Suplementos

El lado oscuro del biberón

El bisfenol A es considerado un interrruptor endocrino, es un componente elaborado con productos químicos que interfieren con la función producción de hormonas, que tiene efectos negativos en la salud

A raíz de la Segunda Guerra Mundial se presentó en Estados Unidos la imperante necesidad de ofrecer mejores opciones de alimentos no perecederos para los combatientes, así como solucionar la forma en que las madres urgidas a sumarse a la fuerza laboral pudieran alimentar a sus bebés. Los inventores se pusieron manos a la obra.

La industria de plásticos vivía un crecimiento impresionante y los primeros productos disponibles, como llantas y joyería de fantasía, habían tenido un éxito fulminante. El plástico era camaleónico, podía tomar la forma, densidad y flexibilidad deseada, pero había algo que no lograba: ser sustituto fiel del vidrio, porque si bien resistía al calor, no podía ser transparente y sólido a la vez. Aquí reside el elemento crucial de esta historia. Cualquier madre debe saber qué le da de comer a su bebé, monitorear el color exacto de la bebida que le ofrece.
En 1948 salió a la venta el primer biberón de plástico, el cual consistía de un molde al que se le insertaban bolsitas desechables plásticas. Las consecuencias de acumulación de basura no es el punto al que llegar, pero ciertamente, si consideramos que este tipo de biberón continúa siendo utilizado alrededor del mundo, ¿cuántas bolsitas perduran esparcidas, esperando el centenar de años que requieren para desintegrarse?
En 1891 se había descubierto un químico inhibidor de estrógenos, utilizado como una hormona farmacéutica, conocido como BPA por sus siglas en inglés (Bisfenol-A). Unas décadas más tarde, en 1938, una publicación señalaba evidencias de toxicidad por su uso. Mientras tanto, el mercado respondía a la demanda por encontrar una réplica exacta al biberón de vidrio, pero que eliminara el factor de peligro por sus altas probabilidades de romperse. Fue así como en 1953 Alemania y Estados Unidos encontraron una misma solución; tuvo diferentes nombres, pero eran lo mismo, plástico policarbonato. En la mezcla química se utilizaba el BPA como elemento clave para ofrecer la tan buscada constitución: solidez, transparencia y resistencia al calor.

El invento hoy se le aplaude a Daniel W. Fox, bajo encargo de General Electric. Me gustaría pensar que creían que su descubrimiento sería invencible; mas no lo fue. Al desgastarse por su uso normal, y al estar expuesto constantemente al calor, el policarbonato “suda” BPA.
Recientemente se hicieron pruebas en Estados Unidos y el 93% de las personas mostraron rastros de BPA en la sangre. Como adultos, me imagino, tendremos una capacidad mayor de sintetizar este químico sin que nos afecte; se predice que conlleva a diabetes, disrupciones en el sistema endocrino, así como a padecimientos de comportamiento y del corazón. Lo que no concibo es cómo se pudo producir un biberón bajo la promesa de ser más seguro que el de vidrio, conociendo de antemano las características de su componente clave.

Canadá ya prohibió la venta de estos biberones, y en Estados Unidos los anaqueles están llenos de opciones que prometen ser libres de BPA, a pesar de que el gobierno decidió no vetarlos luego de refutar 258 publicaciones en contra de estos productos, escudándose en dos artículos sometidos por el Consejo Americano de Química, los cuales negaban que la presencia de BPA en nuestra sangre pueda tener concentraciones suficientes para causarnos daño. Pero la verdad es simple, el Consejo no es otra cosa que una agrupación de las principales empresas productoras de plástico.

En México no hay distinción, en las tiendas se venden biberones que sólo podemos asumir contienen BPA. Me parece crucial que los padres de familia levanten la voz, investiguen, hablen con su centro de salud y exijan biberones que además de no romperse, sean 100 por ciento seguros.

Temas

Sigue navegando