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Jesús ama y sirve al pueblo

La Palabra del Domingo

El Evangelio nos dice hoy que los apóstoles enviados por Jesús a predicar la Buena Nueva, regresaron contentos y le contaron lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario para que descansen un poco”, y se embarcaron rumbo a un lugar apartado y seguro. La gente los vio irse, pero corrió con los habitantes de aldeas vecinas  hacia aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús vio aquella multitud que los esperaba, se compadeció de ellos porque “andaban como ovejas sin pastor” y se puso a enseñarles muchas cosas.
     Ante esa multitud doliente y ansiosa de su palabra, Jesús se conmueve profundamente porque Jesús ama al pueblo con todo su corazón. Se entrega totalmente al pueblo con esa capacidad de comprender y sufrir los problemas de los demás como si fueran propios. Y les enseña, les cura las enfermedades y sacia su hambre del cuerpo y del espíritu.
     El pueblo, en cualquier parte del mundo, es una comunidad viviente. Es generoso y está lleno de esperanza. El pueblo es capaz de hacer grandes transfiguraciones sociales, y es protagonista de cambios profundos, pero también es víctima de las mentiras y la explotación de los ambiciosos, los injustos, los violentos, los delincuentes que promueven los vicios y sangran a la población.
     Otros muchos ignoran a Cristo o lo abandonan, movidos por las bajas pasiones o incitados por los falsos líderes. Sin embargo, en lo más hondo del corazón humano brotan la gratitud y el amor al contemplar a Cristo clavado en la cruz, derramando su sangre inocente para redimirnos del pecado y elevarnos a la dignidad de los hijos de Dios.
     El amor a Cristo es fundamental. Cristo nos enseña el verdadero espíritu de la transformación social y de la fraternidad universal, cuando nos dice: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene un amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos”.
     La Iglesia, heredera de la misión salvífica de Cristo, sigue firme a pesar de sus fallos humanos y sus limitaciones, trabajando por el bien material y espiritual del pueblo, especialmente por los pobres. Las Encíclicas Sociales de la Iglesia se proponen alimentar y hacer más efectiva la conciencia de los deberes sociales. Se preocupa por la cooperación científica, técnica y económica entre todas las comunidades humanas, ante todo por las más necesitadas. En toda actividad humanitaria no se debe prescindir de Dios. En Él y con Él se hallan la iluminación y la solución para los problemas físicos, económicos y morales que están agobiando al mundo.
     Amiga, amigo: No hay que desanimarnos. La fe, la esperanza y el amor mueven montañas. Jesús Eucaristía va con nosotros y nos lleva a trabajar para que los pueblos tengan en Dios una nueva vida de progreso, de fraternidad y de paz.

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