas y atreverse a descubrir qué hay en la mencionada "Sátántangó" o en las otras 49 obras de la lista del BFI. Porque, ¿de verdad el genio, la precisión narrativa, la temeridad innovadora de Welles en Kane son un poquito inferiores a las virtudes de "Vértigo"? ¿Vale la pena compararlos entre sí? ¿Y en qué posición, entre ellos, hay que acomodar a Kurosawa, a Ford, a Renoir, a Tarkovsky…? En la lista hay una película de Martin Scorsese, pero ninguna, por ejemplo, de Woody Allen; ¿quiere decir que este segundo vale menos la pena o que los críticos, como decimos de los meteorólogos, siempre se equivocan?