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Las cosas que nos rodean: Como los santos

En el mundo, en la vida, en toda la naturaleza, en el cosmos y en todo lo existente, hay una palabra que resuena y se multiplica siempre y que perdura indefinidamente

    En el mundo, en la vida, en toda la naturaleza, en el cosmos y en todo lo existente, hay una palabra que resuena y se multiplica siempre y que perdura indefinidamente.
     Es el AMOR, por el cual fueron hechas  todas las cosas y por el cual subsisten…
     En una forma o en otra, todo nos habla  de amor, pero no lo hemos entendido.
     Por eso ha sido necesario que Dios mismo incluyera el amor como uno de los mandamientos: el primero, el más importante, el único indispensable para todo ser humano.
     No sabemos cómo aman las plantas o los seres irracionales, pero es verdad que acaso con su mismo ser, son ya una expresión de amor a su Creador, al cual glorifican por el simple hecho de ser.
     En cambio el ser humano, el que ha sido dotado de inteligencia y de cualidades superiores, es precisamente el que se va por todos los caminos buscando alegrías y felicidades donde no existen.
     A lo largo de toda la historia, a través de los siglos, vemos, a un ser humano en ansiosa búsqueda. Y mientras tanto, en una forma o en otra, Dios ya se lo ha dicho: “El Amor lo es todo”. La única felicidad va a consistir, ahora y siempre en el amor.
     Amor como Dios lo manda,
     Amor como Jesús nos los ha enseñado,
     Amor primigenio como vivieron los santos…
     Amor a la naturaleza, a la vida, a todo cuanto existe, a cuanto es bueno y noble.
      Pero por encima de todo y de todos, amor a Dios, que nos ha creado y nos ha amado antes a nosotros.
     ¿Sabes AMAR de veras?
     ¿Cómo puedes decir que amas a una persona, si nunca la visitas, si nunca la llamas, si nunca les escribe, si nunca piensas con cariño en ella?
     ¿Cómo puedes decir que amas la vida, si en lo más elemental agredes las normas de la naturaleza y la ecología es asunto que no te concierne?
     ¿Cómo asegurar que amas la vida, si estás a favor del aborto, del maltrato y hasta de lo que daña tu propia salud?
     ¿Cómo puedes afirmar que amas a Dios, si nunca están en tus labios las oraciones que espera escuchar; si tu corazón está lleno de minúsculos amorcitos fragmentados, que no logran ayudarte a elevar el corazón hacia lo grande, lo sublime y lo infinito?
     ¿Cómo podemos hablar de amor, si en nuestro vocabulario abundan más bien miles de palabras, contrastantes y absurdas, que expresan pasiones, lágrimas, traición, adulterio, armas, muerte y… muchísimas otras, qué tú sabes mejor que yo?
     Mientras tanto, Dios sigue esperando el AMOR  de todos y cada uno de los seres humanos, tal como Él quiere que lo lleguemos a comprender: del mismo estilo y de la calidad que Jesús vivó y enseñó, porque eso es lo único que va a salvarnos y a servirnos de enlace para la eternidad.                                      

María Belén Sánchez fsp

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