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El espíritu de Ciudad Universitaria

Además de su enorme acervo, La Biblioteca Central es uno de los símbolos de la pujanza arquitectónica de la capital del país

GUADALAJARA, JALISCO (21/AGO/2016).- La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no tiene espacio para el silencio. Antes de que el Sol salga, la actividad ya se hace presente en todo el campus de la máxima casa de estudios de nuestro país. Alumnos, académicos, personal de servicio y curiosos caminan por los pasillos en un intenso ir y venir que se prolonga durante horas. Por encima de todo esto, silencioso pero a la vez omnipresente, se encuentra la Biblioteca Central, emblema de la arquitectura mexicana y uno de los máximos ejemplos del siempre colorido talento mexicano.

Al enorme valor académico y social con el que cuenta la Ciudad Universitaria de la UNAM también se suman los tesoros arquitectónicos que alberga. Edificaciones construidas que siguen las directrices de la arquitectura moderna y presumen de paso la herencia mexicana de quienes se encargaron de levantarlas. Uno de los mejores ejemplos está en la Biblioteca, abierta en 1956.

La Biblioteca Central es obra de una de las generaciones más brillantes de arquitectos y muralistas con los que ha contado México. El proyecto en primera instancia fue asignado a los arquitectos Juan O’Gorman, Gustavo Saavedra y Juan Martínez de Velasco. Posteriormente se incorporaron a Juan Íñiguez, Rafael Carrasco Puente y José María Luján como asesores del proyecto. Una vez terminado el edificio de la Biblioteca había que decorar su exterior, y es aquí cuando surge el genio incombustible de O’Gorman.

Al principio se pensó hacer un mural, pero dadas las dimensiones era casi imposible, incosteable e impensable terminarlo. Pero Juan  O’Gorman (1905-1982) no se rindió. Descubrió que las propiedades de la piedra volcánica eran perfectas para el proyecto, pues tenía facilidad para ser pintada y resistencia a los elementos. Armado con una paciencia casi divina, el muralista y pintor comenzó a montar la piedra volcánica en el edificio, y el resultado lo vemos hoy.

El propio O’Gorman explicó en su día que lo que significaba el mural y de paso reconocía que no quedó del todo como había pensado: “el tema general del mural se relaciona con la evolución de la cultura. En la parte alta representé los símbolos cosmológicos; en el muro Norte, figuras alusivas a la cultura prehispánica; en el muro Sur, desarrollé el argumento sobre la cultura colonial; en los laterales, hice referencia a la época moderna, y en el lado oriente, representé el átomo como símbolo cosmológico de nuestro siglo. En el lado poniente originalmente había proyectado el concepto Newtoniano sobre la atracción universal, pero tuve que variarlo al tener que representar allí el escudo universitario con el lema correspondiente, mismo que, según mi opinión, debió de ir en el edificio de la rectoría”.

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EL INFORMADOR/ FRANCISCO GONZÁLEZ

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