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El haragán culturoso

Función de estreno

2010 nuevecito y ya lleno de regalos. Un aumento centavero y obsceno en el salario mínimo; una merma bastante generosa del poder adquisitivo; sepa el cielo qué cuenta de muertos con el dichoso narco; un nuevo y adorable paquete fiscal y un prometido aumento al precio del transporte colectivo.

Eso es la maravilla y el regalo del año que estrenamos porque, damas y caballeros, señoras y señores, en esta primera década del siglo que vendrá, hemos estrenado el mejor transporte público del mundo.

Sí, después de una vida de mentiras en un círculo vicioso en el que los transporteros de personas garantizaban que, al subir el precio del pasaje, tendrían dinero para mejorar el servicio y después incumplieran groseramente para repetir plato al cierto tiempo. Ahora, indudablemente, han mejorado su servicio y merecen una remuneración adecuada.

Piense, ¿dónde puede tomar un baño de vapor por seis pesos?, ¿dónde, dígame, dígame, puede usted recibir un masaje de cuerpo completo con empujones y repegones de sendos masajistas expertos y cachondos por sólo seis pesos?.

¿En qué lugar se ofrecen tantas axilas en un dulce servicio de aromaterapia por tan magro precio?

Los amables midibucerdos por un pequeño aumento le ofrecen, no sólo el servicio de transporte de alta velocidad y peligroso rendimiento, sino que han agregado una serie de maravillas o, dígame, ¿en dónde puede alguien encontrar un masaje de órganos internos sólo asequible mediante el patentado y complejo sistema de frenón, acelerón, giro, curva y vibración que los camioneros ofrecen?

Verdaderamente, como dice el doliente, herido y malentendido gobierno panista, la gente simplemente se opone a todo sin conocer los dictámenes al vapor y las razones de fondo que llevan a estas decisiones que sólo sirven al pueblo que tan mal las juzga.

En estas fechas, seguramente, usted estará un poco mal logrado resultado de las fiestas y posadas y un poco desfalcado por mismas y similares razones. Olvide el stress y por sólo seis pesos suba a su midibus más cercano y disfrute de los cálidos vapores, los fétidos humores y las cómodas vibraciones que le ofrece en medio de una agradable ruta panorámica por las más transitadas avenidas.

El conductor, servidor suyo, se encargará, mediante sus acelerones suicidas, de estimular la generación de endorfinas y adrenalina. Su cruda se evaporará a menos de seis cuadras. Nada mal para un transporte colectivo del tercer mundo que no va a ninguna parte.

Personaje33@hotmail.com

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