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Entre las piernas

El recuento de los días

No falla. Cada fin de año nos ponemos reflexivos y echamos una mirada hacia atrás para analizar lo bueno y malo de lo acontecido en los días pasados… en todos ellos. Así, nos congratulamos por habernos quitado el horrible alacrán que teníamos en el cuello desde hace mucho tiempo; lamentamos la pérdida de algunos seres que antes estaban cercanos a nosotros y que por azares de destino ya no lo están; agradecemos la salud que conseguimos después de una difícil operación; nos alegramos por las amistades que hemos recolectado y simplemente damos la vuelta a la página de los minúsculos obstáculos que se nos atravesaron en el camino.

Después, hacemos las maletas y salimos de casa para dar la vuelta a la manzana varias veces, con la esperanza de que eso nos traerá muchos viajes el próximo año, y uno a uno comenzamos a enlistar los propósitos para los 365 días que están por venir.

En fin. El hecho es que ha llegado la hora de hacer el típico recuento y recordar qué es lo que sucedió este 2009 que ya está al filo del fin. Si se tratara de hablar de mi, podría contar miles de anécdotas interesantísimas, pero creo que hay cosas que valen más la pena, como aquello que sucedió “entre las piernas” de un teatro y que pudimos ver en pleno sobre el escenario.

En este caso -y en mi bonita opinión-, creo que los pasados festivales de teatro y danza contemporánea, representaron una buena opción para mirar de cerca algo de lo que se hizo en artes escénicas durante el año, e incluso un poco de lo quedó de 2008.
Debo confesar que en danza estuve un poco perdida a lo largo de este año, supe de algunos trabajos coreográficos que se estrenaron y otros montajes que tuvieron segunda y hasta tercera temporada.

Pero algo que me tiene sumamente consternada, es el saber que estos grupos y artistas independientes que se animaron a echarse largos periodos de tiempo sobre el escenario -y me refiero a al menos ocho funciones-, lo hicieron arriesgándose a perder o, en el mejor de los casos, a no ganar o recuperar lo que invirtieron en sus producciones. Como sea se lanzaron a la faena de correr con su proyecto en mano en busca de algún patrocinador e incluso poner de su bolsa para transmitir sus piensos traducidos en movimiento.

La consternación no tiene qué ver con este acto de valentía, sino con la decepción que me provoca que tengamos desde principios de 2009 una Compañía Estatal de Danza Clásica y Neoclásica, o sea ballet, con un presupuesto cercano a los 10 millones de pesos (¿o más?), cuyos bailarines reciben un sueldo mensual, que cuenta con un consejo directivo que también se forra de billetes mes a mes; que ha tenido menos de una decena de funciones en todoel año.
O sea… ¡Cómo puede suceder eso! Digo, porque hay que tomar en cuenta que la agrupación se sostiene con nuestros impuestos y ni siquiera podemos ver a los bailarines tirando belleza en el escenario. Primero dicen que la compañía tiene un nivel de excelencia, y luego, para justificar la falta de presentaciones, advierten que es porque el grupo apenas está en formación. ¿Pero que no se supone que tiene a lo mejor de lo mejor?

Bueno… pues esto habrá de seguir para 2010, pues el secretario de Cultura, Alejandro Cravioto, ya dijo que el próximo año se trabajará en el fortalecimiento de esta bonita agrupación. Yo me pregunto, con mi decepcionado corazón en la mano, si para entonces Lucy Arce y Maclovia Carrión -que parece que son las voceras oficiales de la agrupación- ya podrán decir cómo y cada cuándo se llevarán a cabo las temporadas de la compañía, que desde un principio dijeron que serían varias al año, al estilo de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), y si se animarán a mostrar a los espectadores trabajos coreográficos que no nos sepamos de memoria, como es el caso de El lago de los cisnes, que se eligió para el tan esperado estreno de la secreta compañía (lo de “secreta”, obviamente lo digo por el extraño velo que le han puesto a este polémico proyecto).

Pero ya… ya basta de dramas, y dado que ya he dicho que me perdí de la danza este año (que Dios me perdone por tal falta), tendré que referirme otra vez a la escena teatral, de la que me llené durante nueve días “seguiditos” a principios de noviembre, con el Festival de Teatro de Jalisco.

Y si bien fue interesante “chutarme” muchas obras (buenas, malas, excelentes y nefastas), me pareció muy refrescante compartir mi visión teatral con Cecilia Uribe y Sofía Salomón, quien no dejaba de aplaudir la existencia de tantos teatros en la ciudad y de espacios tan maravillosos como lo es La Casa Suspendida; así como la calidad del trabajo de algunos directores, actores, iluminadores y escenógrafos.

En este punto quiero reconocer varios trabajos que me gustaron y espero que tengan en 2010 temporada (de entrada la Dirección de Artes Escénicas de la Secretaría de Cultura ya se apuntó con las tres mejores obras del Festival: Demetrius o la felicidad a 12 meses sin intereses ¡mi canpión!, Bésame mucho y Serengueti, aunque no sé para cuándo serán):

La secreta vida amorosa de Ofelia, que me pareció un texto divino, aunque no me encantó del todo el trabajo de los actores (me pareció que les faltó un poquitín de pasión); La mueca, que no entiendo por qué la dividieron en dos actos y debo confesar que el segundo definitivamente me atrapó cuando parecía que me habían perdido para siempre en el primero; Ángel de mi guarda, obra a la que le cortaría varios minutos que me parecieron inútiles; Círculos en el jardín, que sinceramente me daba un poco de flojera y al final me dio mucho gusto haber tenido la oportunidad de verla; y Acerca de la orfandad, que tiene una iluminación huérfana (o sea, ¡que no tiene madre!).

Pienso además que quizá deba animarme a ver El matadero, que me asustó (porque no me gustó, claro) cuando vi un fragmento en una rueda de prensa, y Hamlet, príncipe de Dinamarclown -que también dieron de qué hablar este año-, aunque la verdad hay una parte dentro de mí que se niega a ver a los payasos; perdón, pero no me gustan… aunque tangan técnica… me provocan dolor de cabeza (me siento mejor ahora que lo he confesado).
¡Feliz fin y principio de año!.
 

lexeemia@gmail.com

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