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El amor al prójimo ha de ser comprometido y respetuoso

“Yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”

Llenos de amor y alegría, así partieron los apóstoles, porque “la alegría es el primer efecto del amor, y por lo tanto de la entrega”, dice Santo ´Tomás de Aquino.

Con gozo sereno, con corazón abierto, salieron y se dispersaron los doce y el fruto es conocido. En poco tiempo el mundo de entonces conoció a Jesús, el Hijo de Dios resucitado, por boca de testigos tan eficaces como fueron esos hombres, llenos de amor a su Maestro y de un incontenible deseo de darlo a conocer a todos en todo el mundo; así se propagó el cristianismo, con el dinamismo de amar.

Y en los siglos II, III y hasta el actual, con la fuerza del amor va la nnoticia siempre grata, siempre alegre, de que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana, padeció, murió, resucitó y vive para la salvación de los humanos.

Una santa del siglo XVI, Santa Teresa de Ávila, escribió: “Tanta fuerza tiene el amor, cuando es perfecto, que olvidamos nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así, que aunque sean grandísimos los trabajos, entendiendo que si contentamos a Dios se nos hacen dulces” (Fundaciones 5.l0).

Además la santa, porque amaba, tenía sentido del amor, y dicen que también escribió esto: “Menos mal que el Señor hizo los caminos para que descansáramos en las posadas”. Ello porque cuando para la fundación de sus conventos, en una mala carreta recorría los polvorientos caminos de la Península Ibérica.

Y uno de los primeros escritores del cristianismo redactó: “Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios” (El pastor de Hermos).

Se oponen al verdadero amor

...las pasiones capitales, la ira, la envidia, el consumismo desaforado, el frenesí neurótico del alcohol y las drogas, la locura del nihilismo filosófico, el sexo obsesivo, la evasión religiosa, el hedonismo multiforme y además la pereza de pensar que ha dejado a la publicidad y a los medios masivos de comunicación, ese oficio despersonalizador y globalizante.

Quienes se dejan llevar por esas aguas turbias, no han encontrado el amor en esa vertiginosa fuga, en una vida de prisas, de ruidos y de siquiera breves ocios, para encontrarse a sí mismos y tomar una dirección en el continuo fluir del tiempo.

“Como yo los he amado”

Lo más certero para llegar a la esencia de Diios es el amor. Todas las obras  de Dios llevan el sello del amor: la creación, la vida eterna, la presencia de Cristo enmedio de los suyos; su misericordia, su perdón, la abundancia de gracias y la Eucaristía, Pan de Vida.

El evangelista San Juan ofrece como tema central el amor en todas sus manifestaciones, y en maravillosa síntesis lo dice en tres verbos: Jesucristo amó, se anonadó --o sea, se redujo a una nada--, se entregó. Y la máxima prueba de ese amor es ofecerse en sacrificio.

Vivir un amor de esa calidad, a Cristo, a los hermanos, a los prójimos, es la cumbre de la santidad. Esa es la dinámica del amor que busca hacer el bien siempre, en todas las circunstancias y sin acepción de personas. Es amar como enseñó Cristo. Así como el Padre envía la lluvia y hace salir el sol para justos y pecadores.

Amor debe ser la vida

      Hoy, sexto domingo de Pascua, es el evangelista San Juan quien abre la puerta de esa “sala amlia y bien arreglada” donde el Señor Jesús, con una cena íntima --Él y sus discípulos--, ha querido dejarles sus últimas enseñanzas y su inevitable despedida, porque esa misma noche va a ser arrebatado de sus amigos para que se cumpla en Él --el Mesías-- cuanto habían escrito los profetas.
     El texto, capítulo 15, es el segundo discurso de Jesús después de la cena, e insiste, una y otra vez, en lo que ha de ser característica en el Reino, entre Él y ellos: la perfecta armonía que nace del amor.
     El amor aparece unido a la obediencia, el cumplimiento fiel, como criterio de autenticidad, y Jesús se ha manifestado como ejemplo:

“Yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”

El verdadero, el auténtico amor, se ha de manifestar en la fidelidad, y ésta en el cumplimiento.

El amor verdadero es tener una inalterable disposición en el cumplimiento, tanto en los deberes fáciles como en los duros, los que exigen sacrificio y hasta heroísmo. Es la fidelidad amor delicado aun en los pequeños detalles de la vida cotidiana.

La historia de veinte siglos de cristianismo nos ha dejado incontables ejemplos de hombres, mujeres, niños y ancianos, inspirados y sostenidos por el amor a Cristo y a sus semejantes, en una entrega sin tregua, sin regateos.

El santoral, el martirologio, muestra esa varia riqueza de modelos, todos en algún aspecto imitadores de Él en su tiempo y en sus circunstancias, y con el tiempo, con el anhelo de ser perfectos, y con el esfuerzo de ir quitando cuanto los aparte del amor, e ir fomentando lo que los acerque al amor.

José R. Ramírez Mercado  

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