Suplementos
Magia en la montaña
El frío de San Sebastián del Oeste contrasta con la calidez de su gente y tradiciones; un sitio ideal para vacacionar
GUADALAJARA, JALISCO (16/DIC/2012).- A cuatro horas de Guadalajara y a una de Puerto Vallarta (por la carretera libre a Tepic), San Sebastián del Oeste es una opción para quienes buscan alejarse del bullicio y la contaminación de la ciudad, pues aquí, el único sonido constante es del río que lleva su cristalina agua a través de las calles y banquetas del pueblo.
San Sebas, como se conoce a este destino, recién celebró su primer aniversario como Pueblo Mágico, de hecho la semana pasada se realizaron una serie de actividades para celebrarlo; pero no se necesitan de fiestas para disfrutar de este lugar en el que basta con caminar por sus empedradas calles y visitar alguno de sus restaurantes y cafeterías, para disfrutar del paseo.
Aquí, las casas, los negocios o las fábricas (o todo en uno, como suele suceder) son el principal atractivo turístico por encima de cualquier recomendación.
Y más allá de las viviendas de los habitantes, otros atractivos que destacan en la localidad son el Templo de San Sebastián (que data del siglo XVIII y lo edificaron frailes agustinos), el museo Hacienda San José (que explotó la minería de plata) o el Cerro de la Bufa (mirador que ofrece una vista panorámica de San Sebastián y de la majestuosa sierra).
A la lista se suma La Quinta, una vieja casa-fábrica-negocio donde se vende café cosechado ahí mismo, en cinco hectáreas de huerto que fungen como el patio de la vivienda, y que es limpiado, procesado, preparado y vendido por la familia Sánchez Alvarado.
A principios del siglo XIX, La Quinta era la hacienda del señor Joaquín, el poderoso dueño de las 42 minas del pueblo (que entonces era la actividad primaria de la población y casi terminó cuando llegó la Revolución), donde los sembradíos de cafetal eran cosechados por la servidumbre para hacerle café exclusivamente a él. Luego murió, y más tarde el café comenzó a comercializarse.
Conocer San Sebas por unas horas o por unos días resulta igualmente oxigenante, un contacto con su hospitalaria y cálida gente, renueva la mente y la energía al regresar a la ciudad.
San Sebas, como se conoce a este destino, recién celebró su primer aniversario como Pueblo Mágico, de hecho la semana pasada se realizaron una serie de actividades para celebrarlo; pero no se necesitan de fiestas para disfrutar de este lugar en el que basta con caminar por sus empedradas calles y visitar alguno de sus restaurantes y cafeterías, para disfrutar del paseo.
Aquí, las casas, los negocios o las fábricas (o todo en uno, como suele suceder) son el principal atractivo turístico por encima de cualquier recomendación.
Y más allá de las viviendas de los habitantes, otros atractivos que destacan en la localidad son el Templo de San Sebastián (que data del siglo XVIII y lo edificaron frailes agustinos), el museo Hacienda San José (que explotó la minería de plata) o el Cerro de la Bufa (mirador que ofrece una vista panorámica de San Sebastián y de la majestuosa sierra).
A la lista se suma La Quinta, una vieja casa-fábrica-negocio donde se vende café cosechado ahí mismo, en cinco hectáreas de huerto que fungen como el patio de la vivienda, y que es limpiado, procesado, preparado y vendido por la familia Sánchez Alvarado.
A principios del siglo XIX, La Quinta era la hacienda del señor Joaquín, el poderoso dueño de las 42 minas del pueblo (que entonces era la actividad primaria de la población y casi terminó cuando llegó la Revolución), donde los sembradíos de cafetal eran cosechados por la servidumbre para hacerle café exclusivamente a él. Luego murió, y más tarde el café comenzó a comercializarse.
Conocer San Sebas por unas horas o por unos días resulta igualmente oxigenante, un contacto con su hospitalaria y cálida gente, renueva la mente y la energía al regresar a la ciudad.