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La tuya en bicicleta
Veranito en Barcelona
GUADALAJARA, JALISCO (03/AGO/2014).- De las que conozco, Barcelona es una de las ciudades donde más fácil me ha resultado moverme en bici, no sólo porque su red de carriles llega a casi todas partes, sino porque además éstos me parecen muy cómodos. A diferencia de otros sitios donde la estrechez de las calles hace difícil la construcción de los carriles y a veces los ciclistas tenemos que movernos en un espacio mínimo o casi rozando un muro, en Barcelona siempre tengo la sensación de amplitud tanto si pedaleo por un carril bidireccional como por uno unidireccional, que existen de ambos tipos. Además, la separación entre la senda para los autos y la senda para bicis suele estar muy bien delimitada, con lo cual se viaja más tranquilamente.
Estas comodidades en la circulación, lógicamente, permiten que cada vez sean más las personas que usan la bicicleta. Muchos son usuarios de Bicing, el sistema de transporte público y barato para desplazarse en trayectos de corta duración. Existen estaciones Bicing por toda la ciudad, casi siempre cerca del metro, de los trenes o de los parqueos públicos. Otras personas tienen sus propias bicicletas. Y algunos, como yo, cuando estamos de visita en Barcelona las pedimos prestadas para pasear un rato.
Yo voy con frecuencia porque allí vive mi hermana y como a ambas nos encanta pedalear, basta que no llueva para poder hacerlo. En invierno está bien, pero en el verano todo se vuelve mucho más agradable. Como los días son más largos podemos salir de casa cuando ya el sol no está muy fuerte y andar en bici hasta tarde sin necesidad de encender luces. Si salimos más temprano y hay calor, pues el mar está a dos pasos o, más precisamente, a dos pedalazos. Y visto que los carriles son cómodos y la red está bien conectada, pues no hay ningún peligro en llevar a mi sobrino que por ser pequeño aún no aguanta pedalear mucho rato, pero a quien ya le encanta eso de andar en bicicleta. Así pues, mi hermana en una bici con él sentado en su sillita y yo en otra bici con el patinete del niño a mis espaldas, dejamos atrás la imponente arquitectura de la Sagrada Familia, con sus eternas colas de turistas, buscamos la Avenida Diagonal y rápido desembocamos en la calle Marina por donde nos lanzamos hacia abajo en busca de las playas.
Recorrer el paseo marítimo es muy bonito, aunque a veces hay que parar por exceso de circulación de peatones, patinadores y bicis. A ratos mi sobrino monta en su patinete, a ratos dice que se cansa y prefiere la comodidad de su sillita. Pedaleamos, paramos, comemos algo, seguimos. Desde la Villa Olímpica hasta la zona del Fórum circulamos en paralelo al agua. En el retorno cambiamos de ruta y empezamos a subir por Diagonal. Detrás van quedando las playas, delante, allá a lo lejos, ya se divisa la Torre Agbar con su particular forma. Como es verano todavía no está alumbrada, pero cuando se haga de noche y ya estemos en casa, la torre mostrará sus luces como otro símbolo más de esta ciudad tan hermosa.
DATO CURIOSO
La sincronización
Que en una ciudad como Guadalajara existan algunos (pocos) carriles para ciclistas —que gerenalmente se encuentran sobre las banquetas, inquietando a los transeúntes— ya es una gran ventaja, por eso la idea de que se coloquen semáforos exclusivos para los ciclistas suena a una locura.
En Barcelona no sólo los carriles son amplios y exclusivos, también hay semáforos, pero a veces —como se ve en la imagen— parece que no están sincronizados con las luces que alertan a los automovilistas sobre avanzar o detenerse.
Estas comodidades en la circulación, lógicamente, permiten que cada vez sean más las personas que usan la bicicleta. Muchos son usuarios de Bicing, el sistema de transporte público y barato para desplazarse en trayectos de corta duración. Existen estaciones Bicing por toda la ciudad, casi siempre cerca del metro, de los trenes o de los parqueos públicos. Otras personas tienen sus propias bicicletas. Y algunos, como yo, cuando estamos de visita en Barcelona las pedimos prestadas para pasear un rato.
Yo voy con frecuencia porque allí vive mi hermana y como a ambas nos encanta pedalear, basta que no llueva para poder hacerlo. En invierno está bien, pero en el verano todo se vuelve mucho más agradable. Como los días son más largos podemos salir de casa cuando ya el sol no está muy fuerte y andar en bici hasta tarde sin necesidad de encender luces. Si salimos más temprano y hay calor, pues el mar está a dos pasos o, más precisamente, a dos pedalazos. Y visto que los carriles son cómodos y la red está bien conectada, pues no hay ningún peligro en llevar a mi sobrino que por ser pequeño aún no aguanta pedalear mucho rato, pero a quien ya le encanta eso de andar en bicicleta. Así pues, mi hermana en una bici con él sentado en su sillita y yo en otra bici con el patinete del niño a mis espaldas, dejamos atrás la imponente arquitectura de la Sagrada Familia, con sus eternas colas de turistas, buscamos la Avenida Diagonal y rápido desembocamos en la calle Marina por donde nos lanzamos hacia abajo en busca de las playas.
Recorrer el paseo marítimo es muy bonito, aunque a veces hay que parar por exceso de circulación de peatones, patinadores y bicis. A ratos mi sobrino monta en su patinete, a ratos dice que se cansa y prefiere la comodidad de su sillita. Pedaleamos, paramos, comemos algo, seguimos. Desde la Villa Olímpica hasta la zona del Fórum circulamos en paralelo al agua. En el retorno cambiamos de ruta y empezamos a subir por Diagonal. Detrás van quedando las playas, delante, allá a lo lejos, ya se divisa la Torre Agbar con su particular forma. Como es verano todavía no está alumbrada, pero cuando se haga de noche y ya estemos en casa, la torre mostrará sus luces como otro símbolo más de esta ciudad tan hermosa.
DATO CURIOSO
La sincronización
Que en una ciudad como Guadalajara existan algunos (pocos) carriles para ciclistas —que gerenalmente se encuentran sobre las banquetas, inquietando a los transeúntes— ya es una gran ventaja, por eso la idea de que se coloquen semáforos exclusivos para los ciclistas suena a una locura.
En Barcelona no sólo los carriles son amplios y exclusivos, también hay semáforos, pero a veces —como se ve en la imagen— parece que no están sincronizados con las luces que alertan a los automovilistas sobre avanzar o detenerse.