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Los fracasos del prohibicionismo

El presidente de Uruguay, José Mujica, ha decidido legalizar toda la cadena de producción, distribución, venta y consumo de mariguana

GUADALAJARA, JALISCO (15/DIC/2013).- Marxistas y liberales, son dos hermanos que se la pasan peleándose. Hijos de la misma madre, la modernidad, ambos se desafiaron durante dos siglos completos. Al final, la izquierda se vio impregnada de sus debates y su integración al sistema de partidos (o no) se explica en gran medida por la diferencia de estas dos corrientes ideológicas.

De los liberales y la izquierda surgió la socialdemocracia, sobre todo en Europa, aunque con muy poca presencia en América Latina. Y del otro lado, los partidos comunistas o socialistas mantuvieron su línea de incompatibilidad de la democracia y el capitalismo. Y aunque para ambos la agenda de la pobreza y la desigualdad era clave, las formas de enfrentarla no los hacían coincidir. De estos debates surge el presidente José Mujica.

José Mujica fue un marxista latinoamericano clásico que decidió entrar a la política. Con los mercados aterrados y la élite conservadora uruguaya temiendo que el viejo discurso de una izquierda moderada se transformará en una narrativa más radical con la llegada de un ex guerrillero a la presidencia nacional, José Mujica logró una mayoría con un mensaje de una izquierda moderna y democrática. Nunca se identificó con Hugo Chávez, a pesar de que su pasado lo vinculaba más al comandante que a la centro-izquierda de Tabaré Vázquez o de Michelle Bachelet en Chile. Un mensaje de tranquilidad en un país habituado a una izquierda más de corte europeo que a una vertiente latinoamericana. Un presidente sobrio, modesto, austero y con un programa de izquierda sedujo a un electorado amplio. Así, una trayectoria de un “convertido” de la guerrilla a la clase política culminaba en la presidencia tras haber sido diputado y ministro estatal.

Desde mediados de 2012, Mujica planteó el tema de la legalización de la mariguana con claridad. Se abría un periodo de debate que culminaría con la votación en 2013. La propuesta generó polémica desde un principio. La visión estatista de Mújica impregnaba la propuesta. Y a diferencia de lo que sucedía en Estados Unidos, donde los estados que comenzaban la legalización de la mariguana para uso recreativo planteaban un modelo de mercado, la propuesta de Mujica tenía un alto contenido estatal. La iniciativa que se convirtió en ley, planteaba con claridad que el Estado asumía el “control y la regulación de las actividades de importación, producción, adquisición a cualquier título, almacenamiento, comercialización y distribución de la mariguana o sus derivados”. Así, si hacemos un paralelismo con México, la mariguana en Uruguay pasaba a un estatus similar al del petróleo en México (antes de la reforma energética), un producto que sólo podías adquirir en instancias públicas y no abierto al mercado.

Una propuesta única

Con esta propuesta, se crean farmacias autorizadas por la Presidencia de Uruguay y cualquier uruguayo puede comprar para consumo personal o incluso para cultivar. Así, se autoriza que todos los uruguayos cultiven en sus casas o que se formen clubes de consumo con un máximo de 40 personas para consumir entre ellos. Con esta reforma, Uruguay se convierte en el primer país latinoamericano en legalizar toda la cadena, que va desde el cultivo hasta el consumo. Y, al mismo tiempo, el primer país que prueba este modelo sustentado en el Estado y en la propiedad pública de la mariguana. Así lo dijo “Pepe” Mujica: “Nadie dice que sea bonito legalizar la mariguana, pero es peor regalarle gente al narcotráfico”. Al final, el precio es un poco más barato que la línea de venta en la que opera el narcotráfico, con el objetivo de incentivar a que los que pagan esa cantidad al crimen organizado, opten por comprar en establecimientos públicos abiertos a todos los mayores de edad. Para ser más claros, el Estado se pone a competir con el narco.

Mujica recibió ataques de todos lados, incluso de sus mismos correligionarios. La Iglesia y buena parte de la oposición nunca vieron con buenos ojos lo que llamaron “la aventura de Mujica”. Incluso, para muchos la solución de Estado propuesta por el presidente simplemente reflejaba la obsolescencia de su pensamiento formado hace décadas. Lo veían como un desastre: el Estado invirtiendo en mariguana cuando tenía otras funciones más importantes que realizar. Sin embargo, Mujica defendió hasta el final su idea de optar por la propiedad pública y transformar las ganancias de la venta en recursos para combatir el problema de salud pública que representa el consumo de mariguana. Y aunque el tema no era popular, aguantó que su aceptación como presidente cayera de poco más de 60 a 42 puntos porcentuales.

Al día de hoy, según información oficial del Gobierno uruguayo, existen en unos 150 mil consumidores regulares de mariguana. Es un problema que afecta a 5% de los 3.3 millones de habitantes de Uruguay. Los estudios demuestran, sobre todo en países donde ha habido legalizaciones tan profundas como Holanda o Portugal (donde están legalizadas todas las drogas), que en los primeros dos o tres años de la legalización existe un rebote de ascenso en el consumo, aunque después la tendencia disminuye y se estabiliza a cifras similares a las semanas previas del cambio de regulación. Es decir, las encuestas sobre consumo en países que legalizan sí demuestran un crecimiento inercial en un comienzo, sin embargo esa tendencia cae en un periodo más largo.

La votación final en el parlamento uruguayo demostró la dificultad para encontrar consensos en esta materia: 16 votos a favor del partido en el Gobierno (el Frente Amplio, la unión de las izquierdas) contra 13 votos de la oposición. Incluso en las encuestas, sólo una minoría de uruguayos apoyaba la propuesta presidencial, mientras que una mayoría, en torno a 60%, se oponían tajantemente a la legalización. Todo esto en un país catalogado como la “Suiza de América” por sus estándares de vida, su amplia clase media y uno de los que cuenta con los mejores niveles educativos, de salud y con una red de seguridad social envidiada a nivel latinoamericano.

Aprendizajes para México

En México el problema es más complejo. El fortalecimiento de los cárteles y el poco desarrollo del Estado de derecho, es una mezcla explosiva que ha hecho del crimen organizado el primer reto para la seguridad nacional desde 2007. México no es simplemente un “mercado de paso” o una “ruta de paso” de la droga proveniente de Sudamérica con destino a las grandes urbes de Estados Unidos o Canadá. México se ha convertido también en un mercado de consumo interesante para el crimen organizado: 5.7 millones de consumidores de mariguana. Y aunque el mercado sigue siendo pequeño si lo comparamos con Estados Unidos o Europa, ha crecido rápidamente en la última década.  

Las cifras sobre las ganancias económicas del crimen organizado por la venta y exportación de droga en México suelen ser dispares. Los cálculos rondan entre los cinco mil y los 40 mil millones de dólares, es decir, una variación que va desde los 65 mil millones de pesos hasta los 520 mil millones de pesos. Según Stratfor, uno de los centros de investigación que más han hecho estudios sobre este tema, la legalización en México sólo impactaría entre 15 y 25% de las ganancias de los cárteles (unos mil millones de dólares en los cálculos más conservadores). Sin embargo, el argumento para legalizar no sólo es que evita que los cárteles cuenten con recursos necesarios para corromper desde policías hasta jóvenes sin trabajo, sino que todos los recursos que canaliza el Estado para luchar contra los narcos bien podrían ser utilizados en materia de salud pública y atención a los drogadictos.

En América Latina existe una red de ex presidentes que han pugnado por la legalización. Desde Vicente Fox hasta César Gaviria (Colombia) o el mismo Fernando Henrique Cardoso (Brasil) han señalado que no podemos cerrar los ojos ante el fracaso del prohibicionismo en América Latina. Según Tom Blickman y Martin Jesma, hasta medio millón de muertes en América Latina se le pueden adjudicar a la estrategia prohibicionista impulsada por Washington. Y las pérdidas económicas, solamente en México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), provocadas por la inseguridad ascienden a 115 mil millones de pesos (el presupuesto de Jalisco y Colima juntos). Y si lo ampliamos al sexenio de Felipe Calderón, los costos de la estrategia prohibicionista y de combate frontal al tráfico de drogas se llevaron la vida de más de 121 mil personas y de 2008 a la fecha el costo económico ha alcanzado los 15 puntos del Producto Interno Bruto (PIB).

Queda claro que la estrategia prohibicionista fracasó rotundamente durante el siglo XX. Uruguay se convierte en el primer país latinoamericano en transformar su política de combate a los drogas de un enfoque de seguridad pública (o hasta nacional) a un problema de salud y de educación. En México, solamente el Distrito Federal (DF) está discutiendo a nivel legislativo la legalización de la mariguana. Actualmente, el marco jurídico del país permite una dosis mínima de consumo en algunas drogas, sin embargo no ha sido suficiente. O como dijo “Pepe” Mujica habrá que entender que “el problema es el narcotráfico, no la mariguana”.

SABER MÁS

Para 2014


> El Gobierno uruguayo permitirá la plantación de un sólo tipo de mariguana en cuanto entre en vigor la legalización para producir la droga. El Gobierno de José Mujica prepara ya la reglamentación de la nueva Ley, la cual estará lista a más tardar en abril próximo.

> La reglamentación detallará los requisitos que tendrán que cumplir empresas privadas para que el Estado les conceda las licencias de producción, así como la manera en que las autoridades fiscalizarán el cumplimiento de la ley.

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