Suplementos
La historia de San Tarciso
¿Valoramos la Eucaristía?
1) Para saber
Hace unos días el Papa Benedicto XVI, en medio de un gran ambiente de fiesta, recibió en la Audiencia General a cerca de 60 mil monaguillos de todas partes del mundo y recordó la época en la que él también fue un monaguillo.
Les habló sobre el patrono de los monaguillos, el joven mártir San Tarciso, llamado también Tarcisio, quien dio testimonio de que “la Eucaristía es el don más grande que Jesús nos ha dejado”.
2) Para pensar
En el año 302 de nuestra era hubo una cruel persecución contra los cristianos por el emperador Diocleciano. Por ello la Santa Misa se celebraba ocultamente y, en ocasiones, en las catacumbas, que eran excavaciones que se hacían para enterrar a los muertos y donde se celebraban ocultamente las ceremonias de culto.
En una ocasión, después de asistir a la Santa Misa, el niño Tarciso, que ya había hecho la primera comunión y era muy feliz acudiendo a la Santa Misa, oyó que se requería que alguien llevara las Hostias Consagradas a los que estaban próximos a morir, y se ofreció a llevarlas. Ante la duda del sacerdote, pues el encargo era muy peligroso, Tarciso prometió: “Moriré antes que entregarlas”. Envolvieron las Hostias Consagradas en un lino blanco y Tarciso las ocultó en su pecho.
Solito iba caminando hacia la cárcel, cuando se encontró a algunos muchachos no cristianos. Cuando vieron que iba tan serio, sospecharon que ocultaba algo muy importante. Efectivamente, descubrieron que llevaba la Eucaristía. Como no creían en Jesús, se llenaron de odio y trataron de arrancársela. Tarciso apretó sus manos contra su pecho para no permitírselo, aunque estaba recibiendo puñetazos, puntapiés y hasta pedradas. Tarciso no se protegía la cabeza ni el rostro, sino que apretaba con sus brazos la Eucaristía, y aunque eran muchachos más fuertes que él, no podían separarle los brazos.
En ese momento pasó por ahí un soldado cristiano llamado Cuadrato, que conocía a Tarciso y lo rescató aún con vida. Lo tomó entre sus fuertes brazos y lo llevó de regreso a la comunidad cristiana.
Sólo allí, ya agonizando, Tarciso abrió sus brazos dócilmente y devolvió la Eucaristía al sacerdote. Tarciso había cumplido su palabra y murió feliz, pues le había demostrado su amor a Jesús hasta la muerte.
San Tarciso fue mártir porque prefirió morir antes que permitir que profanaran las Hostias Consagradas. Es un ejemplo del amor y la veneración con que hemos de acercarnos a la Sagrada Comunión.
3) Para vivir
El Papa Benedicto bendijo una imponente estatua de cinco metros de San Tarciso, que será colocada en las catacumbas de San Calixto. Es un ejemplo y un llamado para quienes ayudan en la Misa y “para quienes desean seguir a Jesús más de cerca”, afirmó.
“Que todos puedan admirar a este niño valiente y fuerte. Así como entregó su vida por defender la Eucaristía, así aprendamos el profundo amor y la gran veneración que debemos tener hacia la Eucaristía. Es un bien precioso, un tesoro cuyo valor no se puede medir. Es el Pan de la Vida, es Jesús mismo que se hace alimento, apoyo y fuerza para nuestro camino de cada día y camino abierto hacia la vida eterna. Es el don más grande que Jesús nos ha dejado”, enfatizó el Papa.
San Tarciso nos ha demostrado que el amor puede llevar incluso hasta el don de la vida por un bien auténtico, por el Señor.
Comentó el Papa que probablemente a nosotros no se nos pide el martirio, pero el Señor nos anima a vivir la fidelidad en las pequeñas cosas, en el recogimiento interior”.
articulosdog@gmail.com
Hace unos días el Papa Benedicto XVI, en medio de un gran ambiente de fiesta, recibió en la Audiencia General a cerca de 60 mil monaguillos de todas partes del mundo y recordó la época en la que él también fue un monaguillo.
Les habló sobre el patrono de los monaguillos, el joven mártir San Tarciso, llamado también Tarcisio, quien dio testimonio de que “la Eucaristía es el don más grande que Jesús nos ha dejado”.
2) Para pensar
En el año 302 de nuestra era hubo una cruel persecución contra los cristianos por el emperador Diocleciano. Por ello la Santa Misa se celebraba ocultamente y, en ocasiones, en las catacumbas, que eran excavaciones que se hacían para enterrar a los muertos y donde se celebraban ocultamente las ceremonias de culto.
En una ocasión, después de asistir a la Santa Misa, el niño Tarciso, que ya había hecho la primera comunión y era muy feliz acudiendo a la Santa Misa, oyó que se requería que alguien llevara las Hostias Consagradas a los que estaban próximos a morir, y se ofreció a llevarlas. Ante la duda del sacerdote, pues el encargo era muy peligroso, Tarciso prometió: “Moriré antes que entregarlas”. Envolvieron las Hostias Consagradas en un lino blanco y Tarciso las ocultó en su pecho.
Solito iba caminando hacia la cárcel, cuando se encontró a algunos muchachos no cristianos. Cuando vieron que iba tan serio, sospecharon que ocultaba algo muy importante. Efectivamente, descubrieron que llevaba la Eucaristía. Como no creían en Jesús, se llenaron de odio y trataron de arrancársela. Tarciso apretó sus manos contra su pecho para no permitírselo, aunque estaba recibiendo puñetazos, puntapiés y hasta pedradas. Tarciso no se protegía la cabeza ni el rostro, sino que apretaba con sus brazos la Eucaristía, y aunque eran muchachos más fuertes que él, no podían separarle los brazos.
En ese momento pasó por ahí un soldado cristiano llamado Cuadrato, que conocía a Tarciso y lo rescató aún con vida. Lo tomó entre sus fuertes brazos y lo llevó de regreso a la comunidad cristiana.
Sólo allí, ya agonizando, Tarciso abrió sus brazos dócilmente y devolvió la Eucaristía al sacerdote. Tarciso había cumplido su palabra y murió feliz, pues le había demostrado su amor a Jesús hasta la muerte.
San Tarciso fue mártir porque prefirió morir antes que permitir que profanaran las Hostias Consagradas. Es un ejemplo del amor y la veneración con que hemos de acercarnos a la Sagrada Comunión.
3) Para vivir
El Papa Benedicto bendijo una imponente estatua de cinco metros de San Tarciso, que será colocada en las catacumbas de San Calixto. Es un ejemplo y un llamado para quienes ayudan en la Misa y “para quienes desean seguir a Jesús más de cerca”, afirmó.
“Que todos puedan admirar a este niño valiente y fuerte. Así como entregó su vida por defender la Eucaristía, así aprendamos el profundo amor y la gran veneración que debemos tener hacia la Eucaristía. Es un bien precioso, un tesoro cuyo valor no se puede medir. Es el Pan de la Vida, es Jesús mismo que se hace alimento, apoyo y fuerza para nuestro camino de cada día y camino abierto hacia la vida eterna. Es el don más grande que Jesús nos ha dejado”, enfatizó el Papa.
San Tarciso nos ha demostrado que el amor puede llevar incluso hasta el don de la vida por un bien auténtico, por el Señor.
Comentó el Papa que probablemente a nosotros no se nos pide el martirio, pero el Señor nos anima a vivir la fidelidad en las pequeñas cosas, en el recogimiento interior”.
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