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La mirada perfecta
Historias fantásticas, el barrio, el tráfico y la lucha contra la delincuencia en la metrópoli. Cuatro historias de mujeres, que con cámara en mano, ponen los ojos en su entorno
GUADALAJARA, JALISCO (15/ABR/2012).- En el corazón de la colonia Atlas, cuatro mujeres de diversas edades, orígenes y filosofías acaban de descubrir que tienen una nueva voz con que expresar su opinión ante la sociedad. Una que no nace desde la garganta, sino desde una cámara de video y que es más potente de lo que imaginaron. Ellas son María Teresa Figueroa, Gabriela Suárez, María de Jesús Silva y Florencia Barrios.
Son mujeres cuyos caminos se cruzaron gracias a las ganas de contar historias con imágenes. Viven en lugares diferentes y su forma de ser y aspiraciones son muy distintas.
Su “descubridora” es la también directora de cine Isabel Cristina Fregoso. Las cuatro se inscribieron en el taller documental Hábitat, que se desarrolló a lo largo de marzo en los Centros Culturales Oblatos y Atlas. Es en éste último donde Isabel enumera los dos pilares básicos que forman a una buena documentalista: primero, tiene una buena historia que contar y segundo, tener ganas de hacerlo. En los cuatro casos la fórmula estaba completa.
El Centro Cultural Oblatos es un oasis de conocimiento en una colonia donde a través de calles estrechas abundan talleres mecánicos, neverías, cibercafés, tiendas de ropa y de abarrotes. Fregoso imparte su taller rodeada por la colección de libros que posee el centro, un verdadero imán de la cultura que tiene espacio para todo tipo de conocimiento (en un mismo estante tiene las biografías de Hellen Keller, Pancho Villa, la novela de Las uvas de la ira de John Steinbeck y la Nueva enciclopedia temática, la versión de 1963, sí, con Yugoslavia incluida).
La realizadora se muestra emocionada con su papel de maestra. Gesticula para dar forma a sus ideas. Dirige su mirada a su grupo de alumnas, que se encuentran en ese momento escribiendo el reporte final de la clase. “Es el único taller en el que he estado donde los participantes llegan una hora antes y se van una hora después sin protestar”, explica con orgullo.
Isabel explica que Hábitat nació a partir de un anhelo que ella guardó durante años. “Todo comenzó cuando recibí un apoyo, principalmente viáticos para actores, por parte del Ayuntamiento de Guadalajara para mi cortometraje de Cristeros y federales. A cambio, tenía que hacer algo para el ayuntamiento y lo que más me entusiasmó fue la idea de montar un taller para mujeres, porque creo que hacía falta escuchar más la voz de ellas a nivel público”.
Los talleres de cine no son extraños en Guadalajara, aunque generalmente están dirigidos a quienes tienen recursos para “levantar” una producción. Sin embargo, a Isabel Fregoso le interesaba llevar Hábitat a los barrios humildes, esos donde el Séptimo Arte sí se ve, pero no se hace. “Me pareció importante ir a las colonias humildes justamente porque no nos conocemos. Guadalajara es muy grande y no sabemos nada de lo que pasa más allá de nuestro círculo. A veces la gente dice que el mundo es pequeño, ¡y no, es muy grande, somos nosotros los que conocemos muy poco!”.
El Ayuntamiento de Guadalajara permitió que el taller tuviera como sede los centros culturales de las colonias Oblatos y Atlas. “Creo que son fuentes de energía positiva para la ciudad”, agrega la directora, quien afirma “traerlo a mujeres que generalmente no tienen la posibilidad de acceder a estas dinámicas me resultaba importante por un asunto de convicción”.
¿Pero, porqué documental y no un taller de ficción? “El documental es un género muy interesante –explica Fregoso–, nos obliga a acudir a la realidad de una forma distinta. Nos lleva a mirarnos de forma profunda, a descubrirnos, a hacer una caminata en nuestro entorno inmediato”.
Justamente por eso el taller fue bautizado como Hábitat, porque en palabras de su organizadora “muestra dónde y cómo es el lugar donde estamos, cómo se construye, cómo se siente, cómo respira”.
En Hábitat las alumnas aprendieron a hacer un análisis de la realidad, vieron documentales, se analizó el lenguaje cinematográfico y aprendieron a escribir guiones. “Todo de forma introductoria y fundamental, sin ser demasiado académico o meticuloso”, explica Isabel, quien reconoce que le faltó tiempo para enseñarles todo lo que hubiera querido, aunque en el aire queda la promesa de organizar otro taller.
Los cuatro trabajos documentales nacidos en Hábitat no son perfectos a nivel técnico, pero sí tienen una intención e identidad muy superiores a lo que Fregoso pensó que obtendría en un principio. Luce satisfecha con el resultado del taller. “Creo que la cultura no siempre debe venir de arriba y ser sólo para estratos sociales altos. Tampoco puede depender de la pirámide donde se ejerce el poder político en México. Tiene que ser mucho más circular, llegarnos a todos. Mi sueño es que en cada barrio existiera un pequeño centro de producción o un taller de documentales”. El sueño se ve lejos, pero el primer paso está marcado.
Del mercado a la boca…
“Pienso que hay cosas tan cotidianas, que ya no las vemos. El ojo de Isabel Cristina nos enseñó que están allí y lo interesantes que son”. Así piensa María Teresa Figueroa, una orgullosa tonalteca que aprendió a ver el mundo de otra forma gracias a su encuentro con el universo de los documentales.
Con una sonrisa que parece ser inextinguible, María Teresa confiesa que entró a Hábitat porque pensó que allí la capacitarían en el manejo de cámaras. “Fue un interés egoísta que se terminó convirtiendo en un interés por retratar mi comunidad (risas). Yo tengo un espacio cultural que se llama Los Ariles en el barrio de La Alberca y necesitaba registrar las cosas que se hacen allí y por eso me inscribí en el taller. Pero entonces me enteré que era para enseñarnos a hacer documentales, y me fascinó”.
Lo que Teresa quería contar es lo que “todos ven” pero “nadie observa”. Ella observa un Tonalá vibrante, lleno de gente buena y que se esfuerza en hacer su trabajo. “Es mucho más que artesanía y tianguis, y quiero que la gente vea un poco de mi mundo, uno que incluso yo aprendí a ver con otros ojos a partir del curso”.
“El trabajo que hice es sobre un señor que vende jugos en la mañana y vende tacos en la noche. Lo hace todos los días, de todas las semanas, de todos los meses. ‘Siempre’ significa de verdad ‘siempre’ con él. Es una actividad muy común, ¿no? Pero es indispensable para mucha gente”, explica la directora de Los Ariles, quien no oculta la emoción en su voz al ver terminado su documental.
Por la mañana y la noche, el negocio del “juguero-taquero” se convierte en un lugar de cohesión social. “Los vecinos se reúnen entorno a la comida, allí platican sobre sus problemas, sus planes, sus sueños”.
Es allí donde surgen las personalidades de esos habitantes que hasta antes del documental, eran anónimos entre la multitud. “Todos tienen una historia que contar, un problema que superar, planes que quieren concretar. Y es increíble como existe fraternidad entorno a unos tacos (risas)”.
Los colores del barrio quedan atrapados en el documental de María Teresa. Ella acepta que un nuevo mundo se abre ante ella cuando toma la cámara. “El cine te enseña un lenguaje nuevo”, afirma y agrega: “Muchas veces no hablamos, no decimos ‘aquí estoy, esta es mi ciudad, este es mi barrio’. Pero a través de la imagen lo podemos expresar, podemos retratar muchas cosas de la colonia donde vivimos. Nuestra presencia en el mundo es interesante, importante para alguien, y tenemos que darnos cuenta”.
El Tonalá de María Teresa se aleja de ese que comúnmente sale en la tele. Retrata la nobleza de la gente trabajadora. “La que se levanta temprano para ir al tianguis, a comprar sus verduras, sus naranjas, la carne, llevar los niños a la escuela, ir a trabajar. Es gente muy valiosa”, explica sin ocultar el orgullo que siente por sus vecinos, a los que ahora conoce mejor. “Hace falta que hablemos más de nuestras colonias, de nuestros barrios, no olvidar los problemas, pero sí observar lo positivo”.
¿Qué si ha pensado en ser directora? María Teresa lanza una carcajada. La palabra cineasta le parece “demasiado”, aunque acepta que ser narradora es lo más adecuado. “Narrar mi realidad, mi mundo, mi espacio, eso sí lo puedo hacer, porque al fin aprendí como”.
La espada en el árbol
La leyenda indica que hace muchos años un hombre cruel ejercía su poder, casi feudal, sobre la población. Su palabra era ley, y el castigo por desafiarla era fulminante. Cualquiera que se atreviera a cometer un crimen en sus dominios se exponía a ser azotado o incluso atravesado por la gigantesca espada y terminar atravesado contra un árbol, como advertencia para futuros disidentes.
La historia suena casi como si hubiera sucedido en la Inglaterra o la Francia medieval. Pero no. Esta historia forma parte del folclore popular de la Colonia Oblatos, la misma donde hace no mucho unos hombres atraparon una supuesta “hada”. Algo tendrá el lugar que trae al mundo de lo místico y las leyendas. Y Florencia Barrios consideró que esta faceta de la ciudad, poco conocida, merecía quedar retratada en un documental. A Guadalajara le caben charros, futbolistas y claro, leyendas.
Bulliciosa como pocas, las calles de Oblatos son testigos del tráfico en su expresión más infernal y del trajín frenético de empleados, amas de casa y paseantes que se trasladan por la ciudad. Si hay ciudades que nunca duermen, Oblatos es la colonia que nunca se detiene.
Pero a Florencia Barrios siempre le fascinó la historia de su barrio. “La colonia tiene muchas cosas que mostrar, muchas que la gente, incluso la que aquí vive, no conoce”.
“La leyenda podría ser sólo eso, pero sucede que la espada con la que supuestamente castigaba este hombre a quien osaba desafiado sigue aquí”, afirma la mujer, a quien el taller de Hábitat le infundió valor para tomar una cámara y capturar la historia, entrevistando de paso a varios habitantes del barrio.
A simple vista, el árbol parece uno más en la calle. Maltrecho por la contaminación, parece que su vida futura, como vegetal y como leyenda, será efímera. “Pero allí está la espada, metida en el tronco”, señala Florencia. A través de un hueco es posible ver una empuñadura, en tanto que la hoja está profundamente clavada dentro del árbol.
Quizá jamás se vea al Rey Arturo cabalgar raudo y veloz con sus caballeros por Circunvalación Oblatos, o a un intrépido paladín blandir su estandarte rumbo a la barranca en busca de una princesa, pero Florencia sabe que a las generaciones futuras les va a constar que en su barrio se rodó el documental de El árbol y la espada, basado no en una leyenda…sino en una historia real.
El tiempo no anda en transporte público
Rápido. Ahora. Ya. El tiempo en la vida de María de Jesús Silva es el elemento más preciado. No dudó en entrar al taller de Hábitat, pues le resultaba interesante, pero confiesa que sí sufrió para cumplir con las horas de clase. “Me sentí un poquito presionada con los tiempos. Por un lado tenía mi trabajo, por otro el taller y además atender la casa, pero fue grato poder mostrar lo que vivo y veo diario”.
En la marea de minutos y segundos que se le escapan, María de Jesús retrató en su documental el frenesí de los mototaxis, medio de transporte típico de Santa Fe y Chulavista en Tlajomulco, dos fraccionamientos estrangulados por el tráfico. “Los mototaxis son muy utilizados allí. La gente que los usa son estudiantes, madres, personas que se trasladan a los tianguis, porque desgraciadamente el transporte (público) no nos lleva hasta nuestros domicilios, y los mototaxis nos ayudan a que lleguemos más rápido a nuestros hogares”.
Nadie sabe de donde salen los casi 800 mototaxis que asegura María de Jesús pululan en las calles de su fraccionamiento. Considerados como “irregulares” por las autoridades, han estado largo tiempo en el ojo del huracán, pero para ella son indispensables. “La densidad poblacional en Santa Fe y Chulavista es enorme. Están muy lejos de la mancha urbana, pero por la cantidad de gente que hay uno juraría que ya son dos ciudades chiquitas”. Y entrar y salir de estas mini-urbes es una proeza.
Al denunciar un problema de movilidad, María de Jesús pensó que tendría el apoyo de los habitantes de Tlajomulco…pero no. “Hay mucho miedo por parte de las personas a que las grabé con una cámara que no es ostentosa”, al referirse que su pequeña videocámara no inspiraba mucha confianza entre los vecinos. “No les gusta que los graben, que alguien ande con una cámara, ni hacer preguntas. Te miran con temor e inquietud”.
¿Qué si aprendió a ver con nuevos ojos un problema añejo? María Jesús no duda en responder que sí, pero ella le otorga un enfoque positivo al problema y explica que esta nueva visión “cinematográfica” no sólo debe aplicarse a elementos negativos. “Ante la prisa con la que vivimos no nos fijamos en muchas cosas y lugares. De repente esos lugares que siempre han pasado desapercibidos ante nuestras miradas, lo que parece ser una casa o colonia normal tiene mucho que mostrarle al mundo.” Un mundo al que se llega, claro está, en mototaxi.
“La voluntad lo es todo”
Gabriela Suárez ya amaba la fotografía, y con el documental encontró un segundo lenguaje con el cual expresarse. “Es como ganar un nuevo punto de vista, una forma de ver lo que cotidianamente no utilizamos”.
El trabajo que Suárez desarrolló en el taller se aproxima a una realidad, que irónicamente, ella no quisiera observar. “Conté la problemática que hay en cierta parte de mi colonia, El Sauz. Hay mucha violencia y lo que a mí me brinca mucho es que cada vez hay más niños metidos en esta situación. Es muy duro ver como jóvenes cargan pistolas, se matan entre sí y eso me asusta mucho. Tengo una hija de 13 años y no quiero que ella sufra esta realidad”.
La muerte de dos niños es el punto de partida en el trabajo visual de Gabriela, un auténtico grito de ayuda desde una colonia donde la pobreza está oscureciendo las voluntades y los corazones. “En todos lados hay violencia, lo sé, pero me duele lo que ocurre en El Sauz, porque son muchas familias afectadas”.
Las torres de multifamiliares, los patios abandonados y las tiendas cerradas son los testigos mudos del documental. Gabriela Suárez es una valiente en una colonia donde las ganas por salir adelante chocan de frente con la inseguridad. Ella sabe que quedarse callada es peor, pero son pocos quienes alzan la voz.
El terror se convirtió en una gigantesca muralla para Suárez. Y es que aunque los casos de violencia sobraban, nadie quería hablar de ellos. La gente, asustada, no quería hablar. “Allí todos hablan de que ‘a fulanito le pasó’, ‘a manganito lo hirieron’, pero cuando se trata de expresar lo que uno siente, los vecinos preferían guardar silencio”, acepta Gabriela, cuya voluntad no se apagó ante la penumbra de silencio que tuvo que enfrentar. Sabe que denunciar es el primer paso para salir del problema. “La autoridad tiene que voltear y la gente en Guadalajara tiene que enterarse que esto ocurre dentro de su propia ciudad”.
Gabriela se imagina haciendo más cine. De hecho, Hábitat despejó muchas ideas erróneas que ella tenía sobre el Séptimo Arte. “En el documental cuenta mucho la voluntad que tienes para hacerlo. Cuando uno piensa en hacer cine lo primero que viene a la mente es que es muy complicado, que se necesitan cámaras grandes, un equipo enorme. Pero ya hay tecnología mucho más barata para poder hacerlo bien. La voluntad lo es todo”.
EL ARTE DE ENSEÑAR
Isabel Fregoso
Nació en Valladolid, Yucatán, México, en 1968. Estudió Ciencias de la Comunicación en el ITESO de Guadalajara, Apreciación Cinematográfica en el CIEC (Centro de Investigación y Enseñanza Cinematográfica) dirigido por Emilio García Riera; guión en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba y Dirección Cinematográfica en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, UNAM)
Es autora de los documentales: ''Chenalho, el corazón de los altos'', ''El aliento de Dios'', y ''Cristeros y Federales'', entre otros.
PRESENTACIÓN
Viernes 20 de abril
Las piezas documentales del taller Hábitat serán presentadas este viernes 20 de abril a las 18:00 horas, en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas, ubicado en Avenida Alcalde 225, en el Centro de Guadalajara. La entrada es libre.
Son mujeres cuyos caminos se cruzaron gracias a las ganas de contar historias con imágenes. Viven en lugares diferentes y su forma de ser y aspiraciones son muy distintas.
Su “descubridora” es la también directora de cine Isabel Cristina Fregoso. Las cuatro se inscribieron en el taller documental Hábitat, que se desarrolló a lo largo de marzo en los Centros Culturales Oblatos y Atlas. Es en éste último donde Isabel enumera los dos pilares básicos que forman a una buena documentalista: primero, tiene una buena historia que contar y segundo, tener ganas de hacerlo. En los cuatro casos la fórmula estaba completa.
El Centro Cultural Oblatos es un oasis de conocimiento en una colonia donde a través de calles estrechas abundan talleres mecánicos, neverías, cibercafés, tiendas de ropa y de abarrotes. Fregoso imparte su taller rodeada por la colección de libros que posee el centro, un verdadero imán de la cultura que tiene espacio para todo tipo de conocimiento (en un mismo estante tiene las biografías de Hellen Keller, Pancho Villa, la novela de Las uvas de la ira de John Steinbeck y la Nueva enciclopedia temática, la versión de 1963, sí, con Yugoslavia incluida).
La realizadora se muestra emocionada con su papel de maestra. Gesticula para dar forma a sus ideas. Dirige su mirada a su grupo de alumnas, que se encuentran en ese momento escribiendo el reporte final de la clase. “Es el único taller en el que he estado donde los participantes llegan una hora antes y se van una hora después sin protestar”, explica con orgullo.
Isabel explica que Hábitat nació a partir de un anhelo que ella guardó durante años. “Todo comenzó cuando recibí un apoyo, principalmente viáticos para actores, por parte del Ayuntamiento de Guadalajara para mi cortometraje de Cristeros y federales. A cambio, tenía que hacer algo para el ayuntamiento y lo que más me entusiasmó fue la idea de montar un taller para mujeres, porque creo que hacía falta escuchar más la voz de ellas a nivel público”.
Los talleres de cine no son extraños en Guadalajara, aunque generalmente están dirigidos a quienes tienen recursos para “levantar” una producción. Sin embargo, a Isabel Fregoso le interesaba llevar Hábitat a los barrios humildes, esos donde el Séptimo Arte sí se ve, pero no se hace. “Me pareció importante ir a las colonias humildes justamente porque no nos conocemos. Guadalajara es muy grande y no sabemos nada de lo que pasa más allá de nuestro círculo. A veces la gente dice que el mundo es pequeño, ¡y no, es muy grande, somos nosotros los que conocemos muy poco!”.
El Ayuntamiento de Guadalajara permitió que el taller tuviera como sede los centros culturales de las colonias Oblatos y Atlas. “Creo que son fuentes de energía positiva para la ciudad”, agrega la directora, quien afirma “traerlo a mujeres que generalmente no tienen la posibilidad de acceder a estas dinámicas me resultaba importante por un asunto de convicción”.
¿Pero, porqué documental y no un taller de ficción? “El documental es un género muy interesante –explica Fregoso–, nos obliga a acudir a la realidad de una forma distinta. Nos lleva a mirarnos de forma profunda, a descubrirnos, a hacer una caminata en nuestro entorno inmediato”.
Justamente por eso el taller fue bautizado como Hábitat, porque en palabras de su organizadora “muestra dónde y cómo es el lugar donde estamos, cómo se construye, cómo se siente, cómo respira”.
En Hábitat las alumnas aprendieron a hacer un análisis de la realidad, vieron documentales, se analizó el lenguaje cinematográfico y aprendieron a escribir guiones. “Todo de forma introductoria y fundamental, sin ser demasiado académico o meticuloso”, explica Isabel, quien reconoce que le faltó tiempo para enseñarles todo lo que hubiera querido, aunque en el aire queda la promesa de organizar otro taller.
Los cuatro trabajos documentales nacidos en Hábitat no son perfectos a nivel técnico, pero sí tienen una intención e identidad muy superiores a lo que Fregoso pensó que obtendría en un principio. Luce satisfecha con el resultado del taller. “Creo que la cultura no siempre debe venir de arriba y ser sólo para estratos sociales altos. Tampoco puede depender de la pirámide donde se ejerce el poder político en México. Tiene que ser mucho más circular, llegarnos a todos. Mi sueño es que en cada barrio existiera un pequeño centro de producción o un taller de documentales”. El sueño se ve lejos, pero el primer paso está marcado.
Del mercado a la boca…
“Pienso que hay cosas tan cotidianas, que ya no las vemos. El ojo de Isabel Cristina nos enseñó que están allí y lo interesantes que son”. Así piensa María Teresa Figueroa, una orgullosa tonalteca que aprendió a ver el mundo de otra forma gracias a su encuentro con el universo de los documentales.
Con una sonrisa que parece ser inextinguible, María Teresa confiesa que entró a Hábitat porque pensó que allí la capacitarían en el manejo de cámaras. “Fue un interés egoísta que se terminó convirtiendo en un interés por retratar mi comunidad (risas). Yo tengo un espacio cultural que se llama Los Ariles en el barrio de La Alberca y necesitaba registrar las cosas que se hacen allí y por eso me inscribí en el taller. Pero entonces me enteré que era para enseñarnos a hacer documentales, y me fascinó”.
Lo que Teresa quería contar es lo que “todos ven” pero “nadie observa”. Ella observa un Tonalá vibrante, lleno de gente buena y que se esfuerza en hacer su trabajo. “Es mucho más que artesanía y tianguis, y quiero que la gente vea un poco de mi mundo, uno que incluso yo aprendí a ver con otros ojos a partir del curso”.
“El trabajo que hice es sobre un señor que vende jugos en la mañana y vende tacos en la noche. Lo hace todos los días, de todas las semanas, de todos los meses. ‘Siempre’ significa de verdad ‘siempre’ con él. Es una actividad muy común, ¿no? Pero es indispensable para mucha gente”, explica la directora de Los Ariles, quien no oculta la emoción en su voz al ver terminado su documental.
Por la mañana y la noche, el negocio del “juguero-taquero” se convierte en un lugar de cohesión social. “Los vecinos se reúnen entorno a la comida, allí platican sobre sus problemas, sus planes, sus sueños”.
Es allí donde surgen las personalidades de esos habitantes que hasta antes del documental, eran anónimos entre la multitud. “Todos tienen una historia que contar, un problema que superar, planes que quieren concretar. Y es increíble como existe fraternidad entorno a unos tacos (risas)”.
Los colores del barrio quedan atrapados en el documental de María Teresa. Ella acepta que un nuevo mundo se abre ante ella cuando toma la cámara. “El cine te enseña un lenguaje nuevo”, afirma y agrega: “Muchas veces no hablamos, no decimos ‘aquí estoy, esta es mi ciudad, este es mi barrio’. Pero a través de la imagen lo podemos expresar, podemos retratar muchas cosas de la colonia donde vivimos. Nuestra presencia en el mundo es interesante, importante para alguien, y tenemos que darnos cuenta”.
El Tonalá de María Teresa se aleja de ese que comúnmente sale en la tele. Retrata la nobleza de la gente trabajadora. “La que se levanta temprano para ir al tianguis, a comprar sus verduras, sus naranjas, la carne, llevar los niños a la escuela, ir a trabajar. Es gente muy valiosa”, explica sin ocultar el orgullo que siente por sus vecinos, a los que ahora conoce mejor. “Hace falta que hablemos más de nuestras colonias, de nuestros barrios, no olvidar los problemas, pero sí observar lo positivo”.
¿Qué si ha pensado en ser directora? María Teresa lanza una carcajada. La palabra cineasta le parece “demasiado”, aunque acepta que ser narradora es lo más adecuado. “Narrar mi realidad, mi mundo, mi espacio, eso sí lo puedo hacer, porque al fin aprendí como”.
La espada en el árbol
La leyenda indica que hace muchos años un hombre cruel ejercía su poder, casi feudal, sobre la población. Su palabra era ley, y el castigo por desafiarla era fulminante. Cualquiera que se atreviera a cometer un crimen en sus dominios se exponía a ser azotado o incluso atravesado por la gigantesca espada y terminar atravesado contra un árbol, como advertencia para futuros disidentes.
La historia suena casi como si hubiera sucedido en la Inglaterra o la Francia medieval. Pero no. Esta historia forma parte del folclore popular de la Colonia Oblatos, la misma donde hace no mucho unos hombres atraparon una supuesta “hada”. Algo tendrá el lugar que trae al mundo de lo místico y las leyendas. Y Florencia Barrios consideró que esta faceta de la ciudad, poco conocida, merecía quedar retratada en un documental. A Guadalajara le caben charros, futbolistas y claro, leyendas.
Bulliciosa como pocas, las calles de Oblatos son testigos del tráfico en su expresión más infernal y del trajín frenético de empleados, amas de casa y paseantes que se trasladan por la ciudad. Si hay ciudades que nunca duermen, Oblatos es la colonia que nunca se detiene.
Pero a Florencia Barrios siempre le fascinó la historia de su barrio. “La colonia tiene muchas cosas que mostrar, muchas que la gente, incluso la que aquí vive, no conoce”.
“La leyenda podría ser sólo eso, pero sucede que la espada con la que supuestamente castigaba este hombre a quien osaba desafiado sigue aquí”, afirma la mujer, a quien el taller de Hábitat le infundió valor para tomar una cámara y capturar la historia, entrevistando de paso a varios habitantes del barrio.
A simple vista, el árbol parece uno más en la calle. Maltrecho por la contaminación, parece que su vida futura, como vegetal y como leyenda, será efímera. “Pero allí está la espada, metida en el tronco”, señala Florencia. A través de un hueco es posible ver una empuñadura, en tanto que la hoja está profundamente clavada dentro del árbol.
Quizá jamás se vea al Rey Arturo cabalgar raudo y veloz con sus caballeros por Circunvalación Oblatos, o a un intrépido paladín blandir su estandarte rumbo a la barranca en busca de una princesa, pero Florencia sabe que a las generaciones futuras les va a constar que en su barrio se rodó el documental de El árbol y la espada, basado no en una leyenda…sino en una historia real.
El tiempo no anda en transporte público
Rápido. Ahora. Ya. El tiempo en la vida de María de Jesús Silva es el elemento más preciado. No dudó en entrar al taller de Hábitat, pues le resultaba interesante, pero confiesa que sí sufrió para cumplir con las horas de clase. “Me sentí un poquito presionada con los tiempos. Por un lado tenía mi trabajo, por otro el taller y además atender la casa, pero fue grato poder mostrar lo que vivo y veo diario”.
En la marea de minutos y segundos que se le escapan, María de Jesús retrató en su documental el frenesí de los mototaxis, medio de transporte típico de Santa Fe y Chulavista en Tlajomulco, dos fraccionamientos estrangulados por el tráfico. “Los mototaxis son muy utilizados allí. La gente que los usa son estudiantes, madres, personas que se trasladan a los tianguis, porque desgraciadamente el transporte (público) no nos lleva hasta nuestros domicilios, y los mototaxis nos ayudan a que lleguemos más rápido a nuestros hogares”.
Nadie sabe de donde salen los casi 800 mototaxis que asegura María de Jesús pululan en las calles de su fraccionamiento. Considerados como “irregulares” por las autoridades, han estado largo tiempo en el ojo del huracán, pero para ella son indispensables. “La densidad poblacional en Santa Fe y Chulavista es enorme. Están muy lejos de la mancha urbana, pero por la cantidad de gente que hay uno juraría que ya son dos ciudades chiquitas”. Y entrar y salir de estas mini-urbes es una proeza.
Al denunciar un problema de movilidad, María de Jesús pensó que tendría el apoyo de los habitantes de Tlajomulco…pero no. “Hay mucho miedo por parte de las personas a que las grabé con una cámara que no es ostentosa”, al referirse que su pequeña videocámara no inspiraba mucha confianza entre los vecinos. “No les gusta que los graben, que alguien ande con una cámara, ni hacer preguntas. Te miran con temor e inquietud”.
¿Qué si aprendió a ver con nuevos ojos un problema añejo? María Jesús no duda en responder que sí, pero ella le otorga un enfoque positivo al problema y explica que esta nueva visión “cinematográfica” no sólo debe aplicarse a elementos negativos. “Ante la prisa con la que vivimos no nos fijamos en muchas cosas y lugares. De repente esos lugares que siempre han pasado desapercibidos ante nuestras miradas, lo que parece ser una casa o colonia normal tiene mucho que mostrarle al mundo.” Un mundo al que se llega, claro está, en mototaxi.
“La voluntad lo es todo”
Gabriela Suárez ya amaba la fotografía, y con el documental encontró un segundo lenguaje con el cual expresarse. “Es como ganar un nuevo punto de vista, una forma de ver lo que cotidianamente no utilizamos”.
El trabajo que Suárez desarrolló en el taller se aproxima a una realidad, que irónicamente, ella no quisiera observar. “Conté la problemática que hay en cierta parte de mi colonia, El Sauz. Hay mucha violencia y lo que a mí me brinca mucho es que cada vez hay más niños metidos en esta situación. Es muy duro ver como jóvenes cargan pistolas, se matan entre sí y eso me asusta mucho. Tengo una hija de 13 años y no quiero que ella sufra esta realidad”.
La muerte de dos niños es el punto de partida en el trabajo visual de Gabriela, un auténtico grito de ayuda desde una colonia donde la pobreza está oscureciendo las voluntades y los corazones. “En todos lados hay violencia, lo sé, pero me duele lo que ocurre en El Sauz, porque son muchas familias afectadas”.
Las torres de multifamiliares, los patios abandonados y las tiendas cerradas son los testigos mudos del documental. Gabriela Suárez es una valiente en una colonia donde las ganas por salir adelante chocan de frente con la inseguridad. Ella sabe que quedarse callada es peor, pero son pocos quienes alzan la voz.
El terror se convirtió en una gigantesca muralla para Suárez. Y es que aunque los casos de violencia sobraban, nadie quería hablar de ellos. La gente, asustada, no quería hablar. “Allí todos hablan de que ‘a fulanito le pasó’, ‘a manganito lo hirieron’, pero cuando se trata de expresar lo que uno siente, los vecinos preferían guardar silencio”, acepta Gabriela, cuya voluntad no se apagó ante la penumbra de silencio que tuvo que enfrentar. Sabe que denunciar es el primer paso para salir del problema. “La autoridad tiene que voltear y la gente en Guadalajara tiene que enterarse que esto ocurre dentro de su propia ciudad”.
Gabriela se imagina haciendo más cine. De hecho, Hábitat despejó muchas ideas erróneas que ella tenía sobre el Séptimo Arte. “En el documental cuenta mucho la voluntad que tienes para hacerlo. Cuando uno piensa en hacer cine lo primero que viene a la mente es que es muy complicado, que se necesitan cámaras grandes, un equipo enorme. Pero ya hay tecnología mucho más barata para poder hacerlo bien. La voluntad lo es todo”.
EL ARTE DE ENSEÑAR
Isabel Fregoso
Nació en Valladolid, Yucatán, México, en 1968. Estudió Ciencias de la Comunicación en el ITESO de Guadalajara, Apreciación Cinematográfica en el CIEC (Centro de Investigación y Enseñanza Cinematográfica) dirigido por Emilio García Riera; guión en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba y Dirección Cinematográfica en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, UNAM)
Es autora de los documentales: ''Chenalho, el corazón de los altos'', ''El aliento de Dios'', y ''Cristeros y Federales'', entre otros.
PRESENTACIÓN
Viernes 20 de abril
Las piezas documentales del taller Hábitat serán presentadas este viernes 20 de abril a las 18:00 horas, en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas, ubicado en Avenida Alcalde 225, en el Centro de Guadalajara. La entrada es libre.