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Joyero, bohemio, muerto y evasor

La andanza de un ciudadano laberínticos caminos de la ley y su burocracia

GUADALAJARA, JALISCO (09/MAR/2014).- Víctor Manuel Juárez Campos padece un mal igualito que el de cientos de miles de mexicanos. Víctor Manuel Juárez Campos es un evasor de impuestos.

De eso lo acusa el folio M114004013929 de la Secretaría de Planeación, Administración y Finanzas del Gobierno de Jalisco.

Y a lo mejor la secretaría mentada está en lo cierto.

De entre todos los pendientes que tenía para noviembre de 2013, a Víctor Manuel Juárez Campos —joyero de oficio y bohemio por gusto— se le pasó declarar cuánto le pagó, en efectivo o en especie, a los trabajadores de su negocio de reparación de relojes y joyas.

Ni modo, al viejo la distracción le va a costar que fichen su cuenta estatal, la 002239201 y, con un poco de mala suerte, que exhiban por evasión su registro federal de contribuyentes. El registro es el JUCV210301EP8: para qué esperar a que lo publiquen otros.

Y le va a costar, también, una multa de “seiscientos setenta y dos pesos con noventa centavos en moneda nacional, apercibiéndole que en caso de reincidencia se le aplicará una sanción mayor, correspondiente a 100 días de salario mínimo vigente en la zona metropolitana de Guadalajara”.

Eso quiere decir para la próxima, Víctor Manuel Juárez Campos se va a amolar, porque la Secretaría de Finanzas no va a venir a cobrarle 600 pesos. No. Va a venir a cobrarle seis mil 729 (lo bueno es que el salario mínimo nunca sube).

Sobre advertencia no hay engaño, las leyes de Hacienda y de Ingresos del Estado son claras.

Lo curioso, si le ponemos calificativo, es que Víctor Manuel Juárez Campos no debe las declaraciones de lo que le pagó a sus empleados en enero ni febrero ni marzo ni abril ni mayo ni junio ni julio ni agosto ni septiembre ni octubre ni diciembre de 2013. Debe nomás noviembre.

Que se sepa, tampoco tiene deudas de otros años, desde 1996. Noviembre de 2013 y ya.

Un cochino mes lo hace un evasor y acreedor a una “multa y requerimiento por la omisión de la declaración del Impuesto Sobre Nóminas”.

Lo mismo le explicó el notificador Gerardo del Toro P. a Martha Juárez, hija de Víctor Manuel Juárez Campos. Ella es quien firmó de recibida la notificación, el 25 de febrero de 2014, a las dos de la tarde con 19 minutos.

Por esas horas el notificador Gerardo del Toro P. le hizo saber a Martha Juárez que ella o Víctor Manuel tenían 15 días para pasar a la Recaudadora 4, a pagar  los “seiscientos setenta y dos pesos con noventa centavos en moneda nacional” de la multa, más otros “cuatrocientos tres pesos con setenta y cuatro centavos, en moneda nacional” por concepto de gastos de notificación y honorarios del notificador.

A Víctor Manuel Juárez Campos, joyero y bohemio, nadie lo ha visto por la calle Colonias de la colonia Americana, donde tiene su domicilio fiscal y su vivienda. En la teoría, que se llama Ley de Hacienda del Estado, eso lo convierte en un evasor prófugo.

Pero en la práctica los expedientes de Víctor Manuel Juárez Campos no coinciden. Mientras la Secretaría de Finanzas lo acusa de evasor de impuestos, la Oficialía 8 del Registro Civil de Jalisco lo acusa de difunto.

El acta 0157, folio 13033, certificado 4822733 afirma que el hoy evasor pasó a un mundo libre impuestos desde el 26 de junio de 1996, a eso de las diez y media de la noche.

El médico Mariano Guerrero Castellanos tuvo la difícil tarea de avisarle a la familia que su progenitor murió de una encefalopatía hepática y otras complicaciones, dicho lo cual el joyero pasó a ser velado, según la tradición católica y más tarde sepultado en el panteón de Mezquitán.

Cinco años antes, todavía vivo, el joyero y bohemio se dio de baja como patrón, seguramente previendo las reformas hacendarias que ocurrirían 17 años después de su última exhalación.

Los hijos de Víctor Manuel Juárez Campos recuerdan que su padre hizo el trámite. Ninguno guardó el comprobante después de la muerte. ¿Qué podía pasar?

No pasó nada. Por más de 16 años, ya muerto y enterrado, el señor Juárez Campos declaró los salarios de sus empleados, hasta que en noviembre pasado se distrajo o se hartó. Sabrá Dios.

Mal cálculo del difunto. Su evasión ocurrió al mismo tiempo que el Congreso de la Unión aprobó que todos los mexicanos, sin excepción, pagaremos todos los impuestos para que nos vaya mejor.

Como es muy probable que Víctor Manuel Juárez Campos se negará a seguir pagando, el notificador Gerardo del Toro P. le pidió a Martha Juárez, que de favor acuda ella a la Recaudadora 4 de la Secretaría de Finanzas, con los licenciados Luis o Eufracio, a aclarar el caso de su padre, joyero y bohemio, evasor y difunto.

Martha Juárez se confiesa fastidiada e ignorante del camino que debe seguir: “Uno dice ‘cuando me muera no quiero dejar compromisos’, y ándale que los recaudadores no perdonan. Ahora con la reforma fiscal, cuando advirtieron que todo el mundo iba a pagar impuestos, dijeron la verdad”, dice entre divertida y enojada.

Tiene razón. Que los muertos sigan pagando según los artículos 1, numeral 3 inciso A y 39, 40, 41, 42 y 43 de la Ley de Hacienda del Estado y el artículo 14, primer párrafo de la Ley de Ingresos, ésa sí una verdadera reforma fiscal, no fregaderas.

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