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“La idea es que esto no muera”
Esta es una postal nocturna, un recorrido por la ciudad a bordo de un par de rutas del Búho, transporte público usado mayoritariamente por trabajadores y que por estos días redujo sus trayectos y aumentó el precio del pasaje a 15 pesos
GUADALAJARA, JALISCO (15/ABR/2012).- El chofer es corpulento pero no macizo. Es platicador, parece taxista. Tiene un cuerpo de carnes flojas, colgantes, que se agitan con su andar pendular de oso. Demasiadas horas frente al volante. Desveladas y corajes. Muchos refrescos, cigarros, frijoles.
“Rrrrrrrrrrrn”. Sergio Martínez enciende el motor y abre las puertas. Desde hace 30 minutos, una fila de personas espera la Ruta H del Búho Nocturno, rumbo a Chulavista. Una de las más concurridas, según los operadores. Suben hombres de nutridos bigotes con los pantalones manchados de pintura; las botas raspadas, embadurnadas de tierra. También suben mujeres -con bebés en brazos, con minifalda y escote canalla- que al sentarse pestañean para disipar el cansancio y recargan la cabeza en las ventanillas.
El estrecho pasillo comienza a agolparse: los pasajeros afianzados de los tubos horizontales se aprietan con sus cuerpos olorosos a sudor, a veces se empujan y se miden con desdén, rara vez se miran. No se hablan. Pero tienen una cosa en común: no quieren pagar taxi.
Un hombre moreno que huele a alcohol deposita 10 pesos en la alcancía de la unidad. No sabe que desde el 4 de abril pasado la tarifa es de 15 pesos.
-Cuesta 15 pesos -le dice el chofer.
-No sabía -responde el pasajero y saca, con desgana, el resto del dinero de su mochila.
Sergio arranca, con la unidad a punto de llenarse. Eructos mecánicos, roncas exhalaciones y la voz amariconada de Gustavo Ángel, vocalista del grupo Los Temerarios, que canta esa que dice “Nuuuuuunca hubiera descubierto tu infame engaño. Hoy mi pobre corazooón está muriendo...”, lo acompañan en su recorrido que inicia por la calle Miguel Blanco, en el corazón de Guadalajara.
Carlos Mondragón mira cómo la Ruta H se retira con pesadez bañando las calles con la luz amarilla emanada de su farola preventiva. Carlos salió temprano de trabajar como mesero en un bar del Centro Histórico de Guadalajara. Trae en la bolsa de su pantalón 90 pesos de propinas. Al ver que la ruta que anteriormente abordaba tuvo un cambio y ya no llega hasta su domicilio, se sienta en una de las bancas verdes a esperar. Esperar hasta que después de las 05:00 horas un camión “de los de seis pesos” pase y lo lleve hasta “El Castillo”.
Al igual que él, a Bertha Alicia Arvizu, trabajadora de un restorán de comida mexicana, le afectó el cambio de horario que se redujo: la ruta del Búho terminaba a las cinco de la mañana, pero ahora lo hace a las 03:00 horas. Bertha a veces sale tarde. Toma la Ruta J rumbo a “San Pedrito”; pero hoy buscará otra opción para regresar a su casa.
Delfina Cervantes, que vende dulces, comida y café en un puesto montado a unos metros de donde se estacionan los camiones, exige que se devuelva el servicio como estaba antes del 4 de abril: “O meten otra vez todas las rutas o las quitan todas”.
Pesado como un hipopótamo enyesado, el camión da la vuelta en 8 de Julio. Recorre los tentáculos de la ciudad a 40 kilómetros por hora. Cruza Avenida Washington, después Lázaro Cárdenas. En la Colonia Polanco, sobre el arcén de la vía, el mazacote móvil deja atrás a dos patrullas de la Policía de Tlaquepaque con las torretas encendidas. Los policías detienen y revisan dos camionetas de modelo reciente. Los pasajeros que dormitan miran con indiferencia la escena y luego clavan los ojos en los ralos vehículos que a esa hora pasan a un costado de ellos.
Fijos los ojos en los haces de luz que derraman los fanales del camión, Sergio Martínez enciende un cigarro: “Es que me quita el sueño”. Dice que las personas que llevaron a cabo los cambios en el servicio del transporte nocturno “es gente que no sabe andar en camión”.
Cuando el semáforo está en rojo, Sergio jala dos o tres veces el humo del cigarro y pierde su atención en los cerros apagados que rodean la ciudad, siluetas brumosas que se extienden largas y oscuras como bestias dormidas.
En julio de 2011, el director del Consejo Estatal Contra las Adicciones en Jalisco, Joel Salvador Chávez Rivera, informó que en el Estado muere en promedio una persona cada dos horas y media por enfermedades vinculadas al consumo de tabaco. En el caso del transporte público, estimó que alrededor de 27% de los choferes fuma al interior de la unidad.
El humo se desenreda sobre su cara de Sergio, asciende y se pierde. Se concentra en que, en una hora y cinco minutos de recorrido tendrá que estar en Chulavista. Piensa que hubo mala planeación en el servicio del Búho Nocturno. “Hay gente que necesita el servicio en el Mercado de Abastos, en Polanco. No es que baje el pasaje, es que no supieron planearlo”.
“La idea es que esto no muera”, dice Javier Sánchez, conductor de la Ruta J. Para Javier, el riesgo de manejar durante la noche no está en que lo puedan asaltar, sino en la gente que no respeta los semáforos. Debido a eso, cada día, frente a la puerta de su casa, se despide de su madre y de sus hijos.
Javier tiene tres hijos. Le dicen “El cantante” porque labora en un grupo musical. Admira a Vicente Fernández y canta sus temas mientras maneja. Es amable, jovial y trata de dar el mejor servicio al pasaje. Con 20 años de experiencia en el transporte público, se da cuenta de las necesidades de la gente.
“A mí me encanta servir, cuidar al usuario. La mayoría (de los choferes) somos gente con experiencia. Este es un trabajo muy noble. Nunca te falta el dinero. Mucha gente sin vocación se viene a sentar aquí, no saben lo importante que es ser servidor público”.
Algunos choferes dicen que ganan de 250 a 300 pesos por noche; otros 400 y hasta 500. “Es dependiendo del patrón”, dice Gabriel Ramírez, chofer de la Ruta D. Tiene dos hijas -una de cinco meses- y esposa. Como el servicio “está tranquilo”, a veces su familia lo acompaña en el recorrido.
Gabriel acelera sobre la Avenida 16 de Septiembre con rumbo a La Coronilla, en Zapopan. Cruza el Centro Histórico. Al frente aparece sereno y desnudo el lomo de la calle. En las plazas cercanas pululan harapientos indigentes que -encogidos como gusanos- duermen en algún rincón umbroso.
Después de la glorieta de La Normal, el concreto hidráulico que el Ayuntamiento tapatío puso con motivo de los Juegos Panamericanos 2011 se estira sin exabruptos hasta llegar a la calle Irene Robledo García, en la Colonia Santa Elena Alcalde. Sólo dos personas abordan el camión y unas cuatro lo harán en el retorno. El camión pasa por un bache y empiezan las sacudidas. Al cruzar el Periférico Norte el pavimento y los baches se vuelven empedrado y la luz en las calles escasea.
Tanto Sergio, Javier y Gabriel coinciden en que es un beneficio para ellos trabajar en el transporte público nocturno, ya que al no estar expuestos a los abusos “de los tránsitos”, “corretizas”, estrés, y, como no tienen que vender cierta cantidad de boletos para obtener más dinero, el trayecto es más relajado y se enfocan en dar un mejor servicio.
Antes de que se llevaran a cabo los cambios en el Búho Nocturno, una encuesta realizada por organismos viales entre los pasajeros reveló que los usuarios del servicio son empleados que trabajan durante los turnos nocturnos y que lo utilizan antes de las 01:00 horas.
Jorge tiene tres meses trabajando en un bar de la zona de Chapultepec. Va rumbo a Los Arcos de Zapopan. Le gusta que los choferes sean amables. Le afecta que quiten el servicio de la Ruta B, los lunes y martes. Dice que de no haber Búho Nocturno, pensaría en buscar otro trabajo.
En el documento citado se dice que 71% de los pasajeros evaluó el servicio como “bueno”; 23% lo consideró “muy bueno”; el 5% opinó que es “malo”, y sólo 1% lo calificó como “muy malo”. La encuesta, aplicada a 574 pasajeros a bordo de unidades de las 10 rutas que tenía el servicio nocturno, revela que 55% de los usuarios lo utiliza por motivos laborales; 32% por cuestiones de paseo o diversión; 8% por visita familiar o de pareja y 3% tienen como motivo el estudio.
Entre los objetivos del transporte está el ahorro económico en los traslados de los trabajadores que en la metrópoli laboran en horario nocturno. Disminuir los accidentes de tránsito por ingerir alcohol y apoyar la reactivación económica de los Centros Históricos de la Zona Metropolitana.
PARA SABER
Rutas para el trabajo
Desde el 4 de abril el horario de operación para todas las rutas es de 23:00 a 3:00 horas.
Las rutas B, C, D y F, operarán sólo de miércoles a domingo.
Las rutas H, I y J ofrecerán servicio diariamente, de lunes a domingo.
La ruta A1 modificará su recorrido para llegar a Miravalle, mientras que la H ampliará su recorrido hasta Chulavista en Tlajomulco.
Las rutas G y E dejarán de prestar el servicio.
La tarifa del pasaje se ajustará a 15 pesos.
“Rrrrrrrrrrrn”. Sergio Martínez enciende el motor y abre las puertas. Desde hace 30 minutos, una fila de personas espera la Ruta H del Búho Nocturno, rumbo a Chulavista. Una de las más concurridas, según los operadores. Suben hombres de nutridos bigotes con los pantalones manchados de pintura; las botas raspadas, embadurnadas de tierra. También suben mujeres -con bebés en brazos, con minifalda y escote canalla- que al sentarse pestañean para disipar el cansancio y recargan la cabeza en las ventanillas.
El estrecho pasillo comienza a agolparse: los pasajeros afianzados de los tubos horizontales se aprietan con sus cuerpos olorosos a sudor, a veces se empujan y se miden con desdén, rara vez se miran. No se hablan. Pero tienen una cosa en común: no quieren pagar taxi.
Un hombre moreno que huele a alcohol deposita 10 pesos en la alcancía de la unidad. No sabe que desde el 4 de abril pasado la tarifa es de 15 pesos.
-Cuesta 15 pesos -le dice el chofer.
-No sabía -responde el pasajero y saca, con desgana, el resto del dinero de su mochila.
Sergio arranca, con la unidad a punto de llenarse. Eructos mecánicos, roncas exhalaciones y la voz amariconada de Gustavo Ángel, vocalista del grupo Los Temerarios, que canta esa que dice “Nuuuuuunca hubiera descubierto tu infame engaño. Hoy mi pobre corazooón está muriendo...”, lo acompañan en su recorrido que inicia por la calle Miguel Blanco, en el corazón de Guadalajara.
Carlos Mondragón mira cómo la Ruta H se retira con pesadez bañando las calles con la luz amarilla emanada de su farola preventiva. Carlos salió temprano de trabajar como mesero en un bar del Centro Histórico de Guadalajara. Trae en la bolsa de su pantalón 90 pesos de propinas. Al ver que la ruta que anteriormente abordaba tuvo un cambio y ya no llega hasta su domicilio, se sienta en una de las bancas verdes a esperar. Esperar hasta que después de las 05:00 horas un camión “de los de seis pesos” pase y lo lleve hasta “El Castillo”.
Al igual que él, a Bertha Alicia Arvizu, trabajadora de un restorán de comida mexicana, le afectó el cambio de horario que se redujo: la ruta del Búho terminaba a las cinco de la mañana, pero ahora lo hace a las 03:00 horas. Bertha a veces sale tarde. Toma la Ruta J rumbo a “San Pedrito”; pero hoy buscará otra opción para regresar a su casa.
Delfina Cervantes, que vende dulces, comida y café en un puesto montado a unos metros de donde se estacionan los camiones, exige que se devuelva el servicio como estaba antes del 4 de abril: “O meten otra vez todas las rutas o las quitan todas”.
Pesado como un hipopótamo enyesado, el camión da la vuelta en 8 de Julio. Recorre los tentáculos de la ciudad a 40 kilómetros por hora. Cruza Avenida Washington, después Lázaro Cárdenas. En la Colonia Polanco, sobre el arcén de la vía, el mazacote móvil deja atrás a dos patrullas de la Policía de Tlaquepaque con las torretas encendidas. Los policías detienen y revisan dos camionetas de modelo reciente. Los pasajeros que dormitan miran con indiferencia la escena y luego clavan los ojos en los ralos vehículos que a esa hora pasan a un costado de ellos.
Fijos los ojos en los haces de luz que derraman los fanales del camión, Sergio Martínez enciende un cigarro: “Es que me quita el sueño”. Dice que las personas que llevaron a cabo los cambios en el servicio del transporte nocturno “es gente que no sabe andar en camión”.
Cuando el semáforo está en rojo, Sergio jala dos o tres veces el humo del cigarro y pierde su atención en los cerros apagados que rodean la ciudad, siluetas brumosas que se extienden largas y oscuras como bestias dormidas.
En julio de 2011, el director del Consejo Estatal Contra las Adicciones en Jalisco, Joel Salvador Chávez Rivera, informó que en el Estado muere en promedio una persona cada dos horas y media por enfermedades vinculadas al consumo de tabaco. En el caso del transporte público, estimó que alrededor de 27% de los choferes fuma al interior de la unidad.
El humo se desenreda sobre su cara de Sergio, asciende y se pierde. Se concentra en que, en una hora y cinco minutos de recorrido tendrá que estar en Chulavista. Piensa que hubo mala planeación en el servicio del Búho Nocturno. “Hay gente que necesita el servicio en el Mercado de Abastos, en Polanco. No es que baje el pasaje, es que no supieron planearlo”.
“La idea es que esto no muera”, dice Javier Sánchez, conductor de la Ruta J. Para Javier, el riesgo de manejar durante la noche no está en que lo puedan asaltar, sino en la gente que no respeta los semáforos. Debido a eso, cada día, frente a la puerta de su casa, se despide de su madre y de sus hijos.
Javier tiene tres hijos. Le dicen “El cantante” porque labora en un grupo musical. Admira a Vicente Fernández y canta sus temas mientras maneja. Es amable, jovial y trata de dar el mejor servicio al pasaje. Con 20 años de experiencia en el transporte público, se da cuenta de las necesidades de la gente.
“A mí me encanta servir, cuidar al usuario. La mayoría (de los choferes) somos gente con experiencia. Este es un trabajo muy noble. Nunca te falta el dinero. Mucha gente sin vocación se viene a sentar aquí, no saben lo importante que es ser servidor público”.
Algunos choferes dicen que ganan de 250 a 300 pesos por noche; otros 400 y hasta 500. “Es dependiendo del patrón”, dice Gabriel Ramírez, chofer de la Ruta D. Tiene dos hijas -una de cinco meses- y esposa. Como el servicio “está tranquilo”, a veces su familia lo acompaña en el recorrido.
Gabriel acelera sobre la Avenida 16 de Septiembre con rumbo a La Coronilla, en Zapopan. Cruza el Centro Histórico. Al frente aparece sereno y desnudo el lomo de la calle. En las plazas cercanas pululan harapientos indigentes que -encogidos como gusanos- duermen en algún rincón umbroso.
Después de la glorieta de La Normal, el concreto hidráulico que el Ayuntamiento tapatío puso con motivo de los Juegos Panamericanos 2011 se estira sin exabruptos hasta llegar a la calle Irene Robledo García, en la Colonia Santa Elena Alcalde. Sólo dos personas abordan el camión y unas cuatro lo harán en el retorno. El camión pasa por un bache y empiezan las sacudidas. Al cruzar el Periférico Norte el pavimento y los baches se vuelven empedrado y la luz en las calles escasea.
Tanto Sergio, Javier y Gabriel coinciden en que es un beneficio para ellos trabajar en el transporte público nocturno, ya que al no estar expuestos a los abusos “de los tránsitos”, “corretizas”, estrés, y, como no tienen que vender cierta cantidad de boletos para obtener más dinero, el trayecto es más relajado y se enfocan en dar un mejor servicio.
Antes de que se llevaran a cabo los cambios en el Búho Nocturno, una encuesta realizada por organismos viales entre los pasajeros reveló que los usuarios del servicio son empleados que trabajan durante los turnos nocturnos y que lo utilizan antes de las 01:00 horas.
Jorge tiene tres meses trabajando en un bar de la zona de Chapultepec. Va rumbo a Los Arcos de Zapopan. Le gusta que los choferes sean amables. Le afecta que quiten el servicio de la Ruta B, los lunes y martes. Dice que de no haber Búho Nocturno, pensaría en buscar otro trabajo.
En el documento citado se dice que 71% de los pasajeros evaluó el servicio como “bueno”; 23% lo consideró “muy bueno”; el 5% opinó que es “malo”, y sólo 1% lo calificó como “muy malo”. La encuesta, aplicada a 574 pasajeros a bordo de unidades de las 10 rutas que tenía el servicio nocturno, revela que 55% de los usuarios lo utiliza por motivos laborales; 32% por cuestiones de paseo o diversión; 8% por visita familiar o de pareja y 3% tienen como motivo el estudio.
Entre los objetivos del transporte está el ahorro económico en los traslados de los trabajadores que en la metrópoli laboran en horario nocturno. Disminuir los accidentes de tránsito por ingerir alcohol y apoyar la reactivación económica de los Centros Históricos de la Zona Metropolitana.
PARA SABER
Rutas para el trabajo
Desde el 4 de abril el horario de operación para todas las rutas es de 23:00 a 3:00 horas.
Las rutas B, C, D y F, operarán sólo de miércoles a domingo.
Las rutas H, I y J ofrecerán servicio diariamente, de lunes a domingo.
La ruta A1 modificará su recorrido para llegar a Miravalle, mientras que la H ampliará su recorrido hasta Chulavista en Tlajomulco.
Las rutas G y E dejarán de prestar el servicio.
La tarifa del pasaje se ajustará a 15 pesos.