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Las cosas que nos rodean: Amor y siempre amor
Nada extraño es que también san Juan en sus cartas nos hable de “amor”, porque él aprendió directamente del Señor Jesús la sabiduría que encierra su mandamiento máximo
No es nada raro que en un día de difuntos el evangelio nos hable de “amor”, porque Jesús siempre hablaba de amor, concediéndole una importancia suprema, y muy superior a la que a veces nosotros queremos concederle.
Nada extraño es que también san Juan en sus cartas nos hable de “amor”, porque él aprendió directamente del Señor Jesús la sabiduría que encierra su mandamiento máximo.
Y mientras nosotros vamos por allí queriendo explicar qué es lo mejor, o tratando de adivinar qué es lo más perfecto, la Palabra divina vive a nuestros oídos para enseñarnos la verdad de la vida, la ciencia del futuro y la grandeza de lo único que perdura a través del tiempo para llegar hasta la eternidad.
Por eso al recordar a nuestros seres queridos que alzaron el vuelo al infinito, y nos precedieron para hacernos camino, tenemos presente ante todo el amor que nos dieron y que supieron infundirnos, y también el amor que llevamos en nuestro corazón y que ahora se vuelve evocación y recuerdo.
Las flores que les obsequiamos, las oraciones que les dedicamos, son expresión inequívoca de ese amor que durará hasta el último día, pero que Jesús quiere ver concretizado en esta vida, mientras vamos caminando codo a codo con aquellos que nos ha tocado compartir el camino de la vida.
Nuestra fantasía nos lleva a representar con claveras y esqueletos lo que nos evoca una realidad tan cruda. y con la cual a menudo nos divertimos en vez de tomarla trágicamente.
Pero hoy, además de todo eso, cada vez que veamos una calaverita de azúcar o de juguete, haremos un momento de silencio y pensaremos cómo queremos que nos recuerden en el futuro. Cuánto amor estamos dejando en nuestro mundo a los corazones que quedan.
San Juan afirma que podemos tener la certeza de haber pasado de la muerte a la vida, si hay amor en nosotros, y la evidencia del amor se refleja precisamente en la obras de misericordia.
Es en este renglón, en el cual se nos va a preguntar el último día por la existencia de ese amor que decimos tener, pero que si no lo manifestamos en obras, puede quedarse en fantasía.
Amor también era uno de los temas preferidos de san Pablo, que supo entender y explicar, como pocos, la realidad de ese amor sin límites que no tiene final.
Hoy podemos pedir a Dios que nos quite el miedo a morir, pero que nos conserve el sano temor a vivir sin amor.
María Belén Sánchez fsp
Nada extraño es que también san Juan en sus cartas nos hable de “amor”, porque él aprendió directamente del Señor Jesús la sabiduría que encierra su mandamiento máximo.
Y mientras nosotros vamos por allí queriendo explicar qué es lo mejor, o tratando de adivinar qué es lo más perfecto, la Palabra divina vive a nuestros oídos para enseñarnos la verdad de la vida, la ciencia del futuro y la grandeza de lo único que perdura a través del tiempo para llegar hasta la eternidad.
Por eso al recordar a nuestros seres queridos que alzaron el vuelo al infinito, y nos precedieron para hacernos camino, tenemos presente ante todo el amor que nos dieron y que supieron infundirnos, y también el amor que llevamos en nuestro corazón y que ahora se vuelve evocación y recuerdo.
Las flores que les obsequiamos, las oraciones que les dedicamos, son expresión inequívoca de ese amor que durará hasta el último día, pero que Jesús quiere ver concretizado en esta vida, mientras vamos caminando codo a codo con aquellos que nos ha tocado compartir el camino de la vida.
Nuestra fantasía nos lleva a representar con claveras y esqueletos lo que nos evoca una realidad tan cruda. y con la cual a menudo nos divertimos en vez de tomarla trágicamente.
Pero hoy, además de todo eso, cada vez que veamos una calaverita de azúcar o de juguete, haremos un momento de silencio y pensaremos cómo queremos que nos recuerden en el futuro. Cuánto amor estamos dejando en nuestro mundo a los corazones que quedan.
San Juan afirma que podemos tener la certeza de haber pasado de la muerte a la vida, si hay amor en nosotros, y la evidencia del amor se refleja precisamente en la obras de misericordia.
Es en este renglón, en el cual se nos va a preguntar el último día por la existencia de ese amor que decimos tener, pero que si no lo manifestamos en obras, puede quedarse en fantasía.
Amor también era uno de los temas preferidos de san Pablo, que supo entender y explicar, como pocos, la realidad de ese amor sin límites que no tiene final.
Hoy podemos pedir a Dios que nos quite el miedo a morir, pero que nos conserve el sano temor a vivir sin amor.
María Belén Sánchez fsp