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La vida en shuffle

Periodismo cultural

El periodismo cultural en la prensa pasa por una de sus peores épocas. No se ve cómo vaya a cambiar su panorama ante el embate de los criterios cada vez más exigentes de la rentabilidad financiera, legítimos, por lo demás, pero que explican mucho de nuestra época.

Nuestra ciudad no es ajena a la realidad que en la materia vive el país. Los diarios generalistas han arrinconado la información cultural todavía más de lo acostumbrado, o se dedican sólo a, con prisa, dar cuenta de algo de lo sucedido, a presentar una agenda de actividades y a dejar en el camino la utilización de géneros periodísticos antes tan caros a estas secciones, como la crónica, la reseña, el reportaje.

¿Cuándo Guadalajara tendrá una publicación, hecha por algún diario, o no, de periodismo cultural que esté a la altura de lo que ya es la ciudad, de la exigencia de los lectores y donde los especialistas en comercialización hagan honor a su oficio?

Nunca como antes la ciudad está preparada para ello, nunca como antes los llamados productos culturales hacen circular cuantiosos recursos económicos y dejan ganancias a varios empresarios. Nunca como ahora hay tantas cosas que contar en Guadalajara, puentes que tender hacia lectores ávidos de buenas historias, bien escritas, con de temas interesantes, con ventanas hacia esta realidad que es muy diferente de la que teníamos hace por lo menos diez años.

Se necesita un periodismo cultural no circunscrito a las bellas artes, sino abierto a contar la ciudad, nuestra forma de vivir ahora, nuestros gustos, nuestra forma de ver el arte, la política, nuestras herramientas para subsistir, los placeres nuevos, los vicios longevos y renovados. Una publicación que reúna a periodistas curiosos, intrigados por lo que pasa alrededor y con ganas de contarlo.

Los lectores de siempre buscan este tipo de periodismo, y lo encuentran seguro no en publicaciones locales, o quizás algo aquí o allá, en algunas nacionales, y seguro en varias en lenguas extranjeras.

Los nuevos lectores van a lograrse con temas e historias que les incumban, no con las declaraciones de los políticos y las élites económicas, al menos en la forma en que tradicionalmente se abordan en los medios actuales. Los nuevos lectores no se conseguirán con guías de actividades y anuncios de proyectos de funcionarios en turno. Los  nuevos lectores ni siquiera leen en papel, pero podrían interactuar en un círculo virtuoso donde intervenga la publicación en papel y su versión en línea.

Y para que todo esto suceda se necesita, evidentemente, un buen plan de negocio. Un equipo profesional de ventas, con la misma curiosidad que los reporteros por re-conocer la ciudad y sus posibilidades. Un esquema de marketing novedoso y que utilice las nuevas herramientas tecnológicas para tomar una posición conveniente en el mercado. Se necesita una empresa viable, sólida, que no dependa de becas o padrinos mágicos.

El pastel de la publicidad, la rebanada que le toca a la prensa es cada vez más pequeña. No por nada es la crisis financiera en la que viven la mayoría de los diarios no sólo del país, sino del mundo. Y sin embargo, hay oportunidad para una publicación cultural, entendida la cultura en ese sentido amplio del que hablaba. La revista Ñ, del diario Clarín, de Argentina, ha logrado un éxito que pocos le auguraban, Le nouvel observateur, en Francia, es un ejemplo de calidad editorial y de negocio desde hace décadas, The New Yorker lo mismo, en Estados Unidos.
¿O hacia dónde hay que mirar?

eduardocastanedah@gmail.com


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