Suplementos
Entre las piernas
Pintura en movimiento
Lo que me gusta de la danza contemporánea, es que la mayoría de los espectáculos de este género son como obras plásticas que permiten al espectador sacar sus propias conjeturas. O sea que son como unas pinturotas, acompañadas de música, que pueden decir al observador muchas más cosas que las que el autor pretendía originalmente.
Así me pasó el jueves pasado con a obra dancística Cubierta de flores, de Martha Hickman, a cargo del Taller Coreográfico del CUAAD (Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño) de la Universidad de Guadalajara, en el Estudio Diana.
A lo mejor fue porque me entregaron el programa antes de ingresar al foro y fue ahí -en las escaleras- donde lo leí e inmediatamente después lo guardé en mi bolsa, así que las palabras “Madre”, “Cadencia”, “Orgullo” y “Muerte”, pasaron rápidamente a la sección de olvido de mi mente y cuando empezó la obra pude verla con total libertad, así como cuando uno se topa con un cuadro y se mete en él antes de saber cómo se llama, pues al conocer el nombre, uno (entiéndase yo) a veces se clava en encontrar aquello que dice el título.
El caso es que debo decir que la obra es linda por esto, porque permite que los espectadores creen en sus mentes su propia historia. Y estoy completamente segura de que los muchachitos que estaban sentados a un lado de mí no vieron lo que yo vi y a lo mejor ni siquiera les gustó lo mismo que a mí.
En este sentido, debo decir que la primera y última parte me parecieron geniales. La “Madre” que yo vi, me pareció extremadamente oscura, aunque cubierta de sangre -por aquello del inmenso vestido rojo que la arropaba-; en su espalda tensa pude ver incluso la cara de un demonio y al personaje naciente, lo percibí como un monstruo hermoso. Sí, suena paradójico, ¿cómo un monstruo puede ser hermoso? Pero así fue.
En la segunda parte vi “Cadencia” y ya. Muy bonita, sí como no; harta fuerza en los cuerpos de las tres bailarinas, claro; y la música que me hacía pensar irremediablemente en Gerorge Harrison y cantar para mis adentros: “We were talking, about the space between us all, and the people, who hide themselves behind a wall of illusion…”, ¿quién se la sabe?
No me di cuenta de que el “Orgullo” estaba ligado a la “Cadencia”, aunque sí descubrí una parte de ésta mucho más lenta y que me decía algo distinto, pero nada que pueda recordar ahora.
La última parte, “Muerte”, lo percibí como un lamento de ira, arrepentimiento e inocencia. La verdad es que no vi muerte, solo vida. Y eso hasta me parece curioso después de haber tenido mi primer momento de oscuridad… digo, a lo mejor debí haber continuado en el mismo mood, pero no fue así. La luz que vi en este último cuadro coreográfico bañado de la oscuridad del escenario, me llevó casi al llanto.
Gracias por este trabajo Martha Hickman y ojalá en la última función, este jueves 12 de noviembre, a las 20:30 horas; vaya mucha gente para que encuentre sus propios significados a tu pintura en movimiento.
De verdad, hay que ir a ver éste y todos los espectáculos de danza en la ciudad; esta gente trabaja muchísimo por hacer llegar sus obras y no es justo que todavía no pueda haber temporadas de danza decentes en esta ciudad. Vayan, por favor, por favor.
lexeemia@gmail.com
Así me pasó el jueves pasado con a obra dancística Cubierta de flores, de Martha Hickman, a cargo del Taller Coreográfico del CUAAD (Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño) de la Universidad de Guadalajara, en el Estudio Diana.
A lo mejor fue porque me entregaron el programa antes de ingresar al foro y fue ahí -en las escaleras- donde lo leí e inmediatamente después lo guardé en mi bolsa, así que las palabras “Madre”, “Cadencia”, “Orgullo” y “Muerte”, pasaron rápidamente a la sección de olvido de mi mente y cuando empezó la obra pude verla con total libertad, así como cuando uno se topa con un cuadro y se mete en él antes de saber cómo se llama, pues al conocer el nombre, uno (entiéndase yo) a veces se clava en encontrar aquello que dice el título.
El caso es que debo decir que la obra es linda por esto, porque permite que los espectadores creen en sus mentes su propia historia. Y estoy completamente segura de que los muchachitos que estaban sentados a un lado de mí no vieron lo que yo vi y a lo mejor ni siquiera les gustó lo mismo que a mí.
En este sentido, debo decir que la primera y última parte me parecieron geniales. La “Madre” que yo vi, me pareció extremadamente oscura, aunque cubierta de sangre -por aquello del inmenso vestido rojo que la arropaba-; en su espalda tensa pude ver incluso la cara de un demonio y al personaje naciente, lo percibí como un monstruo hermoso. Sí, suena paradójico, ¿cómo un monstruo puede ser hermoso? Pero así fue.
En la segunda parte vi “Cadencia” y ya. Muy bonita, sí como no; harta fuerza en los cuerpos de las tres bailarinas, claro; y la música que me hacía pensar irremediablemente en Gerorge Harrison y cantar para mis adentros: “We were talking, about the space between us all, and the people, who hide themselves behind a wall of illusion…”, ¿quién se la sabe?
No me di cuenta de que el “Orgullo” estaba ligado a la “Cadencia”, aunque sí descubrí una parte de ésta mucho más lenta y que me decía algo distinto, pero nada que pueda recordar ahora.
La última parte, “Muerte”, lo percibí como un lamento de ira, arrepentimiento e inocencia. La verdad es que no vi muerte, solo vida. Y eso hasta me parece curioso después de haber tenido mi primer momento de oscuridad… digo, a lo mejor debí haber continuado en el mismo mood, pero no fue así. La luz que vi en este último cuadro coreográfico bañado de la oscuridad del escenario, me llevó casi al llanto.
Gracias por este trabajo Martha Hickman y ojalá en la última función, este jueves 12 de noviembre, a las 20:30 horas; vaya mucha gente para que encuentre sus propios significados a tu pintura en movimiento.
De verdad, hay que ir a ver éste y todos los espectáculos de danza en la ciudad; esta gente trabaja muchísimo por hacer llegar sus obras y no es justo que todavía no pueda haber temporadas de danza decentes en esta ciudad. Vayan, por favor, por favor.
lexeemia@gmail.com