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El cine según Carlos Reygadas

Fue abucheado, aplaudido y galardonado con uno de los premios más importantes en el Festival Internacional de Cine de Cannes por su más reciente película Post Tenebras Lux. El cineasta encontró luz después de las tinieblas

GUADALAJARA, JALISCO (03/JUN/2012).- El director, guionista y productor mexicano, Carlos Reygadas, es considerado por muchos como uno de los directores más originales de su generación. A sus 40 años de edad, la genialidad y arrojo directivo de este mexicano ha captado la atención de los más exigentes críticos alrededor del mundo. Los ritmos pausados, la complejidad estética de su obra, el uso de actores no profesionales y la ausencia total de complacencias son tan sólo algunos de los elementos que hacen a este cineasta tan intrigante como polémico. Sus producciones son casi artesanales y distan significativamente de los convencionalismos establecidos por Hollywood.

“La tradición de Cannes es presentar obras que generan debate, de lo contrario no valdría la pena. Sabíamos que el filme de Reygadas crearía polémica, pensábamos que sería peor”, dijo el director del festival, Thierry Fremaux, luego de que el director mexicano se alzara entre abucheos y sorpresas con uno de los premios más importantes.

Carlos Reygadas nació en 1971 en la Ciudad de México. Confiesa que fue a los 16 años cuando descubrió por casualidad el trabajo cinematográfico del director ruso Andrei Tarkovsky y quedó impactado con el universo que se puede transmitir con el uso de una cámara lenta y piezas de música bien seleccionadas. Desde entonces Reygadas comprendió el cine desde una perspectiva diferente, pues más que un medio narrativo, éste representa una herramienta para documentar, protestar, crear y transmitir ideas y sensaciones.

Desde pequeño, Carlos quería estudiar en un campo que le permitiera escribir y pensar de otra manera. Por ello, entró a la escuela de derecho de la Universidad de México, donde se especializó en derecho internacional.

A los 23 años se mudó a Londres, Inglaterra, para cursar una maestría en Conflictos Armados. Posteriormente, se estableció en Nueva York, Estados Unidos, donde comenzó a trabajar para el Servicio Exterior Mexicano en la sede de las Naciones Unidas y trabajó directamente con la Corte Penal Internacional. Sin embargo, como buen cineasta en potencia, Carlos tenía la necesidad de sentir adrenalina, hacer algo más intenso y emprender nuevas aventuras. Fue así como en octubre de 1997 renunció a su trabajo en la Gran Manzana para inaugurar un nuevo y emocionante episodio de su vida.

Graduado con honores, sin cursar

Aterrizó en Bruselas, Bélgica, en enero de 1998 sin tener un sentido claro de qué sucedería a continuación. En la capital belga entró en contacto con un grupo de estudiantes del INSAS (Institut National Supérieur des Arts du Spectacle el Techniques de Diffusion). El cine era una pasión latente dentro de sí, por lo que decidió presentar los exámenes de admisión de dicha escuela. Sus compañeros le sugirieron presentar un cortometraje junto con su solicitud de ingreso para elevar las posibilidades de ser aceptado.

Junto con Diego Martínez Vignatti, un gran amigo desde entonces y que posteriormente participó como director de fotografía en su primer largometraje, grabó la producción. Contario a lo esperado, Carlos fue rechazado por el instituto al considerarlo éste como un cineasta innato, por lo que su lugar se cedería a otro estudiante que efectivamente pudiera recibir esta formación.

Reygadas comenzó a realizar producciones independientes y en 1999 dirigió y produjo tres cortometrajes para desarrollar su técnica, mientras esperaba la llegada de un proyecto ambicioso que saciara su sed cinematográfica. Meses después, escribió en guión de Japón, su primera producción formal, que cuenta la historia de un personaje suicida.

La película fue exhibida en el Festival de Cine de Rotterdam, Holanda, en donde el productor francés, Philippe Bober, la vio por primera vez. El cineasta galo quedó fascinado con la auténtica producción, y en 2002 la llevó al Festival Internacional de Cine de Cannes para su estreno mundial. El talento de Reygadas se hizo evidente. Por Japón recibió una mención especial por la Camera d’Or (Cámara de Oro) en el festival galo, así como otros reconocimientos entre los cuales destacan el Coral a la mejor opera prima en La Habana y varios Premios Ariel. A partir de entonces, el mexicano ha mantenido una constante y sobresaliente presencia en festivales de cine alrededor del mundo. Para sus detractores, Reygadas es un “director de festivales”, pues las taquillas parecen no favorecerle.

En noviembre de 2004, con un presupuesto menor a 60 mil dólares, el brillante cineasta filmó su película Sangre en conjunto con el director Amat Escalante. Al igual que Japón, la nueva producción dio la vuelta al mundo evocando fuertes reacciones con resultados favorables en los festivales. Prolífico en su producción, Reygadas regresó a las pantallas en 2005 con Batallas en el cielo, filme con el cual contendió por la Palma de Oro en Cannes, pero a final de cuentas se fue con las manos vacías.  

La luz de Reygadas

En 2006, fue beneficiado por el World Cinema Fund (WCF), una fundación de apoyo constituido por la Fundación Federal de Cultura de Alemania, el Festival Internacional de Cine de Berlín y el Instituto Goehte, para impulsar la carrera de cineastas destacados. Con parte de ese recurso, Reygadas logró financiar Stellet Licht (Luz Silenciosa), que relata una historia de amor en el seno de una comunidad menonita en el Norte de México y en 2007 ganó el Premio del Jurado en el emblemático Festival de Cannes.  

Cinco años después, Carlos Reygadas regresó al corazón de la Costa Azul para robar los reflectores en el glamuroso festival de Cannes. Su último largometraje, Post Tenebras Lux, coronó la carrera del cineasta al concederle el premio a la Mejor Dirección en la 65ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. Contra las expectativas de la prensa y el abucheo que recibió en el estreno ante la crítica internacional, Reygadas destacó como una figura filmográfica de gran categoría. Nanni Moretti, presidente del Jurado, reconoció que la complejidad de Reygadas polarizó la opinión de los jueces, quienes mantuvieron discusión hasta el último momento.

El título de la película está escrito en latín y hace referencia a un versículo bíblico del libro de Job: “Después de las tinieblas, espero la luz.” Reygadas señala que el largometraje no obedece al posmodernismo ni al relativismo, por el contrario, todo tiene una explicación.

En congruencia con el estilo original que lo caracteriza, la producción es compleja y utiliza un lenguaje cinematográfico fuerte y desconcertante respecto a otros directores. Con una exposición sincera, el largometraje habla de la pareja, la vida, el amor, el sexo, la incapacidad de comunicación y la crueldad. Demuestra lo frágil y vulnerable de la vida humana, desnuda los conflictos interiores de los personajes que dan vida a la historia y provoca al público constantemente.

Sin un sentido cronológico, Post Tenebras Lux narra la historia de un hombre joven llamado Juan y su familia, quienes migran del contexto urbano para asentarse en el campo de México. Los personajes son interpretados por Adolfo Jiménez Castro, Natalia Acevedo y los dos hijos de Reygadas, Rut y Eleazar. Éstos disfrutan y sufren a la vez un mundo que concibe la vida desde un ángulo distinto y se preguntan si ambos universos se complementan o si luchan por eliminarse mutuamente.

Filmada en los bosques del Estado de Morelos, la Naturaleza se convierte en una actriz surrealista que enmarca el poco convencional argumento. Los críticos consideran que la primera escena de la película es probablemente la más impactante. Ésta muestra a una niña pequeña, en realidad hija de Reygadas, que juega entre vacas y perros. Intempestivamente aparece la animación de un macho cabrío rojo que carga una caja de herramientas y penetra a la casa del protagonista. El director mexicano explica que este elemento simboliza la maldad que rompe con una escena cotidiana, aparentemente armónica.

La producción, teñida de rojo, proyecta la violencia, el terror y la crueldad propia de la naturaleza humana. Cuando Juan es asesinado por uno de sus empleados, el homicida se arranca la cabeza a sí mismo. Reygadas señala que la película bien hubiera podido tomar el nombre de “Mi tierra sangra” o “Sangra México”, por la crueldad que se ha arraigado casi como tradición en el país. Convencido de que el público ha madurado, el cineasta destaca que a través de imágenes fuertes se pueden despertar conciencias.

La intención de Reygadas era plantear una obra esencialmente intuitiva a través de sueños, visiones o viajes hipnóticos en la que el sentido surge de la asociación de ideas o sensaciones.

Reygadas es tan polémico como genuino. Su estilo realista se fusiona con los sueños y los fantasmas que acompañan a los personajes, mientras que lo documental y lo ficticio se funden en una amalgama perfecta. El cine de Reygadas  se construye a partir de emociones fuertes que desconciertan al espectador. Incita, indigna, cuestiona, confronta y provoca al público buscando reacciones enérgicas. Carlos Reygadas no sólo recibió uno de los galardones más importantes en el Festival de Cannes, sino también la satisfacción silenciosa de levantar polémica y sacudir la opinión de cineastas, cinéfilos y críticos. “Me preguntaron si estaba triste porque mucha gente no amaba mi película, con el argumento de que el objetivo de un cineasta es ser querido por la mayor cantidad de gente. No lo entiendo. Mi finalidad es expresarme con libertad absoluta y dejar algo a alguien, a quizás dos o tres personas, que ven el filme”.

ABUCHEOS


Triunfo sobre las críticas

“Me halaga que a mucha parte de la prensa no le guste. No es mi objetivo gustarle al mayor número de gente posible”, fue reacción el director de Japón ante las críticas de los periodistas especializados en cine. Respecto de si el premio –el segundo que recibe un cineasta mexicano a Mejor dirección en Cannes, Alejandro González Iñárritu lo obtuvo en 2006 por Babel– impulsará su carrera dijo: “Honestamente los premios no impulsan a ningún lado, ni atrás ni adelante. Es un reconocimiento. Eso es todo”.

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