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Los espejos de Galeano
Con todo y su tímida crítica a Fidel, Eduardo Galeano paradójicamente siempre ha tenido buen ojo para mirar lo que no se ve en lo de todos los días, en la historia, en los más diversos temas.
Fundación de la mesa francesa
“Jean Anthelme Brillat-Savarin, revolucionario desilusionado, y Grimod de la Reynière, nostalgioso monárquico, fundaron la mesa que hoy por hoy es el emblema de Francia.
Ya la revolución había quedado atrás, ya los siervos habían cambiado de señores. Un nuevo orden nacía, una nueva clase mandaba, y ellos se dedicaron a educar los paladares de la burguesía triunfante.
A Brillant-Savarin, autor del primer tratado de gastronomía, se le atribuye la frase: Dime qué comes y te diré quién eres, que tan repetida ha sido por tantos, y también: Un plato nuevo contribuye a la felicidad humana más que una nueva estrella. Su sabiduría provenía de Aurora, la mamá, una especialista que a los noventa y nueve años murió en la mesa: se sintió mal, apuró el vaso de vino y suplicó que le trajeran con urgencia el postre.
Grimod de la Reynière fue el fundador del periodismo gastronómico. Sus artículos, publicados en periódicos y almanaques orientaron las cocinas de los restaurantes donde el arte del buen comer había dejado de ser un lujo reservado a los salones de la nobleza. No tenía manos en que más mano tenía. Reynière, el gran maestro de la pluma y del cucharón, había nacido sin manos y con garfios escribía, cocinaba y comía.”
Fundación de la escritura
Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas.
Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.
El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.
En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo de carne y hueso. También mucha memoria asesinada.
Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos.
Una de ellas decía:
Somos polvo y nada.
Todo cuando hacemos no es más que viento.”
Eduardo Galeano. Espejos. Una historia casi universal.
Siglo XXI Editores. México.365 págs.
De generación
“Y los demás, que ni siquiera les da para progres, les importa una mierda: cuando se les pasa el sobresalto porque les tocaron la guita o los cachetes se vuelven a la casa, a la oficina o el negocio y esperan que su dios les dé salud para poder pasarse la vida ante la tele: bailecitos, huevones disputando, chismes sobre chismosos, noticieros truchos. Hasta que de vez en cuando aparece algún muerto y la circunstancia de su muerte pasa a ser lo más importante: una pendeja muere en una fiesta de nenes de papá y descubren que los ricos a veces hacen cosas malas, dos secuestros terminan mal y no hay nada más grave que la inseguridad, doscientos pibes se queman en la disco y cierran la mitad de los bares del país, un par de atropellados en picadas y los coches se vuelven encarnaciones de Satán. Como si la muerte fuera la condición del pensamiento, como si pudieran cuestionar nada sin muertos, sin gente como ustedes. Ustedes no sólo se murieron, Estela: infectaron todo, se volvieron un modo de pensar el mundo.”
Martín Caparrós. A quien corresponda. Anagrama. Barcelona. 2008. 319 págs.
por: Eduardo Castañeda H*
“Jean Anthelme Brillat-Savarin, revolucionario desilusionado, y Grimod de la Reynière, nostalgioso monárquico, fundaron la mesa que hoy por hoy es el emblema de Francia.
Ya la revolución había quedado atrás, ya los siervos habían cambiado de señores. Un nuevo orden nacía, una nueva clase mandaba, y ellos se dedicaron a educar los paladares de la burguesía triunfante.
A Brillant-Savarin, autor del primer tratado de gastronomía, se le atribuye la frase: Dime qué comes y te diré quién eres, que tan repetida ha sido por tantos, y también: Un plato nuevo contribuye a la felicidad humana más que una nueva estrella. Su sabiduría provenía de Aurora, la mamá, una especialista que a los noventa y nueve años murió en la mesa: se sintió mal, apuró el vaso de vino y suplicó que le trajeran con urgencia el postre.
Grimod de la Reynière fue el fundador del periodismo gastronómico. Sus artículos, publicados en periódicos y almanaques orientaron las cocinas de los restaurantes donde el arte del buen comer había dejado de ser un lujo reservado a los salones de la nobleza. No tenía manos en que más mano tenía. Reynière, el gran maestro de la pluma y del cucharón, había nacido sin manos y con garfios escribía, cocinaba y comía.”
Fundación de la escritura
Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas.
Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.
El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.
En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo de carne y hueso. También mucha memoria asesinada.
Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos.
Una de ellas decía:
Somos polvo y nada.
Todo cuando hacemos no es más que viento.”
Eduardo Galeano. Espejos. Una historia casi universal.
Siglo XXI Editores. México.365 págs.
De generación
“Y los demás, que ni siquiera les da para progres, les importa una mierda: cuando se les pasa el sobresalto porque les tocaron la guita o los cachetes se vuelven a la casa, a la oficina o el negocio y esperan que su dios les dé salud para poder pasarse la vida ante la tele: bailecitos, huevones disputando, chismes sobre chismosos, noticieros truchos. Hasta que de vez en cuando aparece algún muerto y la circunstancia de su muerte pasa a ser lo más importante: una pendeja muere en una fiesta de nenes de papá y descubren que los ricos a veces hacen cosas malas, dos secuestros terminan mal y no hay nada más grave que la inseguridad, doscientos pibes se queman en la disco y cierran la mitad de los bares del país, un par de atropellados en picadas y los coches se vuelven encarnaciones de Satán. Como si la muerte fuera la condición del pensamiento, como si pudieran cuestionar nada sin muertos, sin gente como ustedes. Ustedes no sólo se murieron, Estela: infectaron todo, se volvieron un modo de pensar el mundo.”
Martín Caparrós. A quien corresponda. Anagrama. Barcelona. 2008. 319 págs.
por: Eduardo Castañeda H*