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El Quinto Mandamiento

Los actos irresponsables

Muy simple, pero con un contenido muy amplio: “No matarás” (Ex 20, 13). Para comenzar, se refiere solamente al alma humana, ya que los animales le fueron dados al hombre para su uso y convivencia; no hay problema con disponer de sus vidas cuando son plagas, para proveer alimentos o en la experimentación científica. Por su parte, tampoco se refiere únicamente a los casos de homicidio, el cual, desde los inicios de la vida en sociedad hace más de diez mil años, siempre se consideró entre las tres faltas más graves. Los otros dos eran (y siguen siendo) la mentira y el adulterio.

     Una situación particularmente terrible es el suicidio, pues quien lo comete pierde la posibilidad de arrepentirse, condenándose a sí mismo a la pena eterna, a menos que lo haya hecho en un arrebato de locura. Pensemos que es infinitamente peor una hora de infierno que muchos años de vida con los peores sufrimientos terrenales, por lo que demos estar atentos a las posibles señales de nuestros hermanos para prevenir tan lamentable situación. Todo tiene remedio en esta vida.

     Por otro lado, al ser responsables ante Dios por la vida que nos ha dado, tenemos la obligación de cuidar nuestra salud dentro de límites razonables, sin convertirnos en hipocondríacos. Exponernos deliberadamente a peligros innecesarios, o descuidar la atención médica cuando se sabe o se sospecha tener una enfermedad, es faltar a nuestros deberes. Y también, como la vida de todo el cuerpo es más importante que la de cualquiera de sus partes, es lícito extirpar un órgano para conservar la vida, como sería el caso de una pierna gangrenada o un ovario canceroso.

     En otro orden de cosas, como este mandamiento se refiere al alma humana, también se refiere al pecado de escándalo; es decir, cuando se enseña, invita o induce a otro a pecar, ya sea con palabras, con el ejemplo o haciéndole cómplice de sus propios pecados. Quienes escandalizan son asesinos de almas, y de ellos dijo N. S. Jesucristo que “más les valdría que les ataran al cuello una piedra de molino y los tiraran al mar” (Mt 18, 6). Lo miso espiritual que físicamente, todos somos guardianes de nuestros hermanos.

     Otras situaciones contrarias al Quinto Mandamiento son el abuso del alcohol, el consumo de drogas y los actos de irresponsabilidad temeraria. Con respecto a la primera me refiero a las borracheras en las que se pierde el uso de la razón, ya que así como no podemos privarnos de la vida, tampoco podemos privarnos de la razón; es equivalente a matar la personalidad. Beber en exceso, además de la ofensa a Dios, es nocivo para la salud: lesiona el hígado, ataca el sistema nervioso y daña el cerebro, predispone al organismo a sufrir pulmonía, reumas y diabetes y, por si fuera poco, debilita la voluntad. No es precisamente caprichoso el que san Pablo condenara explícitamente a los borrachos en su Primera Carta a los Corintios (6, 10).

     El caso de las drogas es más grave. El drogadicto es un verdadero enfermo del cuerpo y del espíritu. No tiene más que un pensamiento, un deseo y una preocupación: la droga. Está dispuesto a no comer, a vestir harapos, a prostituirse, robar y matar con tal de procurarse su dosis. El adicto pierde su dignidad y todo interés por lo que no esté relacionado con su vicio; poco a poco va deteriorándose hasta desmoronarse por completo, convirtiéndose en una piltrafa.  Es un hecho comprobado que todas las drogas modifican las funciones cerebrales hasta alterarlas de manera irreversible, aunque por rehabilitación se cure la tendencia a seguirlas usando. Además, es claro que el traficante es, como quien escandaliza, un asesino de almas irredento.

      Los actos irresponsables se refieren, por ejemplo, a conducir un automóvil en estado de ebriedad, a exceso de velocidad o de manera imprudencial (rebasar por la derecha, pasarse los altos, meterse en sentido contrario, etc.), con lo que se pone en peligro de causar daño al prójimo y se arriesga la vida propia sin causa justificada. El pecado se comete desde el momento en que alguien se sienta al volante de su vehículo (autobús urbano, camioneta repartidora, automóvil particular o de servicio), sin ánimo de esmerarse por cumplir con el Reglamento de Tránsito. ¿Qué tanto cumplimos con el Quinto Mandamiento? Hagamos un examen de conciencia y actuemos en consecuencia. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
      
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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