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El oasis de un corazón apasionado

La serenidad del taller de Carmen Alarcón contrasta con la desbordante energía de la artista

GUADALAJARA, JALISCO (31/AGO/2014).- La alarma de un auto suena en toda la cuadra y nadie alrededor presta atención; los ruidos son normales para quienes habitan Santa Tere. También el calor, sobre todo si es una tarde de agosto y el cielo azul luce desnudo de nubes que puedan ocultar los rayos del Sol.

Lo que casi nadie sabe, es que en medio del ajetreo natural de la zona existe un oasis de tranquilidad. Ahí se oye el trinar de los pájaros en vez de los claxons de los carros. O el sonido del agua caer por las fuentes en vez del bullicio de las personas. En ese lugar, Carmen Alarcón Collignon encuentra la serenidad para desarrollar todas sus aptitudes artísticas. Es su taller, su hogar.

La cita para conocer a la artista visual y su espacio es a las cinco de la tarde, justo cuando termina su hora de ver la televisión, aunque eso lo dirá casi al finalizar la entrevista. Primero abrirá la puerta en el tiempo pactado y nos conducirá por el umbral que desconecta del mundo exterior hasta llegar a un patio central.

Lola y Mica estallarán en ladridos. Entonces Carmen señalará —entre risas— que Mica aúlla pero Lola muerde. Mostrará sus fuentes y las jaulas de los pájaros. Los árboles que reciben el sereno de cada tarde, o la lluvia.

Y el piso ecológico que ayuda a que el clima sea más fresco. Después, de entre los tres cuartos que rodean lo que antes era un huerto, la mujer nos llevará al primero de la derecha. Es el principal.
Entre computadoras, plotters e impresoras habrá dos sillas preparadas para la plática. Carmen se sentará en una. Mica y Lola en sus camas. En el corazón de su casa y de la cuadra, la artista estará lista para mostrarnos el suyo.

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Carmen Alarcón Collignon se describe a sí misma como una persona muy inquieta. La pasión se le nota en los ojos, en su tono de voz. Cuenta que no sólo pinta, sino que es una artista visual, grabadora, investigadora de la gráfica y de la animación. Que le encantan las redes sociales, el internet, y crear páginas. Y todo lo hace en un mismo espacio.

Señala que antes vivía en Chapultepec y Guadalupe Zuno, en la privada del arquitecto Pedro Castellanos. Una de las casas servía como hogar y la otra de estudio, que compartía con otros colegas. Pero se las pidieron y tuvo que mudarse.

“Ni me vas a creer, encontré esta casa por internet”, subraya sorprendida. Carmen habló con la dueña y rentó el lugar cuando era una huerta. Dice que edificó el estudio, el taller y una habitación en la planta alta. Al centro creó un lugar totalmente aislado del ruido, con un clima mejor que el de afuera: “Gracias al piso de barro es que siempre está fresco. Por la sombra que dan los árboles, las fuentes, es todo un ambiente que me envuelve”.

Vivir en el espacio en el que trabaja no es una desventaja para ella. Relata que —por ejemplo— cuando se va a dormir y en medio del sueño le viene una idea a la mente, puede levantarse, acudir al estudio donde tiene el caballete y plasmarla en ese instante.

“Es muy armónico y me permite tener todo a la mano, ya no tengo el estudio separado  del lugar donde vivo. Igual si quiero estar trabajando a las cuatro de la mañana pues lo hago. No tengo que quedarme a dormir en un taller o salir, ni secar ni cerrar, aquí tengo todo”, expresa con una firme sonrisa.

Carmen tiene una hija soltera que está terminando la universidad, pero ella casi no está en casa. Y si recibe visitas en hora de trabajo les explica que en ese momento no puede atenderlas. “Hace muchos años que aprendí a decir que no, decir ‘estoy ocupada trabajando’”.

Incluso, confiesa que puede pasar mucho tiempo en su hogar, sin necesidad de salir. Recuerda riendo que uno de sus amigos le dijo: “Ay, Carmen, cuando te vi que estabas construyendo esto me di cuenta que no ibas a volver a salir de tu casa”.

“Y sí —dice la artista—, hay semanas en que sólo el domingo voy a ir a ver a mi mamá a su casa. Ni exposiciones ni nada, casi te puedo decir que si no es porque tengo la cocina junto al estudio, a veces se me olvidaría hasta comer”.

En un futuro pretende que toda la parte de abajo sea un taller para dar clases o incluso que sirva para una galería o casa de arte. “Va poco a poco el proyecto, es un espacio en el que tú estás en el mero corazón de Santa Tere y sin embargo es como si estuvieras completamente fuera de la ciudad”.

El día a día de Carmen Alarcón


Se levanta a las seis de la mañana y comienza a dibujar. A las siete pone los buenos días en el Facebook, porque para ella es muy importante decirle a sus amigos que sigue ahí, un día más.
“Soy media rollera, porque reflexiono sobre lo que me aconteció. Los invito a tomar café , me asumo cafeinómana por naturaleza, mis neuronas me exigen el café. Lo amo y lo disfruto, no hay más placer y podrás ver que tengo colección de tazas, todos los pinceles están con las tazas”.

Lo que sigue es checar sus correos, alimentar sus dos fan pages y subir investigaciones de la gráfica a un blog, para eso se da otra hora. A las ocho de la mañana se baña y media hora después desayuna. “No me complico la existencia, un pedazo de queso y una cajita de fresas congeladas. Tengo un año desayunando lo mismo y no se me antoja nada más”.

A las 10 llegan dos jóvenes becarios que trabajan en su taller. Ambos aprenden el oficio de la impresión y el grabado. Uno es estudiante de arte y el otro de idiomas.

“El día de mañana la única obligación que tienen es enseñarle a alguien lo que yo les enseñé. Ellos trabajan allá en las prensas (dice señalando el cuarto que está enfrente cruzando el patio) y aquí es es el lugar sagrado de Lola, Mica y mío”.

Si tiene que pintar se va al taller donde tiene el caballete y si los chicos tienen dudas o tareas lo resuelven. A las tres de la tarde paran y los muchachos se van a sus casas. A esa hora come y de cuatro a cinco ve un rato televisión, aunque subraya que realmente lo que hace es pestañear.

Después de las cinco continúa su trabajo, hasta las 11 de la noche que se va a cenar. Este martes de entrevista no empezará a esa hora, sino más tarde de lo usual.

“Siempre he dicho que hay tres tipos de personas: las que hacen lo que pueden, las que hacen lo que quieren y las que quieren lo que hacen, y la última soy yo. Amo lo que hago, es mi vida, no puedo decirte que no y la última soy yo. Es mi vida no puedo decirte como dividirla”.

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