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La religión, tendencia natural del ser humano
Se preguntó a niños pequeños si sus madres podrían conocer el contenido de una caja, a la que en realidad ellas no tenían acceso
Un proyecto internacional de investigación de tres años de duración y dirigido por dos académicos de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, ha descubierto que el ser humano tiene una tendencia natural a creer en dioses o agentes sobrenaturales, tanto como en la vida después de la muerte. Según publica la propia Universidad de Oxford en un comunicado, en el proyecto participaron 57 investigadores, quienes realizaron más de 40 estudios independientes en un total de 20 países.
Los países escogidos fueron representantes tanto de sociedades tradicionalmente religiosas como de sociedades generalmente ateas. A partir de los resultados obtenidos en dichos estudios los científicos concluyeron que los seres humanos están predispuestos a creer en dioses y en la vida después de la muerte, y que tanto la teología como el ateísmo son respuestas razonadas a un impulso básico de la mente humana.
Aquí es importante hacer notar que el proyecto no fue realizado para probar o refutar la existencia de Dios, sino para tratar de comprender si conceptos como el de divinidad o la vida después de la muerte pueden ser enseñados o, por el contrario, son expresiones fundamentales de la naturaleza humana. La Universidad de Oxford publica que algunos de los hallazgos del proyecto de investigación habían sido ya obtenidos en estudios realizados por otra investigadora, Emily Reed Burdett y por Justin Barrett, también de Oxford. Ellos encontraron que para los niños menores de cinco años es más fácil creer en algunas propiedades sobrehumanas que comprender ciertas limitaciones humanas.
Por ejemplo, se preguntó a niños pequeños si sus madres podrían conocer el contenido de una caja, a la que en realidad ellas no tenían acceso. A la edad de tres años, los niños solían afirmar que creían que su madre --y Dios-- podían siempre saber lo que la caja contenía. A la edad de cuatro años, sin embargo, los niños comenzaron a comprender que sus madres no eran omniscientes, aunque continuaron creyendo en agentes sobrenaturales que podían conocer y saber todo, como Dios o los dioses.
Por otro lado, experimentos llevados a cabo con adultos, y dirigidos por JingZhu, de la Universidad Tsinghua de China, y Natalie Emmons y Jesse Bering, de la Universidad Queen de Belfast, han comprobado que individuos de muchas culturas distintas creen instintivamente que alguna parte de su mente, alma o espíritu vivirá después de su muerte. La realización de estos estudios demostró que la gente es naturalmente “dualista”, es decir, que para la mayoría de las personas resulta fácil concebir la separación de la mente y el cuerpo. Según Justin Barrett, del análisis de las causas por las que las creencias y las practicas religiosas persisten en sociedades de todo el mundo, se desprende que los vínculos sociales que propician las religiones favorecen que los individuos cooperen como sociedades. Roger Trigg, por su parte, señala que “hemos reunido una gran cantidad de evidencias que sugieren que la religión es un factor común de la naturaleza humana, y que se produce en sociedades muy diversas. Esto supone que los intentos por suprimir la religión tenderán a tener una corta vida porque el pensamiento humano hunde sus raíces en conceptos religiosos, como la existencia de agentes sobrenaturales o dioses, y la posibilidad de que existan la vida después de la muerte o la vida antes del nacimiento”.
Estos resultados nos llevan a pensar que el ser humano tiene impreso en su herencia genética el sentido de la religiosidad, la necesidad de creer en algo que nos trascienda. La cuestión es: ¿hacia dónde hemos de dirigirnos? La respuesta a la pregunta se fundamenta en la meta de nuestra vida. También hemos visto que tal meta ha sido y es alcanzar la felicidad y la plenitud. Por consiguiente, el mejor camino, el más seguro, el verdadero, es N.S. Jesucristo
(Cfr. Jn 14, 6). La innata necesidad religiosa se centra presenta tres facetas. ¿Necesitamos encontrar el rumbo de nuestra vida? Jesús es el camino. ¿Tenemos la necesidad de una verdad absoluta espiritual, sin ninguna mezcla de error? Jesús es la verdad. ¿Nos sentimos espiritualmente muertos? Jesús es la vida, y Él da la vida eterna, ya que se nos dice que “no hay salvación en ningún otro, pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos” (Hech 4, 12). Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx
Los países escogidos fueron representantes tanto de sociedades tradicionalmente religiosas como de sociedades generalmente ateas. A partir de los resultados obtenidos en dichos estudios los científicos concluyeron que los seres humanos están predispuestos a creer en dioses y en la vida después de la muerte, y que tanto la teología como el ateísmo son respuestas razonadas a un impulso básico de la mente humana.
Aquí es importante hacer notar que el proyecto no fue realizado para probar o refutar la existencia de Dios, sino para tratar de comprender si conceptos como el de divinidad o la vida después de la muerte pueden ser enseñados o, por el contrario, son expresiones fundamentales de la naturaleza humana. La Universidad de Oxford publica que algunos de los hallazgos del proyecto de investigación habían sido ya obtenidos en estudios realizados por otra investigadora, Emily Reed Burdett y por Justin Barrett, también de Oxford. Ellos encontraron que para los niños menores de cinco años es más fácil creer en algunas propiedades sobrehumanas que comprender ciertas limitaciones humanas.
Por ejemplo, se preguntó a niños pequeños si sus madres podrían conocer el contenido de una caja, a la que en realidad ellas no tenían acceso. A la edad de tres años, los niños solían afirmar que creían que su madre --y Dios-- podían siempre saber lo que la caja contenía. A la edad de cuatro años, sin embargo, los niños comenzaron a comprender que sus madres no eran omniscientes, aunque continuaron creyendo en agentes sobrenaturales que podían conocer y saber todo, como Dios o los dioses.
Por otro lado, experimentos llevados a cabo con adultos, y dirigidos por JingZhu, de la Universidad Tsinghua de China, y Natalie Emmons y Jesse Bering, de la Universidad Queen de Belfast, han comprobado que individuos de muchas culturas distintas creen instintivamente que alguna parte de su mente, alma o espíritu vivirá después de su muerte. La realización de estos estudios demostró que la gente es naturalmente “dualista”, es decir, que para la mayoría de las personas resulta fácil concebir la separación de la mente y el cuerpo. Según Justin Barrett, del análisis de las causas por las que las creencias y las practicas religiosas persisten en sociedades de todo el mundo, se desprende que los vínculos sociales que propician las religiones favorecen que los individuos cooperen como sociedades. Roger Trigg, por su parte, señala que “hemos reunido una gran cantidad de evidencias que sugieren que la religión es un factor común de la naturaleza humana, y que se produce en sociedades muy diversas. Esto supone que los intentos por suprimir la religión tenderán a tener una corta vida porque el pensamiento humano hunde sus raíces en conceptos religiosos, como la existencia de agentes sobrenaturales o dioses, y la posibilidad de que existan la vida después de la muerte o la vida antes del nacimiento”.
Estos resultados nos llevan a pensar que el ser humano tiene impreso en su herencia genética el sentido de la religiosidad, la necesidad de creer en algo que nos trascienda. La cuestión es: ¿hacia dónde hemos de dirigirnos? La respuesta a la pregunta se fundamenta en la meta de nuestra vida. También hemos visto que tal meta ha sido y es alcanzar la felicidad y la plenitud. Por consiguiente, el mejor camino, el más seguro, el verdadero, es N.S. Jesucristo
(Cfr. Jn 14, 6). La innata necesidad religiosa se centra presenta tres facetas. ¿Necesitamos encontrar el rumbo de nuestra vida? Jesús es el camino. ¿Tenemos la necesidad de una verdad absoluta espiritual, sin ninguna mezcla de error? Jesús es la verdad. ¿Nos sentimos espiritualmente muertos? Jesús es la vida, y Él da la vida eterna, ya que se nos dice que “no hay salvación en ningún otro, pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos” (Hech 4, 12). Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx