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El mejor negocio del mundo
Dicen los especialistas que la mayoría de los negocios, en realidad no son negocio. Que en muchos de los casos se trata de intentos frustrados por hacer dinero
Dicen los especialistas que la mayoría de los negocios, en realidad no son negocio. Que en muchos de los casos se trata de intentos frustrados por hacer dinero, los cuales al paso del tiempo acaban en el cierre del negocio; es decir que no se pudo recuperar la inversión, y mucho menos se pudo obtener una buena ganancia. Por lo tanto, un buen negocio no es solo aquel que permite recuperar lo invertido, sino que además provee una fuente estable y permanente de ganancia.
Jesucristo comparó el reino de los cielos con un tesoro escondido en el campo, que fue encontrado por un hombre, que lo volvió a esconder y, lleno de alegría, fue a vender todo lo que tenía para comprar el campo. De acuerdo con esta historia, este afortunado hombre encontró un tesoro que lo motivó a vender todo lo que tenía para poder comprar un campo, de manera que fue y vendió todo, absolutamente todo, para poder comprarlo.
Podemos entonces concluir que todas las posesiones que este hombre tenía, apenas eran suficientes para poder comprar un terreno; sin embargo, este hombre sabía que, por el precio de un terreno, se estaba llevando no solo la propiedad, sino el tesoro que se encontraba escondido en su interior. Al final este hombre no sólo obtuvo una propiedad equivalente a todas sus posesiones anteriores, sino que pudo desenterrar un tesoro que lo hizo inmensamente rico. Este sí fue un negocio redondo.
¿Por qué Jesucristo comparó el reino de los cielos con esta historia? Por varias razones. En primer lugar, porque para entrar en el reino de los cielos es necesario perder todo apego a lo que podemos considerar nuestros derechos y posesiones en esta tierra --es decir, todo aquello que representa nuestra seguridad, valor, confianza y satisfacción--, a cambio de adquirir un nuevo sistema de valores y prioridades. En cierto sentido esto significa “perderlo todo”.
Podemos ver en la vida de los seguidores de Cristo, que ellos estuvieron dispuestos a “perderlo todo” con tal de vivir en el reino de Dios. Por ejemplo, Pedro y Andrés dejaron sus redes para seguir a Jesús, Pablo dejó su sistema de valores del judaísmo y su fama como fariseo para abrazar la fe cristiana, y muchos creyentes de la iglesia primitiva perdieron gustosamente sus posesiones en medio de la persecución, con tal de padecer como verdaderos discípulos de Cristo. ¿Significa esto que para seguir a Cristo hay que regalar nuestro patrimonio? No, significa que no podemos amar cosa alguna, incluyendo nuestro patrimonio, por encima del amor y la obediencia que debemos dar a Cristo.
En segundo lugar, de la misma manera que el terreno le costó todo al hombre, pero la recompensa fue un tesoro mayor, cuando alguien decide “perderlo todo” por causa del reino de los cielos, pronto se dará cuenta de que ha encontrado un tesoro que jamás habría podido comprar. Por ejemplo, disfrutará de paz que ningún tranquilizante puede producir; sentirá una seguridad que ningún sistema de alarma puede darle; tendrá a su alcance una sabiduría que ningún grupo de asesores expertos podría ofrecerle, y encontrará un propósito para su vida que la fama, el dinero o el éxito no podrían darle jamás.
Entonces, el reino de los cielos consiste en encontrar algo tan deseable como es la amistad íntima con Dios, que estemos dispuestos a cualquier tipo de autonegación para poder disfrutar de Él, y a través de ésta relación personal, cosecharemos gran cantidad de satisfacciones diarias. Negocio redondo.
Angel Flores Rivero
"mailto:iglefamiliar@hotmail.com"
Jesucristo comparó el reino de los cielos con un tesoro escondido en el campo, que fue encontrado por un hombre, que lo volvió a esconder y, lleno de alegría, fue a vender todo lo que tenía para comprar el campo. De acuerdo con esta historia, este afortunado hombre encontró un tesoro que lo motivó a vender todo lo que tenía para poder comprar un campo, de manera que fue y vendió todo, absolutamente todo, para poder comprarlo.
Podemos entonces concluir que todas las posesiones que este hombre tenía, apenas eran suficientes para poder comprar un terreno; sin embargo, este hombre sabía que, por el precio de un terreno, se estaba llevando no solo la propiedad, sino el tesoro que se encontraba escondido en su interior. Al final este hombre no sólo obtuvo una propiedad equivalente a todas sus posesiones anteriores, sino que pudo desenterrar un tesoro que lo hizo inmensamente rico. Este sí fue un negocio redondo.
¿Por qué Jesucristo comparó el reino de los cielos con esta historia? Por varias razones. En primer lugar, porque para entrar en el reino de los cielos es necesario perder todo apego a lo que podemos considerar nuestros derechos y posesiones en esta tierra --es decir, todo aquello que representa nuestra seguridad, valor, confianza y satisfacción--, a cambio de adquirir un nuevo sistema de valores y prioridades. En cierto sentido esto significa “perderlo todo”.
Podemos ver en la vida de los seguidores de Cristo, que ellos estuvieron dispuestos a “perderlo todo” con tal de vivir en el reino de Dios. Por ejemplo, Pedro y Andrés dejaron sus redes para seguir a Jesús, Pablo dejó su sistema de valores del judaísmo y su fama como fariseo para abrazar la fe cristiana, y muchos creyentes de la iglesia primitiva perdieron gustosamente sus posesiones en medio de la persecución, con tal de padecer como verdaderos discípulos de Cristo. ¿Significa esto que para seguir a Cristo hay que regalar nuestro patrimonio? No, significa que no podemos amar cosa alguna, incluyendo nuestro patrimonio, por encima del amor y la obediencia que debemos dar a Cristo.
En segundo lugar, de la misma manera que el terreno le costó todo al hombre, pero la recompensa fue un tesoro mayor, cuando alguien decide “perderlo todo” por causa del reino de los cielos, pronto se dará cuenta de que ha encontrado un tesoro que jamás habría podido comprar. Por ejemplo, disfrutará de paz que ningún tranquilizante puede producir; sentirá una seguridad que ningún sistema de alarma puede darle; tendrá a su alcance una sabiduría que ningún grupo de asesores expertos podría ofrecerle, y encontrará un propósito para su vida que la fama, el dinero o el éxito no podrían darle jamás.
Entonces, el reino de los cielos consiste en encontrar algo tan deseable como es la amistad íntima con Dios, que estemos dispuestos a cualquier tipo de autonegación para poder disfrutar de Él, y a través de ésta relación personal, cosecharemos gran cantidad de satisfacciones diarias. Negocio redondo.
Angel Flores Rivero
"mailto:iglefamiliar@hotmail.com"