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Música, letras y contrapunto
Un paseo por la vida del director Luis Herrera de la Fuente
Un viejo conocido de la escena musical tapatía es noticia nuevamente estos días. El director de orquesta y compositor, Luis Herrera de la Fuente (1916), considerado uno de los músicos más importantes e influyentes del siglo XX en México, será objeto de un homenaje por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) el próximo 15 de marzo en el Palacio de Bellas Artes, donde recibirá la medalla de oro de dicha institución, como reconocimiento a una trayectoria marcada -como él mismo apunta- por el ánimo constante de lograr una mayor difusión del arte musical en este país a lo largo de su carrera de más de 60 años.
Herrera de la Fuente ha anunciado además, que trabaja en un libro en el que buscará compartir lo vivido a lo largo de su trayectoria como director: “No se trata de un tratado de dirección de orquesta, ni de un libro técnico, es más bien un relato de mis experiencias frente a las orquestas”. Un libro que, desde un punto de vista humano, habrá de presentar “las partes oscuras en contraste con las partes brillantes”, afirma el maestro, quien también asegura que no tiene aún fecha para su publicación.
No será éste su primer trabajo en el ámbito editorial. De sus anteriores incursiones destaca “La música no viaja sola”, una obra de carácter autobiográfico editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) en 1998, llena de valiosas memorias y pasajes en los que desfilan importantes actores de la cultura del siglo pasado.
Objeto de múltiples reconocimientos, Herrera de la Fuente es recordado por su papel al frente de la Orquesta Sinfónica de Minería, la Filarmónica de la Ciudad de México y la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que llevó a cabo varias giras internacionales, entre otros muchos logros.
Sin embargo, su paso por lo Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) no fue por mucho lo que se esperaba. Elegido por el Patronato de la Formación Musical en el año 2000, para sustituir a Guillermo Salvador al frente de la orquesta, llegó a esta ciudad rodeado de las más altas expectativas, como no podía ser de otra manera dada su trascendencia. Pero las opiniones divididas y el desencuentro se iniciaron pronto.
El maestro pedía un mayor presupuesto para la orquesta, mayor control sobre la selección musical, nuevos instrumentos, músicos de mayor calidad e inclusive mejoras en el Teatro Degollado, aspectos que consideraba indispensables para el desarrollo de la OFJ, a la que se proponía llevar a otro nivel. Al parecer, las exigencias no sentaron muy bien en los diversos organismos relacionados con la administración de la formación musical. La entonces titular de la Secretaría de Cultura, Sofía González Luna, pedía que Herrera de la Fuente entendiera “las limitaciones del presupuesto estatal”, a la vez que marcaba que el incremento que se pudiera dar en recursos para la OFJ tendría que provenir de la iniciativa privada, generando una situación tensa en la que se pedía la intervención del entonces Gobernador del Estado, Francisco Ramírez Acuña.
El Patronato de la Filarmónica de Jalisco, por su parte, se mostró muy pronto inconforme con que el maestro tuviese que ausentarse de Guadalajara durante gran parte del tiempo para atender una serie de obligaciones laborales y académicas que le reclamaban en otras partes de México, ausencias en las que dejaba a cargo de la orquesta a Francisco Orozco. Para terminar de complicar la situación, se generó un descontento en el interior de la OFJ por el despido de algunos de sus integrantes.
En este asunto queda claro que hace falta todavía escuchar y analizar las versiones de las partes en conflicto -alejadas de cualquier carácter institucional- para comprender mejor lo acontecido en aquellos días. Lo cierto es que el nivel de la orquesta cayó notablemente y esta situación, aunada a los problemas de salud de Herrera de la Fuente, dieron pie a la conclusión de este episodio con la renuncia del afamado director a mediados de 2003.
A inicios de ese mismo año se anunció por todo lo alto la creación de una casa o compañía de ópera que tendría su sede en el Teatro Degollado, al que se buscaría convertir en un “teatro de ópera” como los de las grandes capitales culturales del mundo. Esto daría como resultado que esta ciudad contara con una temporada anual que presentaría lo mejor del repertorio operístico de todas las épocas. El proyecto contemplaba la creación de un centro de formación artística multidisciplinaria, que sería también encargado de la producción, tomando el ejemplo de ciudades como Milán.
A pesar de la renuncia del maestro Herrera de la Fuente a la dirección de la OFJ, se dijo en su momento que éste seguiría a cargo de llevar a buen término el proyecto, pero lo cierto es que hoy en día no existe noticia de cómo fue que se frustró dicha empresa.
Sería injusto pensar que la carrera de Luis Herrera de la Fuente se pudiera ver opacada por estos hechos. Ojalá en su próximo libro encontráramos referencia a ellos y pudiésemos tener una visión más amplia.
Herrera de la Fuente ha anunciado además, que trabaja en un libro en el que buscará compartir lo vivido a lo largo de su trayectoria como director: “No se trata de un tratado de dirección de orquesta, ni de un libro técnico, es más bien un relato de mis experiencias frente a las orquestas”. Un libro que, desde un punto de vista humano, habrá de presentar “las partes oscuras en contraste con las partes brillantes”, afirma el maestro, quien también asegura que no tiene aún fecha para su publicación.
No será éste su primer trabajo en el ámbito editorial. De sus anteriores incursiones destaca “La música no viaja sola”, una obra de carácter autobiográfico editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) en 1998, llena de valiosas memorias y pasajes en los que desfilan importantes actores de la cultura del siglo pasado.
Objeto de múltiples reconocimientos, Herrera de la Fuente es recordado por su papel al frente de la Orquesta Sinfónica de Minería, la Filarmónica de la Ciudad de México y la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que llevó a cabo varias giras internacionales, entre otros muchos logros.
Sin embargo, su paso por lo Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) no fue por mucho lo que se esperaba. Elegido por el Patronato de la Formación Musical en el año 2000, para sustituir a Guillermo Salvador al frente de la orquesta, llegó a esta ciudad rodeado de las más altas expectativas, como no podía ser de otra manera dada su trascendencia. Pero las opiniones divididas y el desencuentro se iniciaron pronto.
El maestro pedía un mayor presupuesto para la orquesta, mayor control sobre la selección musical, nuevos instrumentos, músicos de mayor calidad e inclusive mejoras en el Teatro Degollado, aspectos que consideraba indispensables para el desarrollo de la OFJ, a la que se proponía llevar a otro nivel. Al parecer, las exigencias no sentaron muy bien en los diversos organismos relacionados con la administración de la formación musical. La entonces titular de la Secretaría de Cultura, Sofía González Luna, pedía que Herrera de la Fuente entendiera “las limitaciones del presupuesto estatal”, a la vez que marcaba que el incremento que se pudiera dar en recursos para la OFJ tendría que provenir de la iniciativa privada, generando una situación tensa en la que se pedía la intervención del entonces Gobernador del Estado, Francisco Ramírez Acuña.
El Patronato de la Filarmónica de Jalisco, por su parte, se mostró muy pronto inconforme con que el maestro tuviese que ausentarse de Guadalajara durante gran parte del tiempo para atender una serie de obligaciones laborales y académicas que le reclamaban en otras partes de México, ausencias en las que dejaba a cargo de la orquesta a Francisco Orozco. Para terminar de complicar la situación, se generó un descontento en el interior de la OFJ por el despido de algunos de sus integrantes.
En este asunto queda claro que hace falta todavía escuchar y analizar las versiones de las partes en conflicto -alejadas de cualquier carácter institucional- para comprender mejor lo acontecido en aquellos días. Lo cierto es que el nivel de la orquesta cayó notablemente y esta situación, aunada a los problemas de salud de Herrera de la Fuente, dieron pie a la conclusión de este episodio con la renuncia del afamado director a mediados de 2003.
A inicios de ese mismo año se anunció por todo lo alto la creación de una casa o compañía de ópera que tendría su sede en el Teatro Degollado, al que se buscaría convertir en un “teatro de ópera” como los de las grandes capitales culturales del mundo. Esto daría como resultado que esta ciudad contara con una temporada anual que presentaría lo mejor del repertorio operístico de todas las épocas. El proyecto contemplaba la creación de un centro de formación artística multidisciplinaria, que sería también encargado de la producción, tomando el ejemplo de ciudades como Milán.
A pesar de la renuncia del maestro Herrera de la Fuente a la dirección de la OFJ, se dijo en su momento que éste seguiría a cargo de llevar a buen término el proyecto, pero lo cierto es que hoy en día no existe noticia de cómo fue que se frustró dicha empresa.
Sería injusto pensar que la carrera de Luis Herrera de la Fuente se pudiera ver opacada por estos hechos. Ojalá en su próximo libro encontráramos referencia a ellos y pudiésemos tener una visión más amplia.