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Lo que odiamos cuando somos niños
Capitulo 1
Todos hablamos de la niñez como una época dorada, como ese tiempo en que fuimos inmensamente felices y donde todo era perfecto. Seguramente es el tiempo al que todos quisiéramos regresar. Sin embargo, a la mayoría se nos olvida que durante este mágico periodo de nuestras vidas, ocurren desgracias, abusos y múltiples atropellos que vamos olvidando con el correr de los años.
A continuación presentamos algunos de esos episodios no tan gratos de la infancia, para que cuando la recuerdes lo hagas de una manera más real.
Que en Navidad te regalen ropa. No importa que esté padrísima, eso es algo que los papás compran de cualquier forma, lo que uno espera ese día, son ¡juguetes!
Que en todas las reuniones familiares… algún tío o tía te reciba con un gran jalón de cachetes y luego diga: ¡pero mira como has crecido fulanito!
Que el 25 de Diciembre por la mañana… justo cinco minutos después de abrir tu regalo, éste se descomponga al comenzar a jugar con él. Y por supuesto tus papás están súper jetones y crudos -cosa que tu no entiendes en esa época- como para llevarte a cambiarlo de inmediato.
Que en todas las reuniones… tu papá agarre una borrachera de aquellas y te manden a dormir al cuarto de algún primito o cualquier hijo de los amigos de tu progenitor, que por supuesto están igual de ebrios.
Que sea tu mamá la responsable de escoger la ropa que vas a usar.
Que no te dejen ver televisión después de las 10 de la noche porque “no tienes edad para eso”.
Que no te dejen comer en el cuarto de tele, porque “haces un cochinero” y además, para eso está el comedor.
Que en las reuniones familiares te agarren de mandadero de todos tus tíos y personas que ni conoces, y por si fuera poco, ni siquiera puedes renegar ni quedarte con el cambio porque te dan el dinero contado.
Que en las reuniones -en donde por cierto vas a la fuerza-, no te permitan escuchar las conversaciones interesantes porque: “son pláticas de grandes”, acto seguido te mandan a cualquier parte y con cualquier pretexto.
Que te manden a la tienda por cigarros y no te dejen fumar.
Que tu mamá te obligue a comer los siguientes platillos, con el consabido “es por tu bien mijo”: espinacas, espinazo, calabacitas, betabel, sopa de verduras, tortas de camarón en cuaresma, sopa de habas, etcétera.
Que tus opiniones no tengan la menor importancia en la toma de decisiones de la familia, por ejemplo: el destino vacacional, la compra del nuevo auto, la religión que quieres profesar, la edad ideal para hacer la primera comunión, la edad necesaria para aprender a manejar, etcétera.
Que en los largos viajes en carretera, inmediatamente después de que preguntas ¿cuánto falta para llegar? a tu papá se le ocurre la maravillosa idea de rezar un rosario para hacer más ligero el viaje.
Que tu mamá te eduque con frases como: ¡porque soy tu madre! ¡ponte suéter! ¡Que, se mandan solos! “Un día me van a matar de un coraje”, “Ya tendrás tus hijos! “Que no andes descalzo, que no ves que se percuden las calcetas”, “No tienes llenadera”, “No le pongas seguro a la puerta”, “Ahorita que llegue tu papá vas a ver”, “en Biafra los niños se están muriendo de hambre”.
A continuación presentamos algunos de esos episodios no tan gratos de la infancia, para que cuando la recuerdes lo hagas de una manera más real.
Que en Navidad te regalen ropa. No importa que esté padrísima, eso es algo que los papás compran de cualquier forma, lo que uno espera ese día, son ¡juguetes!
Que en todas las reuniones familiares… algún tío o tía te reciba con un gran jalón de cachetes y luego diga: ¡pero mira como has crecido fulanito!
Que el 25 de Diciembre por la mañana… justo cinco minutos después de abrir tu regalo, éste se descomponga al comenzar a jugar con él. Y por supuesto tus papás están súper jetones y crudos -cosa que tu no entiendes en esa época- como para llevarte a cambiarlo de inmediato.
Que en todas las reuniones… tu papá agarre una borrachera de aquellas y te manden a dormir al cuarto de algún primito o cualquier hijo de los amigos de tu progenitor, que por supuesto están igual de ebrios.
Que sea tu mamá la responsable de escoger la ropa que vas a usar.
Que no te dejen ver televisión después de las 10 de la noche porque “no tienes edad para eso”.
Que no te dejen comer en el cuarto de tele, porque “haces un cochinero” y además, para eso está el comedor.
Que en las reuniones familiares te agarren de mandadero de todos tus tíos y personas que ni conoces, y por si fuera poco, ni siquiera puedes renegar ni quedarte con el cambio porque te dan el dinero contado.
Que en las reuniones -en donde por cierto vas a la fuerza-, no te permitan escuchar las conversaciones interesantes porque: “son pláticas de grandes”, acto seguido te mandan a cualquier parte y con cualquier pretexto.
Que te manden a la tienda por cigarros y no te dejen fumar.
Que tu mamá te obligue a comer los siguientes platillos, con el consabido “es por tu bien mijo”: espinacas, espinazo, calabacitas, betabel, sopa de verduras, tortas de camarón en cuaresma, sopa de habas, etcétera.
Que tus opiniones no tengan la menor importancia en la toma de decisiones de la familia, por ejemplo: el destino vacacional, la compra del nuevo auto, la religión que quieres profesar, la edad ideal para hacer la primera comunión, la edad necesaria para aprender a manejar, etcétera.
Que en los largos viajes en carretera, inmediatamente después de que preguntas ¿cuánto falta para llegar? a tu papá se le ocurre la maravillosa idea de rezar un rosario para hacer más ligero el viaje.
Que tu mamá te eduque con frases como: ¡porque soy tu madre! ¡ponte suéter! ¡Que, se mandan solos! “Un día me van a matar de un coraje”, “Ya tendrás tus hijos! “Que no andes descalzo, que no ves que se percuden las calcetas”, “No tienes llenadera”, “No le pongas seguro a la puerta”, “Ahorita que llegue tu papá vas a ver”, “en Biafra los niños se están muriendo de hambre”.