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Las cosas que nos rodean: El tesoro escondido en el campo

Los tesoros escondidos en el campo de nuestro corazón, no siempre son vistosos ni relucientes, pero son los que nos van a dar más alegría

Las joyas que brillan son las que, a veces, causan más tentación y nos parece que son lo más valioso.
    No obstante, también hay tesoros escondidos en el campo, o en el silencio de cada corazón. Esos tesoros el Señor los ha puesto allí, y quiere que cada uno los descubra y los aproveche para hacer la vida bella y fructífera.
Pero a menudo nosotros seguimos empeñados en encontrar oro y piedras preciosas en lo externo, en lo que está fuera del propio alcance, y quizás muchas veces en aquello que pertenece a otros.
    Los tesoros escondidos en el campo de nuestro corazón, no siempre son vistosos ni relucientes, pero son los que nos van a dar más alegría. Son cualidades y capacidades con las que podemos ayudar a otros; cumplir bien nuestro deber; hacer más hermosa la vida de quienes nos rodean; acercarnos a Dios con una actitud filial y decirle: “Padre”…
    En fin, hay muchas, muchas otras perlas que tenemos allí, escondidas y que ciertamente no son para que se queden allí, guardadas, sino para que cada uno las ponga al servicio de los demás y juntos vayamos construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra, que es precisamente lo que Cristo Jesús nuestro Señor quiso hacer cuando vivió entre nosotros y por lo cual se quedó para siempre, presente en cada sagrario y en cada corazón.
    Si todos pusiéramos ese empeño de ser cada día mejores, de ser verdaderamente lo que Dios quiere de cada uno, y supiéramos dar y compartir de nuestro tesoro que quienes más lo necesitan, nuestro mundo se volvería un paraíso. Esto no podemos dudarlo.
    Pero si vivimos de veras, de rencores, de envidias y de avaricias, ni podemos llamarnos cristianos, ni llegamos a ser felices.
    Lo que Dios quiere de cada uno es que podamos ser, en esta vida, lo que esperamos en la futura felicidad del cielo que nos reserva en la vida eterna.

LA ORACION DEL TESORO

Mi existir en el silencio
no es para quedarme por siempre
oculto en la oscuridad.
Yo quiero salir a la luz,
brillar ante los ojos de la gente
y hacerme don que a todos llegue.

Yo quisiera hacer comprender
que el mejor tesoro es el amor,
y que entre más se reparte,
crece más todavía.

Yo quisiera decir a todos
que es más valioso
lo que sale del corazón,
que lo que llega a las manos.

    Es ciertamente bueno acercarse al Señor nuestro Dios, para pedirle que nos regale sus dones, que nos dé la gracia de reconocerlos, la dicha de repartirlos y la felicidad de verlos crecer y dar fruto.
    Que no guarde para mí sólo los tesoros de Dios, sino que cada día saque de mi corazón algo para dar a los demás.

María Belén Sánchez fsp

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