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No hay arte, sólo prácticas significadoras

Literatura

Se dice de Laura (Riding) Jackson que: “En 1943 se mudó a Wabasso, Florida, se recluyó y desde entonces no volvió a usar la poesía. Tampoco volvió a usar el teléfono ni la electricidad”.

Al saber esto se despertó en mí una curiosidad casi patológica, al grado de pensar que quien escribió este dato en un libro de crítica estaba inventando a Laura Riding, pero este pensamiento fue desechado al encontrarme con una novela de su autoría.

Buscándola, es inevitable ir a dar con la biografía de Robert Graves, en cuya historia ella fue un elemento interesantísimo, debido a que Graves fue acusado de haberle plagiado la idea para su libro La Diosa Blanca, pero antes de emitir alguna opinión acerca del tema habría que contemplar dos aspectos: primero, ambos escribieron en coautoría A Survey of Moddernist Poetry. Segundo, no estaría de más escuchar la siguiente afirmación de Laura Riding:
“La primera (¡y última vez!) que me invitaron a hablar en una universidad, un estudiante me reclamó, ya que, según él, cedía mis ideas a otros, atribuyéndoselas en mis textos, incluso entrecomillándolas. Yo respondí que si yo había tenido una idea después de leer otra de alguien más, concedérsela me parecía lo más comprensible. Lo aberrante sería lo contrario: alegar que en un diálogo ciertas ideas han sido 'mías'.

Así que le dije a aquel muchacho que no encontraba razón válida para interrumpir el discurso sólo para adjudicarme una idea. Personalizar los juicios literarios es una costumbre del siglo XIX, ¿no es así? Qué enfado... Detener el flujo del discurso sólo para estorbosamente acotar que esta o aquella idea han sido mías me parecería lactante. Además, a veces, entrecomillo mis ideas personales y les adjunto un nombre propio ajeno para hacer más divertida la lectura. ¿Acaso no son más interesantes los diálogos encendidos que los simples soliloquios? Desde niña siempre he tenido amigos imaginarios”.

Así que (Riding) Jackson nos muestra, de un plumazo, que no hay que confundir la realidad con el lenguaje, o divertirnos con el equívoco.

El título de su libro Anarchism is not enough es revelador, escrito a sus 28 años, se trata de una obra experimental que incluye crítica literaria, breves prosas y un texto de 100 páginas: Jocasta.

Y si en algún momento de su vida renegó de escribir poesía, aludiendo a que los lectores irían a ella en lugar de frecuentar sus ensayos, no veo por qué no podamos disfrutar de las prerrogativas que nos concede el que alguna vez ella haya incurrido en este género, así pues, he aquí una muestra:
 
Debemos aprender mejor
lo que somos y lo que no.
No somos el viento.
No somos el humor trashumante que incita
nuestras mentes a un vertiginoso desamparo.
Debemos distinguir mejor
entre nosotros y los extraños.

Hay muchas cosas que no somos.
Hay muchas cosas que no son.
Hay muchas cosas que no debemos ser.

The Why of the Wind
 
Escritora extraña por sus ideas sobre el hecho de escribir y sus maneras de hacerlo, es hasta ahora desconocida en español, considero pertinente entonces traerla a cuento ya que escribió reflexiones originalísimas. Confróntese este fragmento de su ensayo Lenguaje y Ociosidad:
“El lenguaje es una forma de ociosidad. La palabras son un compromiso entre lo que es posible de decir y lo que no es imposible de decir.

Esto es, la expresión misma es una forma de ociosidad. La causa de la expresión son los poderes incompletos del entendimiento y la comunicación: la distribución desigual de la inteligencia. El lenguaje no intenta alterar esta distribución; acepta la desigualdad y hace posible la compenetración matemática entre los grados de inteligencia que se presentan en una gama común. Los grados de la inteligencia en cada extremo son, naturalmente, descuidados y, sin embargo, éstos son obviamente los más importantes.

 La prosa es la matemática de la expresión. La palabra es una conveniencia numérica en la cual lo conocido y lo desconocido son reunidos para funcionar como el lugar de encuentro de aquel que sabe y aquel que no sabe. La palabra prosística no consigue ninguna redistribución de la inteligencia; meramente declara la desigualdad, y como tal incluso como expresión no tiene ninguna realidad, es una cifra vacía.

La poesía es el intento de hacer que el lenguaje haga más que simplemente expresar; hacerlo funcionar; hacerlo redistribuir la inteligencia por medio de la palabra. Si logra esto el problema de la comunicación desaparece”.

Nacida en 1901 en Nueva York, para el año de 1926 se encontraba en Inglaterra donde inició una carrera literaria en la que abordó temas como el jazz, la poesía, la clase alta o sus contemporáneos, tópicos tratados siempre con ánimo adverso, fabricándose una reputación de antipática. Regresó a Estados Unidos en 1939 y siendo enemiga declarada de la crítica, se burlaba de ella no sin cierta lucidez:
“Una vez escuché a (William Carlos) Williams presumir que acababa de reseñar Parade's End de Ford Madox Ford. Como no me gusta arruinar las pequeñas felicidades humanas, no quise levantarme de mi mesa para irle a preguntar cuál de las nueve obras que es Parade's End había reseñado”.

Y si el estudioso de su obra Charles Berstein afirmó que “no hay arte, sólo prácticas significadoras”, con esta frase quizá nos pone en el camino de la comprensión de su obra mientras leemos las casi 500 páginas de sus poemas y los ensayos en los que disuelve nociones crípticas propias de la crítica, y gracias a esa disolución (al parecer parte de su programa escritural), afirmo que fue aguda incitadora, una renegada del hecho que dio origen a su forma más concreta de estar en el mundo: precisamente la escritura.

Cierro esta nota con un fragmento titulado What is a poem? (¿Qué es un poema?):
 
“Un poema no es nada. Por terquedad el poema puede ser convertido en algo; pero entonces es algo, no es un poema... La transformación de nada en algo es la tarea maldita del crítico. La literatura es la bodega de esos algos rescatados... Pero incluso así, la literatura es preferible a la experiencia, ya que es lo más cercano que uno puede estar de la nada”.
 
(La traducción de los textos en prosa aquí incluidos de Laura Riding pertenece a Heriberto Yépez).

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